Se suceden los ataques al arbolado urbano

De nuevo tenemos que denunciar la prepotencia de algunas empresas constructoras en sus trabajos de demolición, reforma y nueva edificación, con un absoluto desprecio hacia la vida vegetal en Tomelloso.

Derrumbes de inmuebles sin los debidos sistemas de protección para los árboles, invasión de los alcorques por material de obras, sobrepeso que llega a ocultar a un determinado ejemplar, daños mecánicos a su parte aérea por el brusco movimiento de bulldozers y grúas, o la premeditada tala como medio expeditivo para ganar espacio en operaciones de rutina, resumen el día a día de un desarrollo urbanístico poco contemplativo con los derechos de paso de l@s peatones y con la conservación de nuestra flora.

Las calles D. Víctor, Socuéllamos o García Pavón nos recuerdan la precariedad de unos seres vivos que no son tenidos en cuenta en los planes de obras, o en la gestión urbanística municipal.

El escandaloso caso del Pso. de San Isidro, donde un extenso macizo ha sido destrozado parcialmente ante la vista de todo el mundo, es un fiel indicador de un urbanismo avasallador que ningunea las zonas verdes, merma la calidad de vida de la población y pone en entredicho el discurso triunfalista del equipo de gobierno sobre el crecimiento experimentado y ese futuro sostenible que espera a Tomelloso.

Mientras el Ayuntamiento mantenga un afán meramente recaudatorio, con multas a los infractores, nada cambiará.Por eso, es imprescindible que Medio Ambiente y Urbanismo obliguen a los constructores a una previsión y planificación de sus trabajos que blinden en lo sucesivo a los árboles, arbustos y plantas ornamentales, con la puesta en práctica de los dispositivos y medidas que eviten, en lo posible, daños, trasplantándolos si es inviable su conservación con la continuidad de la obra y sancionando con mayor dureza -paralizando los trabajos, en función de la gravedad o reincidencia- los hechos que deliberada o irresponsablemente produciesen daño irreparable, o la eliminación de un individuo longevo, de especial valor, de una abundancia relativa de especies o de una superficie de tamaño apreciable.

Insistimos en la promulgación de una Ordenanza de Protección del Arbolado Urbano que consagre un mayor amparo legal a la vegetación local, regule los usos y actividades domésticas, económicas y recreativas susceptibles de perjudicarla, tipificando aquellos casos de maltrato injustificados.