La última semana de abril se celebra "La semana sin TV" que intenta fomentar una reflexión sobre el papel cada vez más importante que juega la televisión en nuestras vidas.
Esta iniciativa se inicia en 1994 en los EE UU. Desde entonces se han ido sumando a la convocatoria otros países, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Argentina… La semana sin TV tiene por objeto que la gente revalúe el papel que este medio tiene en su vida diaria como entretenimiento, cuidadora de niños, llenando el tiempo, fuerza comercial e ideológica, entidad manipuladora, y ruido de fondo. La reducción voluntaria y drástica del tiempo que pasamos frente al televisor (en España el promedio se sitúa en 3 horas y media, por persona y día) permite vidas más plenas, saludables y participativas.
Instrumento político, cultural, comercial e incluso terapéutico, la televisión es el sustitutivo al café, al maestro, a la familia y (cuando dan fútbol) a menudo a la pareja. Nacida con una clara vocación de control social, el primer gran acontecimiento retransmitido por televisión fue los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, consagrados a glorificar la superioridad de la raza y virtudes arias. En la información televisiva hay una tendencia irremediable a que la noticia válida es la que tiene imágenes por encima de la que es importante pero infilmable.
¿Informarse a través de la televisión? Imagen antes que noticia. Incluso imagen para crear noticia. El ejemplo claro fue en la guerra del Golfo, a través de la grabación de un pájaro encharcado de petróleo Estados Unidos convenció a la comunidad internacional de la bondad de su causa. De poco sirvieron las imágenes iraquíes de la maternidad destruida por bombas aliadas ya que su calidad y verosimilitud icónica eran mucho peor. Así que si queremos informarnos no veamos la televisión. Al menos no sólo televisión.
Estudios del John Watson Institute, en Colorado, afirman que la televisión debe ser clasificada como una droga adictiva más. Según este informe, el consumo de televisión cumple seis síntomas de los que se utiliza en la diagnosis clínica para definir una adicción (sólo con cuatro, ya se considera a una sustancia adictiva). He aquí dichos síntomas:
Utilización como sedante.
Visión indiscriminada.
Sensación de pérdida de control durante la visión.
Sentirse mal con uno mismo por excederse en el consumo.
Incapacidad de dejar de mirar.
Sentirse incómodo y débil cuando no estás mirando la tele.
La adicción a la televisión es una enfermedad que, además de los evidentes problemas digestivos y de espalda, puede acarrear serios trastornos de conducta, por no hablar de los criterios culturales que forma.
La publicidad es la verdadera justificación del hecho televisivo. Atractivos, breves, impactantes, moralmente ambiguos, son la promesa de un mundo mejor en treinta segundos. La televisión ya hace noticias como si fueran anuncios, películas como anuncios y anuncios de sí misma.
El consumo de la televisión, con su programación televisiva de bajísima calidad, reduce el pensamiento y enquilosa la imaginación. Incita a un tipo de consumo social y medioambientalmente insostenible gracias a la insidiosa manipulación de los deseos humanos en sus vertientes más cínicas. El enorme poder de calado que tiene la televisión entre el público, junto con sus propiedades adictivas, contribuyen a eliminar de nuestras mentes la capacidad de crítica, de rebelión frente al sistema en el que estamos inmersos.
Apagando la televisión durante una semana queremos evaluar qué consecuencias tiene para nosotros, para nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos, para nuestra percepción e interpretación de la realidad, para una infinidad de cosas que tal vez ni imaginamos. Que cada cual experimente, y observe qué ocurre si no aprieta el botón.