Impacto del Trasvase del Ebro

El Estudio de Impacto Ambiental adolece de graves carencias e inconsistencias.

Ecologistas en Acción. Revista El Ecologista nº 37.

Durante este verano se ha presentado a información pública el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del Trasvase del Ebro-Júcar-Segura, obra estrella del Plan Hidrológico Nacional (PHN). En este artículo analizaremos las principales carencias e inconsistencias detectadas en este estudio, centrándonos en algunos de los más graves problemas ambientales que originaría este trasvase y para los que no se ha presentado una solución satisfactoria. No se examinarán, sin embargo, los impactos concretos de la obra en los diferentes tramos.

La construcción de un trasvase de la magnitud del proyectado Ebro-Júcar-Segura implica incurrir en unos costes económicos y sociales y en unos impactos ambientales y territoriales inaceptables, sobre todo considerando que esta obra no solucionará los problemas relacionados con el agua en las cuencas receptoras. Antes al contrario, como ahora veremos, agravará los problemas de insostenibilidad y usos irregulares del agua ya existentes.

Existe un abultado y creciente número de estudios e informes que demuestran la inviabilidad ambiental, social y económica de las transferencias de agua planteadas desde el Ebro hacia el Júcar y el Segura, así como la existencia de muchas otras alternativas de menor impacto ambiental y social, menor coste económico y mayor sostenibilidad territorial. Los impactos ambientales y sociales ocasionados en la cuenca del Ebro, la falta de justificación económica de dichas transferencias, los problemas de insostenibilidad territorial y de sobre-saturación de la costa mediterránea –en relación con la agricultura intensiva y el crecimiento urbano-turístico–, la incompatibilidad con la Directiva Marco de Agua y lo anacrónico del trasvase en el contexto del desarrollo sostenible y la nueva cultura del agua, constituyen, más allá de los impactos concretos de las obras y de su trazado, las principales razones para rechazar de forma tajante el proyecto de trasvase planteado.

Sin alternativas

Una de las carencias más notorias del EIA es que en ningún momento se plantea ni analiza alguna alternativa seria al trasvase. En este sentido, resulta evidente que, partiendo de una opción elegida a priori, lo que se hace después es justificar que dicha opción es la más adecuada, sin más consideraciones.

Sin embargo, sí hay alternativas, que, a diferencia del trasvase, son sostenibles. En 2001, Ecologistas en Acción presentó ante el Ministerio de Medio Ambiente una alternativa sostenible –y perfectamente viable– al Trasvase del Ebro, que no se ha analizado en el EIA (ver El Ecologista nº 26, pág. 18-21).

De modo resumido, esta alternativa plantea para solventar los supuestos déficits de las cuencas internas de Cataluña, una redistribución de los recursos hídricos de manera que se abastezcan determinados regadíos con aguas residuales depuradas, y los recursos actualmente utilizados en los mismos se dediquen a abastecimiento urbano. Estas medidas, acompañadas de campañas de sensibilización ciudadana dirigidas a conseguir una reducción en el consumo doméstico, cubren con creces los déficits que se utilizaban para justificar el ramal norte del trasvase.

En la Cuenca del Júcar, las carencias que se quieren cubrir con esta obra, pueden perfectamente solventarse con un incremento de la eficiencia en la utilización del agua, pasando de riego por inundación a goteo tan sólo en una parte de las hectáreas de cítricos que actualmente se riegan por gravedad. Asimismo, la reutilización de aguas residuales que estima la Generalitat Valenciana que va a alcanzarse en esa Región, es bastante más elevada que la que se contempla en la documentación técnica del PHN, disponiendo por tanto de mayor volumen de agua.

En cuanto a la Cuenca del Segura, aunque se incremente la eficiencia en la utilización del agua, no existe recurso endógeno suficiente para abastecer la superficie actualmente regada, por lo que, el desarrollo sostenible en esta área pasa necesariamente por el abandono y reconversión de una parte del regadío, empezando por los ilegales, que suman una enorme superficie.

Finalmente, en lo que a la Cuenca del Sur se refiere, el déficit que se pretende cubrir es notoriamente inferior al volumen de agua que consumen los regadíos ilegales existentes en la zona donde llegaría el trasvase. En este sentido, se debería proceder al desmantelamiento de ese regadío ilegal.

Efectos indirectos sobre las cuencas receptoras

El EIA no analiza los impactos ambientales indirectos de las transferencias en las cuencas receptoras, a pesar de que este análisis resulta de obligado cumplimiento según la normativa vigente. Estos impactos indirectos, además, son mucho más relevantes que los directos.

En la documentación técnica del PHN se justifica el Trasvase desde el Ebro como forma de solventar unos supuestos déficits hídricos que existen en la costa mediterránea. Sin embargo, la realidad es bien distinta. En las últimas décadas se ha experimentado un crecimiento casi exponencial de la demanda de agua en el litoral, ligado tanto al gran desarrollo urbanístico que se ha producido a lo largo de las playas, como a la expansión de una agricultura extensiva altamente consumidora de agua. Este incremento del consumo se ha producido con independencia de los recursos hídricos endógenos disponibles, y ha supuesto su esquilmación.

En muchos casos, las diferentes administraciones públicas han actuado como impulsores de este desarrollismo y, cuando lo han intentado frenar (regadíos ilegales, etc.), las medidas adoptadas nunca han resultado eficaces.

Para hacer frente a los déficits que el desarrollismo genera, siempre se ha optado por traer recursos de otras zonas. Pero la experiencia demuestra que este tipo de medidas no sólo son ineficaces, sino contraproducentes: se crean enormes expectativas, que a su vez favorecen crecimientos de la demanda que acaban superando con creces los nuevos recursos prometidos. Una prueba clara de ello la tenemos en el trasvase Tajo-Segura: actualmente el déficit hídrico en la cuenca del Segura es muy superior al que existía inmediatamente antes de que se construyera el trasvase (ver El Ecologista 36).

Cuando en 2000 se hizo público el Anteproyecto de Ley de PHN, en el que se anunciaba la realización del trasvase, se desencadenó un incremento sustancial de transformaciones de tierras para la creación de nuevos regadíos, todas ellas de carácter ilegal. A pesar de tratarse de roturaciones ilegales, contaban con la complicidad –cuando no con el apoyo expreso– de numerosos ayuntamientos, e incluso con la del Gobierno regional de Murcia. Desde entonces hasta la fecha, las roturaciones ilegales se han seguido multiplicando en la cuenca del Segura. Por otra parte, a lo largo de toda la costa mediterránea se está produciendo un desarrollo urbanístico espectacular que amenaza la propia supervivencia del sector turístico (ver artículo en esta misma revista).

Las consecuencias ambientales de este crecimiento espectacular de la demanda, en buena medida propiciado por el anuncio del trasvase, son nefastas. Suponen la destrucción de las últimas manchas de vegetación natural que todavía subsisten en esas áreas, a la vez que se esquilman los recursos hídricos locales, tanto superficiales como subterráneos. Pero estos graves impactos ambientales no se analizan en el EIA.

Además, este crecimiento del consumo incrementa de manera lineal la diferencia existente entre las demandas y los recursos hídricos locales renovables, acentuando por tanto su insostenibilidad, como contrapunto al concepto de desarrollo sostenible. En realidad, se trata de una huida hacia adelante, donde un elemento tan fundamental como el agua, del que dependen tanto los sistemas naturales como la mayor parte de la actividad socioeconómica, va a proceder de aportaciones externas, lo que incrementa su la fragilidad de todo el sistema. Además, esta situación va a ir acompañada de un estado de déficit permanente y en aumento, que puede llegar a producir en la costa mediterránea un auténtico colapso, tanto ambiental como social y económico. Estas consecuencias, derivadas en buena medida de la realización del trasvase, tampoco han sido analizadas en el estudio de impacto ambiental.

Mejillón cebra

Esta especie, Dreyssena polimorha, originaria del Mar Negro y Caspio, apareció recientemente en el bajo Ebro, extendiéndose con gran rapidez, hasta el punto que se han encontrado ya en grandes concentraciones (ver El Ecologista 31 y 33). Se trata de una especie invasora que, por ejemplo, se ha extendido en pocos años por una buena parte de EE UU, produciendo graves daños ambientales y económicos y que, a pesar de las fuertes inversiones, no se ha conseguido erradicar allí donde se ha instalado. En España ya está produciendo graves daños su presencia, llegando a obturar todo tipo de conducciones, incluyendo las de la central nuclear de Ascó.

En el caso de que se llevase a cabo el trasvase, en un corto periodo de tiempo el mejillón cebra se exportaría a las cuencas receptoras del Júcar, Segura y Sur. Ello produciría impactos ambientales gravísimos, aunque los daños sociales y económicos sería posiblemente mucho mayores. La presencia y desarrollo del mejillón cebra en estas cuencas, recorridas por decenas de miles de kilómetros de conducciones, produciría dramáticos daños al regadío intensivo, pues las colonias de mejillones obturarían las conducciones de riego, especialmente las de menor diámetro, no dando opción a su limpieza, lo que obligaría a sustituir constantemente miles de kilómetros de conducciones.

En definitiva, el regadío de la costa mediterránea se vería seriamente afectado, forzándose al empleo de técnicas de riesgo más ineficientes, abandonándose en muchas explotaciones el riego a presión, y volviendo al transporte de agua por canales –que pueden limpiarse– y al despilfarrador riego por gravedad.

El EIA hace mención a este problema, pero no aporta soluciones efectivas. Descartado el empleo de métodos químicos, térmicos y de ozonización, propone como método para frenar su expansión la utilización de filtros de 1,5 mm de luz, señalando también la presión de 20 atmósferas que se prevén alcanzar en las estaciones de bombeo. Sin embargo, ni los filtros van a evitar que pasen las larvas de mejillón –que tan sólo alcanzan unas micras al nacer–, ni la presión supondrá un freno a su expansión. Finalmente el estudio reconoce no disponer de solución alguna, recomendando la necesidad de estudiar más el problema.

Entendemos que las consecuencias de la transmisión del mejillón cebra a las cuencas receptoras tiene, por sí sola, suficiente entidad como para que el Ministerio de Medio Ambiente renunciara a la construcción del trasvase.

66 m3 por metro
La longitud total del trasvase es, según el estudio, de 888 km, con una pendiente muy reducida en los tramos en los que el trasvase discurre mediante canal. La banda de afección mínima será de 30 metros –10-15 m de la canalización, junto a una franja de servicio de 5,5 m y una banqueta de 3 m–, que se podría duplicar o triplicar durante la fase de obras con la circunstancia agravante de que, dada la su reducida pendiente, los desmontes y terraplenes serán muy fuertes. De hecho, se calcula un vertido de más de 66 m3 de materiales por metro lineal de conducción.

Entre los principales impactos directos de la conducción, señalamos:

- Numerosos desmontes y terraplenes.

- Generación de procesos de erosión y de impactos paisajísticos.

- 15 millones de toneladas de escombros

- Los numerosos túneles pueden suponen en muchos casos daños importantes para la dinámica hidrogeológica de los acuíferos afectados.

- Alteración de los flujos de escorrentía y de la dinámica hídrica superficial.

- Afecciones al Dominio Público Hidráulico, al ocupar, atravesar o afectar a un gran número de cauces

- Fortísimo efecto barrera.
Sin embargo, estos impactos no se reflejan adecuadamente en el EIA cuando no se intentan enmascarar deliberadamente.