
Ecologistas en Acción continúa mostrando su preocupación por la elevada turbidez que siguen presentando las aguas del estuario del Guadalquivir en el tramo comprendido entre la población sevillana de Alcalá del Río y la desembocadura del río en Sanlúcar. La propia Junta de Andalucía admite que desde hace más de cuatro meses existe un alto porcentaje de sedimentos en suspensión en las aguas. Otras fuentes han comprobado niveles 20 veces superiores a los valores habituales en la zona.
Los análisis que ha mostrado la Alcaldesa de Sanlúcar, Irene García, carecen de credibilidad, aunque estén avalados por las administraciones competentes (la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Agencia Andaluza del Agua), debido a que tales informes no tienen nada que ver con el estuario del Guadalquivir, sino con la cuenca del río. Es decir, los análisis difundidos no incluyen datos sobre el estado de las aguas de la desembocadura del Guadalquivir. Según la Orden del 14 de febrero de 1997 de la Junta, por la que se clasifican las aguas litorales andaluzas, se establecerán los objetivos de la calidad de las aguas afectadas directamente por los vertidos, en desarrollo del Decreto 14/1996, de 16 de enero, en virtud del cual se aprueba el Reglamento de la calidad de las aguas litorales (BOJA número 27 de 4 de marzo de 1997). En dicha Orden se fija que los objetivos de calidad en el río Guadalquivir se definirán en una Orden posterior, pero ésta, a día de hoy, no se ha publicado, dejando en un vacío legal la preocupante situación del estuario que permite a la Junta por su propia inacción evadir responsabilidades. En esta Orden pendiente es donde debe hacerse referencia a la turbidez de las aguas del estuario del Guadalquivir.
En su comunicado público sobre los resultados de los análisis efectuados hasta el momento, la Junta manifiesta que “no se ha encontrado ninguna elevación de la contaminación química de las aguas”. Ecologistas en Acción exige una aclaración al respecto: ¿acaso admite la Junta que, a día de hoy, el estuario del Guadalquivir mantiene valores de contaminación química?. No hay información oficial sobre las sustancias tóxicas que contiene el río Guadalquivir diez años después de que ocurriera el mayor desastre medioambiental de Europa: la rotura de la presa minera de Aznalcóllar, por la que se vertió millones de metros cúbicos de lodos y aguas tóxicas al río Guadiamar, afectando al Espacio Natural de Doñana y, por supuesto, al estuario del Guadalquivir.
Lo cierto es que, con independencia de los resultados de cualquier análisis, el Guadalquivir va de pena, como se puede comprobar a simple vista, y los efectos de la turbidez se está dejando notar en las actividades económicas de la ría. Así, los acuicultores de Sanlúcar, Trebujena y Puebla del Río están comprobando cómo los filtros de depuración de agua de sus estanques se atascan y cómo los peces están boqueando porque el oxígeno no les llega. Además, los alevines de las especies que se desarrollan en el estuario están teniendo problemas por la excesiva turbidez actual, lo que acabará afectando a las pesquerías del Golfo de Cádiz.
Por otra parte, Ecologistas en Acción considera que es poco serio que en la reunión que mantuvieron el martes los máximos responsables de las distintas administraciones competentes en la materia no se hayan despejado las dudas sobre el origen del estado actual del río y se hayan barajado las mismas hipótesis que desde Ecologistas en Acción se emitieron ya hace meses, sin que se hayan determinado líneas de actuación para, al menos, descartar algunas, lo cual indica que, por incapacidad o por dejadez, las administraciones no pueden garantizar a día de hoy el buen estado de la principal masa de agua de Andalucía.
En esa reunión se puso de manifiesto que es probable que la turbidez de las aguas del río Guadalquivir venga de la presa de Alcalá del Río, no teniendo en cuenta otras posibles causas como las miles de hectáreas puestas en cultivo de olivar de regadío, las obras de la nueva esclusa y los dragados de mantenimiento del Puerto de Sevilla. Sin olvidar la próxima apertura de la mina de Las Cruces, que va a verter al río Guadalquivir durante 15 años sustancias altamente contaminantes con el beneplácito de la Junta de Andalucía, concretamente de Juan Espadas Cejas, Viceconsejero de Medio Ambiente en funciones, imputado por la supuesta comisión de un delito de prevaricación. Se trata de un caso judicial abierto por la autorización de un punto de vertido tóxico al río Guadalquivir otorgada a la mina de Las Cruces.
Todas estas cuestiones se abordaron ayer jueves en una conferencia organizada en Sanlúcar por Ecologistas en Acción con motivo del décimo aniversario de la catástrofe anunciada de las minas de Aznalcóllar, interviniendo como ponente el coordinador provincial de esta organización en Sevilla, Isidoro Albarreal.