Contra una granja de 3.600 cerdos en Alhambra

Ecologistas en Acción, manteniendo su línea de rechazo sistemático a este modelo intensivo de producción pecuaria por su papel en la degradación de las aguas subterráneas por los nitratos contenidos en las deyecciones que no son convenientemente depuradas o son vertidas ilegalmente, ha interpuesto Recurso de Alzada contra esta autorización, pidiendo la derogación del proyecto.

Tanto el informe preliminar como la resolución definitoria reinciden en la omisión de aspectos importantes regulados en la legislación autonómica de gestión de explotaciones porcinas y purines.

El término municipal de Alhambra, al formar parte de el Campo de Montiel, es zona vulnerable por contaminación de nitratos de origen agrario, según se desprende del Programa de Actuación de declaración, aprobado por la Consejería de Agricultura. En éste, se recoge la necesidad de limitar la carga ganadera en la comarca, junto a la Mancha Occidental, ante los altos índices de nitratos en las aguas de los acuíferos.

La autorización se desentiende de cuestiones tales como las cantidades máximas de estiércol a aplicar en los terrenos, el tipo de cultivos receptores, las medidas de corrección en caso de aumento del contenido de nitratos en las capas freáticas, la toma por separado en la analítica de aguas superficiales y subterráneas, el pago de una fianza por responsabilidad civil ante hipotético caso de accidente con peligro para el medio ambiente, entre otros.

La Consejería de Medio Ambiente debería de explicar cómo conciliar esta actividad con el PEAG, con una situación límite de los acuíferos 23 y 24, sobreexplotados y contaminados.

En el Recurso de Alzada exigimos la realización del estudio de impacto ambiental, evocando la Ley 4/2007 de Evaluación Ambiental de Castilla-La Mancha, obviada en el caso que nos ocupa, que obliga a las instalaciones que superen las dos mil cabezas a su tramitación.

Sorprende la invasión en nuestra provincia de estas explotaciones con una coyuntura agraria de incertidumbre, de encarecimiento de los costes de producción, inestabilidad de los precios de mercado, importación de productos de terceros países, que aunque parecen afectar más a otros sectores, no es seguro que el porcino esté libre de una crisis global de largo ciclo.

La avaricia empresarial y la inercia complaciente del gobierno regional con respecto a este asunto son los animadores de un proceso que hace tabla rasa del llamado principio de precaución, de los estudios de técnicos y de la extrema vulnerabilidad de los acuíferos, que aconsejan una contención de esta ganadería.