2011: cerremos Cofrentes

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2011: cerremos Cofrentes

El pueblo de Cofrentes está situado en el Valle de Ayora, al lado del río Júcar, a unos 60 km al suroeste de la ciudad de Valencia y a menos de 10 km de la provincia de Albacete.

En esta localidad funciona, desde 1984, una central nuclear —propiedad de Iberdrola— que supone una auténtica amenaza para nuestra seguridad y que dejará una herencia envenenada a las futuras generaciones.

Ya llevamos demasiado tiempo padeciendo este peligro inaceptable, un peligro que cada día que pasa aumenta con el envejecimiento de la central nuclear y la progresiva degradación de la cultura de seguridad de sus responsables, más preocupados de mejorar los beneficios que de la seguridad de la instalación atómica.

El 20 de marzo de 2011 acaba la autorización de explotación de la nuclear. No podemos admitir, de ninguna manera, que continúen anteponiéndose los intereses de Iberdrola —que pretende alargar la vida de la central— por delante de nuestra seguridad.

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Cofrentes


Una central con muchos problemas

El tipo de reactor nuclear de Cofrentes es de agua ligera en ebullición (BWR). Se caracteriza porque el agua radiactiva del circuito primario sale del edificio de contención y recorre muchos edificios de la central; como consecuencia, en caso de fuga esta llegaría al exterior. Además, en este tipo de centrales las barras de control del reactor se accionan mediante un sistema de agua a presión, a diferencia de otros tipos de centrales en las que las barras entran por su propio peso; esto supone un plus de inseguridad, puesto que la posibilidad de fallo en momentos en que hay que moderar o parar la reacción nuclear es mayor.

Después del accidente de Chernobil de 1986 se estudiaron sistemáticamente las contenciones de las centrales atómicas occidentales y se detectaron problemas de diseño en el modelo de contención Mark 3 (suministrado por General Electric), que es el que tiene Cofrentes. La nuclear tuvo que reparar los sistemas de ventilación (salida de gases), pero, a pesar de ello, no está claro que tengan una respuesta correcta en caso de accidente grave.

Ha habido problemas con los elementos combustibles, con fugas que contaminaban el circuito primario, que han obligado a cambiar de suministrador.

Cofrentes también ha sufrido inestabilidades termohidráulicas: inesperadas y descontroladas subidas y bajadas bruscas de potencia, que podrían ocasionar un accidente severo. Ante este problema se llevó a cabo otra reparación que no es más que una chapuza: la instalación de un nuevo sistema de control que no era el que se diseñó inicialmente.


Cuanto más vieja, más peligrosa

Cuando una central lleva funcionando más de dos décadas —y Cofrentes pronto cumplirá los 25 años— el peligro de un accidente nuclear es cada vez mayor.

Los procesos de envejecimiento no son fácilmente detectables, porque afectan a la estructura interna de los materiales, de forma que sólo se ponen en evidencia cuando ya se ha producido el fallo de un componente.

Un problema grave de Cofrentes es la avería del sistema de agua a presión que acciona las barras de control; este sistema ha padecido fugas y fisuras debido a la corrosión de los tubos.

Otro problema son los fallos en las válvulas que mantienen la presión del vapor en el núcleo del reactor; el mantenimiento de este parámetro es muy importante, puesto que una presión demasiado alta podría ocasionar fugas y explosiones.

Estos problemas son, además, síntomas del mayor mal que aflige las centrales viejas: la corrosión del acero que provoca fisuras y fugas del circuito primario.

Las principales víctimas de este deterioro son, sin duda, los trabajadores —a menudo subcontratados— que participan en los procesos de recarga de combustible o en reparaciones en las zonas del núcleo del reactor, que reciben las dosis radiactivas más altas de todas las centrales nucleares.

Si al envejecimiento técnico de la central atómica añadimos la disminución de las inversiones en personal y mantenimiento, el incumplimiento de la normativa de seguridad, el secretismo y la dejadez del organismo que tendría que controlar las centrales nucleares (el Consejo de Seguridad Nuclear), la situación con respecto a la seguridad no puede ser más preocupante.


¿Un río Júcar radiactivo?

Para la refrigeración del reactor nuclear se utiliza un enorme volumen de agua del río Júcar (hasta 34 hectómetros cúbicos anuales). Una buena parte —unos 20 hm3— se evapora, mientras que el resto vuelve al río a una temperatura superior a la natural y produce una contaminación térmica.

Un vertido de agua contaminada con radiactividad al Júcar tendría unas consecuencias terribles, tanto para los habitantes de la Ribera, como para los del área metropolitana de València, que también beben el agua de este río; supondría también una auténtica ruina para la agricultura de las comarcas afectadas. Un accidente así no es una posibilidad remota: en julio de 2008, la central nuclear de Tricastin, al sur de Francia, padeció un vertido de aguas con 75 kg de uranio que contaminaron dos ríos.

En el funcionamiento normal de la central atómica se emite al medio ambiente próximo una gran cantidad de gases (tritio, xenón...) y líquidos radiactivos.


Residuos nucleares en Cofrentes

La central nuclear de Cofrentes genera anualmente entre 25 y 30 toneladas de combustible gastado. Se trata de sustancias extremadamente radiactivas, peligrosas durante cientos de miles de años, para las cuales no hay ninguna solución efectiva. Estos residuos se guardan actualmente en una piscina, que se saturará en el año 2009, aunque se pretende ampliar su capacidad. Las piscinas que contienen los residuos son vulnerables a accidentes y ataques y requieren una constante circulación de agua refrigerante sobre el combustible irradiado para evitar una catástrofe.

La central de Cofrentes también produce cada año unos 300 m3 de residuos radiactivos de media y baja actividad, que se llevan al almacén del Cabril (Córdoba); los transportes se hacen por carretera, con el consiguiente peligro para las zonas que atraviesan los camiones.

  • Las nucleares no son ninguna solución para el cambio climático: aunque toda la electricidad producida actualmente en el mundo con combustibles fósiles se generara con centrales nucleares, la reducción del calentamiento global sería sólo del 12% y los recursos de uranio durarían sólo 12,5 años
  • La radiactividad causa leucemia y tumores cancerígenos diversos, pero pueden transcurrir décadas hasta que los efectos se manifiestan
  • Ningún país ha podido aplicar una solución segura para almacenar o eliminar los residuos nucleares. Cuanto más tardemos en paralizar las centrales nucleares, mayor será la herencia radiactiva que dejaremos a las futuras generaciones

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