La convocatoria de la Semana Europea de la Movilidad se planteó por primera vez en el año 2002. Con ésta, se pretende promover la realización de actividades previas al Día sin Coches, con el objetivo de informar, concienciar y dar participación a la ciudadanía en la tarea de mejorar la calidad de vida de las ciudades. En último término, se trata de reducir el nombre de coches en circulación y demostrar en la práctica los beneficios que reporta el hecho de que los automovilistas dejen el coche en casa.
Lamentablemente, año tras año, esta iniciativa se ha saldando con una sensación de fracaso cada vez mayor, a medida que se ha ido perdiendo contenido e incidencia, ya la mayor parte de los ayuntamientos han renunciado a cortar el tránsito de automóviles privados (verdadero núcleo de la campaña) y a organizar la movilidad urbana basándose en el transporte público y en los medios alternativos y no motorizados.
Alcoi no ha sido ninguna excepción: se ha pasado de unas primeras ediciones en las que —aún de manera tímida— se trataba de disuadir del uso del coche y promover el uso del autobús urbano, a la edición de este año, en la cual se renuncia totalmente cualquier limitación del tránsito motorizado. Nos encontramos, una vez más, con actividades improvisadas y de escasa incidencia, con una falta total de medidas serias a favor de los peatones y ciclistas y con la absencia de una campaña de información coherente a la ciudadanía.
Este año la convocatoria internacional tiene una particular importancia, ya que el tema central es “las calles para la gente”. Y es que, para mejorar la calidad de vida en nuestras ciudades, se necesita una redistribución del espacio, dando más posibilidades a los medios de transporte públicos y no motorizados, como la marcha a pie y en bicicleta.
Ahora mismo, incrementar el viario para los coches es una respuesta obsoleta, cara y contraproducente ante los retos del tránsito. Al contrario, reducir la capacidad del viario para los coches permite estilos de vida más saludables para todos los ciudadanos, y comporta una mejora en la calidad del aire, menos ruido, más espacio para la gente… de hecho, cada vez más estudios demuestren que es posible reducir el espacio dedicado a los coches sin que se incremente la congestión en las calles adyacentes. Es lo que los expertos llaman “evaporación de tránsito”, que comporta una mejora ambiental y de calidad de vida notoria.
Por esto, La Carrasca-Ecologistas en Acción destaca la importancia de elaborar planes de movilidad sostenible en nuestras ciudades, realizados con participación ciudadana, que actúan limitando el estacionamiento y circulación de automóviles, reforzando y mejorando los transportes públicos y favoreciendo el transporte a pie y en bicicleta.
Desgraciadamente, las políticas de movilidad urbana siguen obsesionadas en conseguir “la mayor fluidez del mayor tránsito posible”, en un camino opuesto al que señala la Semana Europea de la Movilidad, las recomendaciones internacionales y la lógica más elemental.