Se hace cada vez más evidente la necesidad de un plan de reconversión para la central térmica de Teruel-Andorra y las minas de carbón asociadas. La Unión Europea ha manifestado su voluntad de acabar con un sector deficitario, el del carbón, que malvive asediado de incertidumbres, de las subvenciones públicas y que es inviable por sí mismo. Las ayudas públicas al carbón que pretende validar el Gobierno Español supondrían un intento desesperado para mantener artificialmente el sistema más contaminante que hay para producir electricidad y que todo el mundo sabe que tiene sus días contados. Por ello Ecologistas en Acción solicita que se prepare ya un plan para el inexorable e impuesto cierre de la central térmica de Andorra y la reconversión definitiva del sector minero. Las pasadas y traumáticas experiencias de las reconversiones del sector naval y de la siderurgia aconsejan la anticipación ante la inevitable extinción de esta actividad, para paliar el trauma socioeconómico que sufrirá la zona.
En el Consejo de Ministros del pasado 13 de febrero, se aprobó, una vez más, la concesión de ayudas públicas para mantener al decadente sector del carbón español. En lo que respecta a Aragón esto viene a satisfacer las peticiones de ayuda urgente solicitadas por destacados políticos de las cuencas mineras, que han basado su petición en la disminución de la actividad de la central térmica de Andorra. Así, por ejemplo, en el año 2009 la actividad de la central fue el equivalente a un 38 % de la que mantuvo en el año 2007, año considerado de funcionamiento “normal”, mientras que en lo que va de 2010 la térmica apenas ha funcionado. Así mismo se ha destacado en la prensa que millones de toneladas de carbón español, tres millones en la propia Andorra, se han quedado sin usar en las centrales térmicas que, como la central andorrana, utilizan este combustible. La superación de la capacidad de almacenamiento de carbón en las centrales térmicas ha obligado al Ministerio de Industria a ordenar la construcción de un almacén centralizado que permita acumular el excedente extraído de las minas españolas, invirtiendo ingentes cantidades de dinero en una infraestructura que no es ninguna solución y que ahondará en el problema.
Por otro lado, en lo que es un claro reconocimiento oficial de la inviabilidad económica del carbón, la Unión Europea no valida el decreto de ayuda al sector y ha manifestado, por el contrario, la necesidad de cerrar las minas deficitarias, como las españolas, antes del 15 de octubre de 2014, ligando las ayudas públicas al establecimiento de planes de cierre.
Aunque la disminución de la actividad de la central térmica de Andorra se ha querido atribuir a la bajada temporal de la demanda de electricidad motivada por la crisis económica, como un modo de justificar las ayudas públicas, lo cierto es que esto solo es un problema secundario añadido. La crisis de la central térmica, y su minería asociada, es estructural, no coyuntural. Es la construcción de nuevas centrales térmicas de ciclo combinado, a gas, y el auge de la energía eólica, más competitivas, las que han trastocado el reparto de la “tarta energética” en el estado español. El carbón no es competitivo, y menos el de las cuencas mineras de Andorra y Mequinenza, de mala calidad. Por ello la industria del carbón esta en situación crítica. Subvencionar la extracción del carbón, su transporte, su almacenamiento, su quema, mientras se gastan grandes sumas de dinero público en los Plan Miner para pagar una reconversión laboral de los mineros que nunca termina, está fuera de toda sensatez. La prolongación artificial de la agonía del carbón no tiene sentido y supone la pérdida de competitividad de otros sectores, como las renovables, que tienen más futuro y capacidad de generar empleo.
A las razones económicas se añaden las ambientales. Las energías renovables se quieren, además de para aumentar nuestra independencia energética, para combatir las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2 , y otros gases contaminantes. La central térmica de Andorra, que ha emitido a lo largo de su historia enormes cantidades de óxidos de nitrógeno y de azufre, causantes de la lluvia ácida, emite casi tres veces más CO2 , por unidad de energía eléctrica producida, que otros sistemas energéticos no renovables. En solo un año de pleno funcionamiento, como en el 2007, la central andorrana emitió cerca de 6´8 millones de toneladas de CO2 , un 29´8 % de las emisiones aragonesas de ese año.
Por todo ello Ecologistas en Acción de Aragón solicita al Gobierno de Aragón, y al Gobierno Estatal, que prepare un plan urgente de reconversión en el que se contemple la inexorable paralización de la actividad de la central térmica de Andorra y las minas de lignito aragonesas, todo acompañado de las medidas necesarias para evitar el trauma y los conflictos sociales y económicos que tendrían lugar por la extinción de los puestos de trabajo asociados al carbón.
| La fuente de energía que más CO2 emite es el carbón. Por eso la industria del carbón sueña con el desarrollo de las técnicas de captura y almacenamiento subterráneo de CO2 (C.A.C.). En teoría estas técnicas permitirían que la quema de carbón no emitiera CO2 a la atmósfera. Sin embargo la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera no puede esperar la puesta en marcha de estas técnicas y además estas tienen por delante la demostración práctica de su viabilidad y de la seguridad de los almacenamientos (en tierra y en mar). Y en cualquier caso si el sector del carbón tiene ahora problemas de rentabilidad más los tendría con una técnica que encarecería notablemente la quema de carbón. |
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