Jardines y biodiversidad

Una nueva contribución de las áreas ajardinadas urbanas para la conservación.

Soledad Carpintero, Antonio Albarrán y Jaime García (Dpto. Sistemas Físicos, Químicos y Naturales, Universidad Pablo de Olavide, Sevilla); Joaquín L. Reyes (Área de Ecología, Universidad de Córdoba) [1]. Revista El Ecologista nº 53.

A medida que se urbaniza el territorio, desaparecen los hábitats de muchas especies. Pero unos jardines bien diseñados pueden suponer un importante reservorio de biodiversidad, como se muestra en este artículo para el caso de las hormigas en dos parques de Sevilla. Sin olvidar que su diseño puede fomentar otras funciones, como la de servir de corredores biológicos.

Uno de los problemas de la biología contemporánea es el descenso de la biodiversidad debido, entre otros motivos, al retroceso y fragmentación de los hábitats naturales por la presión antropogénica. Una de las facetas de esta presión la constituye la urbanización. Ésta ocasiona grandes transformaciones en el medio, con un fuerte impacto sobre la vegetación autóctona, el clima, la hidrología y la producción primaria. Las consecuencias de la urbanización sobre la fauna incluyen la disminución en la riqueza y abundancia individual de las especies. Aunque también se ha encontrado que algunos grupos faunísticos pueden verse favorecidos. Por ejemplo, la urbanización tiende a incrementar la proporción y abundancia de las especies exóticas, con el consecuente efecto negativo sobre la biodiversidad [2].

La Carta de Aalborg [3], entre otras soluciones, propone la creación de parques urbanos en un intento para mitigar la presión sobre los bosques naturales. De hecho, las zonas verdes en el interior de las ciudades disminuyen los efectos perjudiciales comentados sobre las especies nativas, creando hábitats más adecuados y actuando como corredores verdes, ayudando a interconectar los fragmentos restantes en el entorno natural.

Jardines, fauna urbana y bioindicadores

Hace muchos siglos que el hombre comenzó a diseñar jardines con una gran variabilidad de estilos y distintos usos según la época: conseguir plantas medicinales, como signo de poder, con un significado religioso o para acercar de una naturaleza idealizada al ciudadano [4]. A finales del siglo XX, según necesidades plasmadas en la carta de Aalborg, la jardinería adopta nuevas ideas acordes con la situación de deterioro del medio ambiente, como el mostrarse más respetuosa con el medio utilizando recursos que requieran un bajo consumo de agua y explorando el empleo de especies autóctonas.

En la actualidad, dada la intromisión del hombre en los espacios naturales, además de los usos tradicionales comentados, hay que buscarle nuevos objetivos a los parques y jardines en la conservación de la naturaleza. En este aspecto, estas áreas ofrecen un gran potencial, aunque deben diseñarse de forma cuidadosa ya que son zonas muy vulnerables de ser invadidas por especies exóticas.

Se ha estudiado el uso de los parques y jardines por algunos grupos faunísticos, como las aves, de las que se tienen algunos trabajos interesantes en distintas ciudades, incluidas algunas españolas [5]. Otros grupos, sin embargo han sido olvidados. La UICN, dentro de su programa “Cuenta atrás 2010”, con un compromiso de frenar el deterioro de la naturaleza para el año 2010, incluye la necesidad de la búsqueda de adecuados indicadores de biodiversidad.

Un indicador biológico se define como la especie o el conjunto de especies, con rangos de amplitud estrechos respecto a uno o más factores ambientales, que con su presencia y sus cambios poblacionales puede reflejar el estado de un lugar en cuanto al grado de intervención y biodiversidad general. Las comunidades de hormigas reúnen dicho requisito, y además se consideran entre los organismos más importantes de los ecosistemas terrestres, ya que constituyen una alta proporción de la biomasa animal total [6]. Por todo ello, se han empleado con éxito en diferentes estudios como bioindicadoras [7].

Hormigas en parques sevillanos

Los resultados que se muestran en este artículo, se encuadran dentro de un proyecto de investigación más amplio, llamado: “Papel de la diversidad ecológica en la resistencia ante las invasiones: caso de las hormigas alóctonas en ecosistemas mediterráneos” [8]. Entre otras zonas analizadas, se consideró de interés estudiar la fauna de los parques urbanos, ya que una posible entrada de especies alóctonas es a través de la tierra que acompaña a las plantas que se importan para estos espacios. Además, estamos investigando diseños de espacios verdes urbanos que favorezcan la diversidad de especies nativas, y comprobando el efecto que tiene dicha diversidad en la reducción del asentamiento y dispersión de las especies alóctonas.

El presente trabajo se centra en determinar qué influencia tienen distintas variables ambientales sobre la diversidad de hormigas. Para analizar esta cuestión, se han elegido dos grandes parques con un diseño muy distinto, el Parque de María Luisa y el Parque del Alamillo, ambos en Sevilla. El Parque de María Luisa (finales del S. XIX, inicios S. XX), ocupa unas 40 hectáreas, constituyendo un espacio ecléctico, ya que las distintas especies vegetales, en su mayoría exóticas, se entremezclan. Por otro lado, el Parque del Alamillo, creado en 1992 y con una extensión de 47 hectáreas, se diseñó para que recrease el paisaje natural del bosque mediterráneo, reproduciendo los principales ecotopos: bosques de ribera, encinar, pinar, lentiscar... [9].

Durante los veranos de los años 2004, 2005 y 2006, en la época de máxima actividad de las hormigas, se colocaron trampas de caída en ambos parques, para determinar la composición de la fauna. Además, en 2004 se recogieron las variables ambientales de cada una de las trampas, de forma que se detallaba el tipo de microhábitat en el que se colocaban, así como, en el Parque del Alamillo, el tipo de ecotopo.

Los microhábitats encontrados se agruparon en categorías, relacionadas con el grado de exposición solar de las trampas (trampas cubiertas por vegetación o descubiertas) y con el grado de humedad ambiental (en tierra, en césped o hiedra). En el Parque del Alamillo, se muestrearon distintos tipos de ecotopos, como alrededores de estanques-vegetación de ribera, acebuchal-algarrobal, pinar y encinar.

Se han localizado en ambos parques un total de 30 especies, lo que supone una elevada riqueza, no sólo considerando el tipo de medio en el que se ha llevado el estudio, sino incluso al compararla con otras comunidades de hormigas en ambientes naturales. Por ejemplo, en el Parque Nacional de Doñana se han citado 41 especies. Por otro lado, al realizar una comparación entre la fauna de ambos parques, se encontró que existen diferencias significativas. Es decir, aunque haya especies que coinciden (ambos parques tienen un 67% de especies comunes), en cualquier caso la abundancia de cada una de ellas es diferente, por lo que el tipo de parque (según su vegetación, además de situación, tamaño, etc.) va a determinar la composición específica de su fauna.

Relación entre variables ambientales y biodiversidad

Entre las especies localizadas, se pueden distinguir grupos muy distintos según sus requerimientos ecológicos. Así, se encuentran especies termófilas y xerófilas, como Cataglyphis rosenhaueri y especies típicas de ambientes despejados, como la granívoras Messor barbarus o Goniomma hispanicum. Por otro lado, aparecen otras especies típicas de zonas umbrófilas o higrófilas, como Formica fusca y especies boscófilas, como Crematogaster scutellaris. El que se encuentren especies con tendencias tan opuestas se relaciona con la diversidad de ambientes de los parques. De esta manera, el primer grupo de especies, se encontraron en los microhábitats más expuestos, mientras que las otras especies se relacionaban con los microhábitats más húmedos y sombríos.

Además, en el caso del Parque del Alamillo, se encontró una composición de fauna diferente para los distintos ecotopos analizados. Así, en los alrededores de estanques (asociados a especies vegetales típicas de bosque de ribera), hay que destacar la mayor abundancia de especies relacionadas con ambientes húmedos, como por ejemplo Hypoponera eduardi. El ecotopo mixto de acebuchal-algarrobal-pinar, resultó ser el más pobre, con dominancia de Tapinoma nigerrimum, especie de elevada plasticidad ecológica. Por último, los ecotopos de pinar y encinar mostraron una gran similitud en la composición de su fauna, destacando especies como Plagiolepis pygmaea, considerada climácica del encinar umbrófilo.

Las especies según su carácter antropófilo

Por otro lado, en distintos grupos de insectos, se ha descrito cómo en los ambientes urbanos predominan las especies mesohigrófilas, xerófilas o generalistas. Sin embargo, las especies higrófilas, umbrófilas y/o arborícolas no suelen encontrase en la cercanía del hombre [10]. Siendo así, en los parques han aparecido especies que pueden considerarse antropófilas, pero también otras que, por sus características ecológicas, es inusual encontrarlas en las cercanías del hombre. Entre las antropófilas hay que destacar a las especies vagabundas (“tramp species”), especies exóticas, con distribución mundial y ligadas en sus desplazamientos al hombre.

En este sentido, es especialmente preocupante la presencia de la hormiga argentina (Linepithema humile). Esta especie es considerada por la UICN como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas. De momento, sólo aparece en el Parque de María Luisa y, al menos durante los tres años de muestreo, con una localización muy limitada.

Por otro lado, la presencia de especies como Solenopsis spp, o las del género Temnothorax, estrictas en sus requerimientos de hábitat, indican las posibilidades que ofrecen estos espacios para albergar especies interesantes desde el punto de vista de la conservación. Asimismo, hay que destacar que un 14% de las especies localizadas, son endémicas de la Península Ibérica y un 40% presentan una distribución mediterránea.

Conclusiones

Por tanto, como resumen, se ha encontrado una rica y diversa fauna de hormigas en los parques urbanos estudiados, albergando especies endémicas y especies consideradas como no antropófilas. Del mismo modo, dado el papel de las hormigas como bioindicadoras, muchos otros grupos faunísticos pueden verse beneficiados por la presencia de estos espacios verdes en las ciudades. Se ha encontrado, asimismo, que la diversidad de ambientes en dichas áreas beneficia la diversidad de especies de hormigas. Por tanto, el análisis cuidadoso del diseño de los parques puede llevar a potenciar la diversidad de especies nativas.

Dada la intromisión, cada vez mayor, del hombre en la naturaleza, y acorde a la política actual de la Unión Europea, los resultados obtenidos nos llevan a recomendar la inclusión de los espacios verdes urbanos en los planes de estudio sobre conservación de fauna, al menos para algunos grupos faunísticos. Los principales puntos que creemos de interés para estas zonas con respecto a la protección de la fauna incluyen el estudio de diseños que sean respetuosos con el medio y que potencien la diversidad de especies nativas, como herramientas en la educación ambiental, y como posibles corredores biológicos.