¿Qué queremos para nuestro territorio? ¿Qué clase de vida queremos? ¿Cómo nos gustaría que fuera nuestro entorno? Son muchas las posibilidades que se pueden barajar pero parece -como siempre dirán algunos que la decisión la han tomado ya algunas personas influyentes. Con la bendición de algunos alcaldes. De un tiempo a esta parte, en torno a Mequinenza, nos surgen proyectos inquietantes, a saber: una incineradora de residuos cárnicos en La Granja d´Escarp, una central térmica de carbón en Mequinenza, centrales térmicas de gas en Ballobar, Fayón y Ribarroja… Diríase que por estas tierras nos quieren especializar, vistos los éxitos ya obtenidos en Flix y Ascó, en aquellos negocios que zonas más pobladas, políticamente más influyentes, rechazan con rotundidad. A la muy sobada fórmula de desarrollo económico que con tanto entusiasmo se acogen muchos ayuntamientos – campos de golf, urbanizaciones turísticas, o pistas de esquí en las montañas- se une la oferta de poner una térmica o incineradora en casa. Es decir, de todo aquello que se puede esperar bajo las muy libres manos del sacrosanto y ultraliberal mercado económico.
Para ilustrarnos sobre lo que se nos avecina veamos el caso de la Granja d´Escarp y Mequinenza. En la Granja sorprende mucho el empeño que su alcalde, y los concejales que le apoyan, muestran para promover una incineradora que quemará una buena parte de los residuos cárnicos –putrefactos- de Cataluña. Dada la fuerte oposición popular que ha suscitado tal proyecto en la Granja (omito el de las poblaciones vecinas) todo parece indicar que se trata de un auténtico suicidio político por parte de los regidores municipales. Digno es de elogio, por lo poco frecuente, este sacrificio que realizan en pro del desarrollo económico…
Sorprendente es también, en Mequinenza, la propuesta para construir una central térmica de carbón (lignito), no muy grande, cuando la tendencia general, por razones económicas y ambientales, es la de sustituir las centrales de carbón por centrales que funcionan con gas (centrales de ciclo combinado). Según defiende la empresa promotora, Carbonífera Energía S.A., y también defiende la alcaldía de Mequinenza, la central térmica será necesaria para mantener los puestos de trabajo que la minería del carbón todavía conserva en la comarca, en especial ante la perspectiva del próximo cierre de la central térmica de Escucha (Teruel) que utiliza el lignito de las minas mequinenzanas. La pregunta que surge es cómo podrá sobrevivir la minería de la zona tan solo con una central, la de Mequinenza, que consumiría tan solo una pequeña parte de la que se consume en Escucha.
En cualquier caso, dejando aparte los misterios político-económicos de los proyectos aludidos, soy de la opinión de que la cuestión principal a abordar no es la creación o destrucción de unos puestos de trabajo, por mucho que comprenda la angustia personal de los implicados, sino si se pone en peligro o no la salud general de la población o si se perjudica a otros sectores que también tienen derechos muy legítimos a defender, incluidos los laborales, tal como pueden ser el caso de las explotaciones agrícolas o la industria turística, que no gusta de malos humos. Debe estar claro, pues, que el derecho al trabajo de unos termina en donde empiezan los derechos de otros, en especial si hablamos del derecho a la salud.
Centrándonos pues en las cuestiones ambientales hemos de decir que nuestra experiencia nos dice que las cosas no son tan bonitas como nos la pintan los promotores de estas industrias, aunque las pinten de verde. Sean incineradoras o sean centrales térmicas el hecho es que todos los procesos de combustión generan contaminantes.
Cierto que ahora la técnica ha mejorado…, pero no lo suficiente para dar garantías. Si tomamos el ejemplo del proyecto de Mequinenza, analizado en detalle durante su proceso de información pública, hay que reconocer que la técnica de combustión del carbón que se pretende usar (en lecho fluido) es más eficaz que antes. Tan eficaz que incluso podría quemar residuos industriales si se cerraran las minas. Sin embargo, y usando sus propios datos, la eficacia no es nunca del 100% . Un ejemplo de esto lo tenemos en la supuesta maravilla de los métodos que eliminan el azufre del lignito (este carbón lo tiene en gran cantidad) mezclándolo con caliza. Los promotores cuentan por un lado lo bien que desulfuran pero por otro lado ellos mismos dicen que en algunas zonas vecinas, cercanas a la población de Almatret, se acercarán mucho a los límites legales para el SO2 (óxido de azufre)… ¿de dónde proviene pues ese azufre?
Con sus propios datos se deduce que esta central emitirá en una año cerca de las 500 toneladas de óxidos de nitrógeno (NOx), equivalente a lo que emitiría el tráfico de una ciudad con más de 1.300.000 coches, unas 1.000 toneladas de SO2 y unas 80 toneladas de hollín. Y con otros datos (ellos no dicen nada) se calcula que se emitirán unos 50 Kg de mercurio, metal pesado que daña la salud con cantidades ridículamente pequeñas. Desde luego hay centrales más grandes que son supercontaminantes y emiten mucho más, pero el que haya sitios peores no basta para tranquilizarnos, en especial en un valle que, por sus nieblas, tiene pésimas condiciones físicas para dispersar la contaminación. Se pongan como se pongan esto no es una central verde.
Y para quien fíe en la administración pública y sus límites legales hay que decirle varias cosas. Una es que los límites legales son un compromiso entre lo deseable y lo posible: se necesitaría poner límites legales más bajos pero no lo hacen para no dejar en la ilegalidad al 90% de la industria. Otra es que la administración española tiene fama de ser la más incumplidora en cuestiones ambientales de toda la Unión Europea. Otra más es que no hay datos sobre la contaminación actual de los valles afectados y que tampoco los habrá si nos ponen en marcha estos proyectos. Y, por acabar ya, algo que cuesta de creer: en los procedimientos administrativos que se siguen para autorizar ambientalmente estos proyectos, unos en Cataluña y otros en Aragón, cada proyecto se estudia por separado, independientemente de los demás. O dicho en otras palabras, por lo que parece no se van a tener en cuenta la suma de emisiones contaminantes de todos los proyectos de la zona. Por ello, si se solicitara, teóricamente claro, la autorización para crear 100 centrales como la de Mequinenza, estudiarían cada caso por separado y previsiblemente las autorizarían todas, pero si se quisiera autorizar una sola central 100 veces más grande no lo harían. Ya ven como se hacen las cosas… Hay autorizaciones ambientales, pero no hay planificación ambiental.
Finalizo este artículo recordando que, aunque no se perciba a nivel popular, la contaminación es causa importante de mortalidad y que se calcula que cada año mueren prematuramente por esto unas 16.000 personas en España. El problema es grave aunque la conciencia popular del problema sea baja, ya que nadie puede poner nombre y apellidos a las víctimas, tal como se hace, por ejemplo, con los muertos por tráfico. Por lo dicho urge, pues, que nos tomemos en serio todo lo que se nos viene encima y que luchemos para no convertirnos en una cloaca industrial. En nuestras manos está.
Saturnino Barbé (Coordinador de Ecologistas en Acción del Bajo Cinca)