Cómo supongo que ya saben en Mequinenza existe el proyecto de construir una central térmica que usaría como combustible una mezcla de lignito de escombrera (un 70%) y lignito de mina, todo procedente de Mequinenza. Este proyecto, promovido por Carbonífera Energía, S.L.U. y declarado de interés público por el ayuntamiento de Mequinenza, se encuentra actualmente en trámite de autorización por parte del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA).
Dentro del plazo legal establecido Ecologistas en Acción, junto a otras asociaciones, interpuso unas alegaciones contra el citado proyecto. Dado que hay personas y entidades de nuestro entorno comarcal que consideran que el proyecto es beneficioso, en cuanto a que promueve la creación de empleo y el desarrollo económico de la zona, quisiera explicar los motivos por las que mi asociación se opone a este proyecto.
Algunas razones son puramente económicas, por ejemplo por considerar que en el valle del Ebro hay una producción energética claramente sobredimensionada o que se dañaría al sector turístico, importante en Mequinenza. Otras razones son de carácter ambiental, como las dificultades para cumplir nuestro compromiso de Kioto contra el cambio climático, pero en lo queremos hacer hincapié, en el necesariamente limitado espacio de esta tribuna, es en el peligro que se cierne sobre la salud pública, aspecto este en el que todos estarán de acuerdo, suponemos, que es el prioritario.
Aunque quieran vendernos la imagen de que el tipo de central proyectado es una central “verde” esto dista mucho de la realidad. Las centrales verdes no existen. No hay ninguna técnica, que sea viable en nuestras circunstancias y que se base en la quema del carbón, que sea inocua y no genere contaminación. Y, aunque comprendo el apego sentimental al carbón por parte de una población con tradición minera, hay que decir que por cada unidad de energía producida por el carbón se genera más contaminación que con una central equivalente que use como combustible el gas. Y eso que las centrales que usan gas también contaminan…
Centrándonos más todavía en la cuestión cabe preguntarse hasta que punto son contaminantes estas centrales y hasta que grado pueden dañar a los ecosistemas, la agricultura o la salud humana. Se trata, pues, de discutir si se exagera en los daños previsibles o si se infravaloran las consecuencias.
Sobre la contaminación que se va a generar consta en el proyecto, por un lado, que las emisiones previstas (óxidos de azufre y nitrógeno y partículas sólidas) van a estar justo al límite de los máximos legales. Dato este un tanto inquietante, teniendo en cuenta además que se quieren construir más centrales, como en Fayón y Riba-Roja, que sumarían sus contaminantes al de esta central. Por otro lado se han hecho simulaciones con ordenador para predecir a dónde iría la contaminación y cuáles serían los niveles de contaminantes que se alcanzarían. Los resultados de esta simulación muestran que el grueso de la contaminación iría a la vecina población de Almatret, siempre sin llegar a los máximos legales pero en algunos casos acercándose bastante a ellos (caso del dióxido de azufre).
En lo que a nosotros respecta somos de la opinión de que estas simulaciones dan siempre resultados más bajos de los que muestra más tarde la realidad. Así se mostró, por ejemplo, en el caso de la central térmica de Castejón (Navarra) en el que las mediciones de la contaminación en la vecina Tudela fueron superiores a lo que se predecía con el mismo modelo tipo de programa que se ha usado en este proyecto. Nuestros recelos son mayores todavía cuando en esta simulación se ve que los contaminantes solo van aguas abajo del Ebro… ¿acaso nunca se va a contaminar la zona que va aguas arriba, por el Cinca y Segre, cuando en época cálida el viento sople en esa dirección? Estos datos no son creíbles y mucho nos tememos que se alcancen en la región niveles peligrosos de contaminantes (ozono, óxidos de nitrógeno, hollines, mercurio, etc.).
Respecto a si la contaminación, a los niveles previstos o a los niveles temidos, daña o no a la población, en el pasado mes de diciembre se publicó en la prensa que en España morían prematuramente, por la contaminación, unos 16.000 españoles cada año, acortando la vida, por lo que parece, una media de algo más de siete años. En promedio esto es un caso, una muerte prematura, por cada 2.500 españoles y año. Una cifra realmente sobrecogedora. Sin embargo… ¿podría citar alguien el nombre y apellido de alguna de las víctimas? Y ahí está la clave de la poca conciencia ciudadana del problema. Ante, por ejemplo, un accidente mortal de tráfico, se identifica sin dudas la causa de la muerte y a la víctima. En el caso de la contaminación, si esta provoca un cáncer o es un factor (como el tabaco) de un infarto, ¿quién puede demostrar que le ha matado, o ayudado a morir, la contaminación? En la práctica nadie. Hoy todos saben, espero, que el tabaco mata.
En realidad es un factor importante del declive de la salud y “mata” con ayuda de, por ejemplo, una vida sedentaria, la obesidad o el exceso de colesterol. Pero sin tabaco mucha gente viviría más años y mejor. Pues con la contaminación pasa lo mismo. La mortalidad, y morbilidad (causa de enfermedad) que se le atribuye es en concepto del deterioro de la salud pública, bien ayudado con otras causas como las citadas con el tabaco. Dicho más simple: cuando hay contaminación hay más gente que enferma y que muere prematuramente. Pero ningún familiar de los muertos maldecirá, como pasa con la carretera, a uno de los asesinos de su ser querido.
Si alguien opina, porque no se lo termina de creer, que la mortalidad atribuida a la contaminación es falsa, le diré que los datos de las prensa están basados en estudios patrocinados por la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud, de la ONU) y la Unión Europea, trabajos, en formato electrónico, que puedo facilitar a quien lo desee. Si alguien no confía en la seriedad de la O.M.S. debe ser porque ya no confía en nada, o, quizás, solo confía en promotores de térmicas. En los trabajos citados se afirma, por ejemplo, que las llamadas partículas PM2’5 (hollín de tamaño microscópico), emitidas entre otras fuentes por las térmicas y no contempladas específicamente en este proyecto de central, son causa importante de mortalidad y morbilidad y que no se ha encontrado nivel mínimo de seguridad.
Este hollín, también generado por el tráfico, penetra profundamente en los pulmones, y daña la salud incluso en cantidades pequeñas. Acabar con este problema es tan difícil, según estos estudios, que ni siquiera recomiendan se limiten legalmente sus niveles máximos, por imposibilidad técnica de eliminación, prueba más de que no hay que fiar de la legislación ambiental. Los niveles máximos de contaminantes permitidos por la legislación son solo un compromiso entre lo deseable y lo posible. Y en lo posible no está la de proteger, del todo, su salud, querido lector…
No se puede compaginar, pues, una central térmica con la salud de la población, una población que ni tan siquiera necesita esa energía que se va a destinar a la exportación.
Acabo la exposición diciendo que todo esto se agrava más por la falta total de estudios dignos sobre la calidad del aire previo a la construcción de la central –en un lugar previamente contaminado añadir más contaminantes sería especialmente grave– y por el prácticamente nulo control de la contaminación que se va a ejercer con posterioridad en la comarca.
Quien quiera que se le amplíe la información sobre el tema, o quiera simplemente discutir algún aspecto de lo aquí expuesto, le invito a que contacte con nosotros a través del correo electrónico (que consta aquí abajo) o cualquier otro medio. Y gracias por su atención.
Saturnino Barbé, Coordinador de Ecologistas en Acción del Bajo Cinca