Memoria y Día del Árbol

El Montecillo, era una extensión de unas diez hectáreas de superficie poblada de encinas y quejigos situada en Villa fría, junto a la Nacional I. Este bosque, junto con el existente dentro del recinto del Aeródromo, eran el último retazo de bosque originario que quedaba en el municipio. Su valor tanto histórico como natural era único en Burgos, tanto por el porte y características de los árboles existentes, como por ser la última expresión de la vegetación autóctona burgalesa. También era hogar de una rica vida animal (aves, mamíferos, invertebrados...).

El bosque pertenecía a una familia de rancio abolengo y propietaria de grandes cantidades de suelo en la ciudad. Esta familia es conocida en la ciudad por ser una de las más poderosas y ricas desde hace muchas décadas.

Una sentencia había declarado este espacio como suelo urbano industrial, lo que en la práctica significaba estar abocado a su desaparición, a no ser que el Ayuntamiento adoptara las medidas oportunas para salvarlo e incorporarlo al patrimonio natural de la ciudad.

Pero ¿cómo se llegó a esta situación? El Plan General de Ordenación Urbana aprobado en 1998 catalogaba este espacio como suelo verde no urbanizable. Por aquellas fechas se estaba produciendo un traspaso de poderes en el ayuntamiento. El P.P. y la derecha dejaban el poder por primera vez en la historia de la ciudad y accedían al gobierno municipal un tripartito compuesto por Tierra Comunera, Izquierda Unida y PSOE. El alcalde sería el candidato de este último partido. Durante este periodo de transición el estatus del Montecillo de Villa fría varió, pasando a convertirse en suelo industrial, previo recurso de la familia propietaria.

Durante los cuatro años siguientes de gobierno socialista nadie recurrió esta situación. Cuando se han pedido explicaciones a la clase política local, hemos asistido a un concurso de reproches entre P.P. y PSOE., más preocupados por el rédito electoral de los errores del adversario que por las causas de la devastación. Sí entendemos que el ayuntamiento debe ser el garante del interés público en este y otros asuntos, una vez más ganaban unos pocos poderosos, y perdía toda la ciudadanía burgalesa.

Los propietarios vendieron el terreno y lo que en él había a la empresa Inbisa, por varios millones de euros. Esta empresa, aprovechó el mes de agosto para arrasar el Montecillo. Tampoco tenían todos los permisos para llevar a cabo este crimen ecológico. Ninguna autoridad desautorizó. Lo que fue un bosque es un solar especulando a la espera de ser regado con hormigón.

Por aquellas fechas, la concejalía de medioambiente y el alcalde Aparicio presentaban su “gran proyecto ecológico” el Cinturón Verde de Burgos. Una especie de corredor vegetal que atraviesa la ciudad siguiendo los cursos fluviales.
Dicho proyecto seguía incluyendo el recién talado Montecillo como punto de partida del cinturón ¿verde? Cinismo o error, resulta irritante.

En paralelo, surgían las opiniones en la prensa burgalesa reclamando nuestra atención sobre la necesidad urgente de suelo industrial para nuestra ciudad y su futuro económico. Curiosamente, en parecidos términos se explicaría el concejal de urbanismo tratando de justificar inútilmente otro expolio. Y este sería el eco que retumbaría en cualquier foro conservador en el que se introdujera la cuestión de la tala del Montecillo de Villafría. Por supuesto, los ecologistas y cualquier persona opuesta a semejante aberración éramos acusados de demagogos o como mínimo de estar en contra del progreso de Burgos.

Hace unos días dos noticias nos retrotraían a aquel crimen ecológico. La primera aparecía en la prensa local y recogía las declaraciones del mismo concejal de Urbanismo en torno a la demanda de suelo industrial. Reconocía el Sr. Lacalle que la urgencia de suelo industrial no era tal, dado que de las doscientas empresas que presuntamente nos “urgían”, tan solo ocho habían mostrado un interés real en asentarse en nuestra ciudad.

Por otro lado, en el último número de la revista Plaza Mayor, editada por el ayuntamiento, aparecen los actos programados por la corporación con motivo del día del árbol. Una de las actividades programadas por el consistorio consiste en una visita guiada por lo que queda del bosque de Villafría, situado dentro del recinto del aeródromo.

En otras circunstancias, deberíamos alegrarnos de que se llevasen a cabo este tipo de iniciativas de sensibilización. Por desgracia, nuestra memoria nos impide otorgar la menor credibilidad a quienes convierten el día del árbol en una fecha para la falsa propaganda. Esta misma memoria nos permitiría enumerar un sinfín de agresiones a los árboles de nuestra ciudad: Casa del Pescador, Virgen del Manzano, La Quinta, Camposa... Por esta razón, creemos que hay actos de sensibilización que se convierten en grandes ejemplos de hipocresía.




Visitantes conectados: 700