Un nuevo modelo turístico en el litoral español

El exceso de presión humana y la urbanización masiva caracterizan nuestra oferta turística en el Mediterráneo.

Fernando Prats, Arquitecto urbanista, Director de la Agenda Local 21 de Calvià, de la Estrategia Lanzarote en la Biosfera y del Esquema Director del Entorno de Doñana. Revista El Ecologista nº 37.

El modelo turístico de litoral español, basado durante décadas en la lógica de maximizar los beneficios económicos de una expansión turística sin límites, ha venido acumulando toda una serie de desequilibrios que han acabado por poner en evidencia su insostenibilidad y debilidad estratégica. Al margen de problemas coyunturales, urge un nuevo paradigma basado en la sostenibilidad.

El modelo turístico vigente en el litoral durante los últimos cuarenta años sigue dando muestras de un agotamiento estructural. Los datos de 2002 y las previsiones adelantadas para 2003 por Exceltur, la asociación empresarial de los grandes del sector, así lo indican. El número de turistas sigue creciendo, el 3,3% el año pasado y el 2,2% éste, pero, a la vez, se confirma una reducción significativa, del 5,5% y del 2,6% respectivamente, con relación al gasto realizado en el país por dichos visitantes. Y, lo que es más significativo, desde 1999 la aportación del turismo al crecimiento de la economía española ha venido mostrando una debilidad muy elocuente: prácticamente nula en 2002 y de un 1,2% previsto para 2003.

Lo importante de estos datos es que son los dos últimos indicadores –gasto y contribución al PIB– los que realmente determinan la evolución económica del sector, y una tendencia a la reducción de los mismos advierte sobre un deterioro general de la salud del turismo, muy especialmente de su sector dominante en un litoral que concentra el 87% de las pernoctaciones hoteleras (el 45% en las islas y el 38% en el Mediterráneo).

Todo indica que estamos ante un problema de fondo y que aunque la coyuntura se vea sacudida por las incertidumbres económicas o conflictos internacionales que nos rodean, lo importante es no confundir ambos procesos. Hay que afrontar decididamente el hecho de que el modelo turístico de litoral español, basado durante décadas en la lógica de maximizar los beneficios económicos de una expansión turística sin límites, ha venido acumulando toda una serie de desequilibrios que han acabado por poner en evidencia su insostenibilidad y debilidad estratégica.

El desbordamiento de la capacidad de carga del litoral mediterráneo

La enfermedad del turismo en el litoral español, especialmente en el Mediterráneo, tiene una clave en su diagnóstico: el exceso de presión humana, de urbanización, sobre los sistemas vitales del litoral y el correspondiente desbordamiento de su capacidad de acogida. Esto es lo que muestran los estudios de campo que se han realizando con rigurosas baterías de indicadores en destinos maduros de Baleares y Canarias. Y lo más importante de estos estudios es que muestran que la pérdida de atractivo turístico sólo es una manifestación más de los procesos de deterioro general de los ecosistemas costeros, por lo que las políticas de revitalización turística de la costa sólo serán viables si se encuadran en la rehabilitación integral del conjunto del litoral.

Efectivamente, la concentración de la población y el turismo en el litoral en los últimos 40 años ha sido extraordinaria y ello ha repercutido en un aumento de la presión humana sobre la franja costera en temporada turística que alcanza los 900 hab/km² (lo que significa multiplicar por doce la media nacional y por seis la de una de las regiones más densas del mundo como es Europa), y llega a sobrepasar los 1.200 hab/ km² en muchos municipios costeros. Y cuando la presión humana desborda la capacidad de carga de un destino turístico los problemas se acumulan e interrelacionan y el conjunto del sistema se desmorona en una espiral de pérdida de calidad integral, muy difícil de atajar.

Así, el exceso de urbanización transforma y desnaturaliza el paisaje, pero tras esa simple percepción se esconde una profunda alteración medioambiental no tan evidente al ojo humano, pero que conlleva la creciente modificación de los ciclos biogenéticos que mantienen la vida natural en la costa: la biodiversidad, la flora y la fauna inician procesos recesivos, el sistema hídrico y los acuíferos se deterioran, la línea litoral sufre profundas alteraciones, las dinámicas marinas y del suelo se transforman y el consumo de recursos naturales, territorio, agua... se dispara. Y en paralelo, a mayor pérdida de naturalidad, menor atractivo y competitividad turística, reducción de los ingresos globales y empobrecimiento, búsqueda de más visitantes de peor calidad, incremento de la presión humana, crecimiento de los procesos de degradación del entorno y... vuelta a empezar en un proceso irreversible de deterioro general imparable.

Los trabajos de campo confirman las afirmaciones anteriores y los observatorios sobre la sostenibilidad integral de ciertos destinos turísticos representativos del litoral ofrecen una información muy significativa: de los veinticinco campos de referencia interpretativos de una visión integral de dichos destinos, sólo el 20% alcanzan un balance satisfactorio, el 56% ofrecen un balance regular y el 24% se muestran claramente insatisfactorios. Es más, lo que permiten evaluar estos paneles de indicadores es algo ignorado durante décadas por el desarrollo turístico en el litoral: la profunda interrelación sistémica entre los factores de presión humana, los socioeconómicos y los medioambientales.

Pero lo más preocupante de los resultados de dichos trabajos es que cuando se evalúan las tendencias de futuro bajo el signo del crecimiento continuo, el 72% de dichos campos de referencia empeoran y sólo el 28% mantienen sus niveles actuales. Todo ello indica que mientras no se modifiquen los patrones del desarrollo turístico en la costa, se mantendrán las tendencias de degradación en el litoral, y que afrontar su recuperación exige superar las visiones parcializadas del sistema costero y abordar a fondo el cambio del modelo expansivo por otro orientado hacia la rehabilitación integral del mismo.

Los ejes que alumbran el cambio del modelo turístico en el mundo

Lamentablemente, las tendencias descritas no son exclusivas del litoral español; bien puede decirse que también están presentes en las zonas desarrolladas del litoral Mediterráneo y, en mayor o menor medida, en otras áreas costeras turísticas del mundo. Precisamente por eso, el debate sobre la necesidad de alumbrar nuevas orientaciones para un turismo más responsable ha ido tomando cuerpo en los distintos foros internacionales, reafirmándose tres grandes consideraciones:

La ética global de la sostenibilidad derivada de la creciente preocupación social por la inviabilidad de los patrones del desarrollo vigente, está induciendo que el turismo haya sido considerado una de las actividades clave de la agenda sostenible, principalmente por la sobrepresión humana que induce sobre entornos, como el litoral, de gran valor y fragilidad. Todo ello explica porqué, desde que en 1995 la OMT, la World Travel and Tourism Council y el Consejo de la Tierra desarrollan “La Agenda 21 para el Sector del Transporte y el Turismo”, estamos asistiendo a una permanente presión institucional, mediática y social, a favor de un cambio de paradigmas en el desarrollo turístico no sólo en el litoral sino en los diversos destinos y regiones del mundo.

Las nuevas sensibilidades de los turistas. Mucho están cambiando también las sensibilidades del turista en estos años. Junto al acortamiento y diversificación del período y destino vacacional, se constata el crecimiento del interés por destinos no masificados, relacionados con la naturaleza, la cultura, el ocio activo y la realización personal, por lugares con identidad propia y autenticidad y por espacios con una calidad integral que cada día se vincula más a las cuestiones ambientales.

Presionados por el sentir de sus clientes, también los tour operadores han empezado a comprender que la competitividad turística exige introducir estos conceptos en sus políticas empresariales y en su consideración de los destinos turísticos en el litoral. TUI, el mayor tour operador europeo y uno de los más importantes del mundo, hace ya muchos años que tiene su propio equipo de investigación y clasificación de destinos e instalaciones turísticas costeras a las que envía sus clientes. Y desde el año 2000, el Programa de Naciones para el Medioambiente (PNUMA), la OMT y los principales tour operadores internacionales están comprometidos en un programa de trabajo (ITO) orientado al establecimiento de compromisos concretos para la mejora de la sostenibilidad en los destinos turísticos.

La defensa de la identidad y del entorno por parte de las poblaciones locales. También en estos años ha surgido un nuevo factor esencial con el que nadie contaba: la lucha de la población residente en los destinos turísticos del litoral contra las degradaciones inducidas por el excesivo crecimiento de la presión turística y el desbordamiento de la capacidad de carga de su patrimonio natural y cultural. Este desbordamiento amenaza la calidad de vida de la población residente y supone la pérdida de atractivo y competitividad de un territorio que, en muchos casos, constituye su principal recurso de vida.

Es esta nueva sensibilidad en torno a los problemas derivados del desbordamiento turístico sobre los destinos, la que alumbra en 1995 la “1ª Conferencia Mundial sobre Turismo Sostenible” y la aprobación de la “ Carta de Lanzarote” que, avalada por más de trescientos representantes de todo el mundo, sintetiza en aquel momento las posiciones de turistas y poblaciones residentes en torno a una serie de principios y objetivos comunes.

El nacimiento de un muevo modelo turístico en el litoral español

Desde hace algunos años están apareciendo interesantes experiencias que espontáneamente apuntan al cambio del modelo turístico del litoral, reivindicando su reformulación a partir del nuevo paradigma de la sostenibilidad.

Primero, surgen toda una serie de iniciativas de carácter local en Lanzarote, Calvià, Alcudia, Sitges, Castelldefells, Lloret, Doñana, etc. en torno a la necesidad de contener el crecimiento urbanístico, fomentar la rehabilitación integral del destino, promover el esponjamiento y la demolición de hoteles, apostar por la cualificación del parque turístico y otras muchas acciones que han actuado como catalizadores de las nuevas ideas y prácticas sostenibles.

Después, emergen con fuerza dos importantes procesos de redefinición del modelo en las regiones turísticas españolas por excelencia: Baleares y Canarias. En Baleares, el camino se inicia con las Directrices de Ordenación del Territorio y las medidas de limitación del crecimiento turístico, cerrándose este primer ciclo con la elaboración de unos planes insulares que están resultando aún más restrictivos. En Canarias, se acaban de aprobar unas ambiciosas Directrices Generales y del Turismo en las que se reconoce la inviabilidad de los patrones de desarrollo vigente, se sientan los nuevos principios sostenibles del desarrollo regional y se establecen una moratoria turística de tres años, una serie de medidas de desclasificación de planes urbanísticos y toda una gama de orientaciones integrales para la reelaboración de los planes insulares.

Finalmente, también la Administración Central, a pesar de sus escasos recursos y competencias, ha puesto en marcha durante los últimos años programas interesantes en torno a una concepción más integral del desarrollo y la calidad turística: el Plan Integral de Calidad, el Municipio Verde, el Sistema de Calidad Integral de los Municipios Turísticos, etc.

Las nuevas líneas de trabajo

De todo lo dicho cabe extraer algunas líneas de trabajo prioritarias para la configuración del nuevo modelo turístico en la costa.

1. Consolidar el nuevo paradigma: recuperación del litoral bajo la bandera de la sostenibilidad frente a la lógica del crecimiento turístico ilimitado. Sin consolidar un sólido cuerpo conceptual sobre análisis rigurosos de la crisis turística, seguirá confundiéndose lo coyuntural con lo estratégico y será muy difícil articular las voluntades e intereses precisos para salir de la espiral desvalorizadora.

2. Establecer un nuevo compromiso interinstitucional sobre el litoral y preservar los pocos tramos de costa que aún estén sin urbanizar. Es impensable que una costa urbanizada sea saludable para el turismo o para la preservación de los ecosistemas costeros. Hay que promover pactos institucionales y alumbrar entidades como las que existen en Inglaterra y en Francia dedicadas a rescatar y recuperar tramos de costa amenazados por la urbanización.

3. Impulsar pactos locales y la elaboración de Agendas Locales 21 participativas. Las Agendas 21 constituyen excelentes instrumentos para la revitalización integral de los destinos turísticos, articulando tres tipos de acciones: la contención del crecimiento urbanístico, la rehabilitación integral del destino y la inclusión de elementos puntuales de recualificación al servicio del conjunto.

4. La calidad integral como factor clave de competitividad. La competitividad estratégica del turismo español se basa más en la capacidad de ofrecer una experiencia general de calidad que en el precio, de la misma forma que la competitividad económica del sector se mide con relación a los ingresos y no por el número de turistas. Se trata de incrementar la calidad y el ingreso por unidad de capacidad de carga, sin desbordar ésta.

5. Establecer Observatorios sobre la sostenibilidad turística y local. Hay que dotarse de instrumentos de trabajo que reflejen la complejidad de los factores que condicionan la calidad sostenible de los destinos y ello exige dotarse de observatorios con indicadores capaces de evaluar su estado integral y los rendimientos de los correspondientes planes de acción.

6. Fomentar la innovación y potenciar los recursos del conocimiento. Superar las rutinas de décadas de trabajo exige espíritu innovador, nuevas ideas y orientaciones, y más investigación e inversión en recursos humanos, redes de cooperación y nuevas tecnologías. Es imprescindible ajustar un plan de I+D en el sector y conseguir líneas de cooperación realmente eficaces con las mejores universidades del país.

7. Invertir a fondo en la rehabilitación integral del litoral y sus destinos turísticos. Una revitalización sostenible del litoral requiere reformular y, a la vez, multiplicar el nivel de inversión pública y privada, porque sólo así será posible disponer de los fondos precisos para rehabilitar los destinos e instalaciones turísticas. Ése es un coste menor frente a la paulatina pérdida de valor natural, patrimonial y de competitividad de uno de los espacios y sectores más importantes del país.