Las Balsas de Fosfoyesos son un cementerio radiactivo.

Tras las mediciones de radiactividad realizadas la semana pasada por Greenpeace en las balsas de fosfoyesos, demostrando que se superaban los niveles máximos permitidos por las directivas comunitarias y las críticas interesadas vertidas desde la delegación de medio ambiente y empresas contaminadoras, queremos hacer pública nuestro más absoluto apoyo a las denuncias realizadas por esta organización y a la importancia de poner en conocimiento de la ciudadanía y autoridades europeas datos que desde administración y AIQB se tergiversan sistemáticamente, con clara intención de engaño contra la salud y la seguridad de la población onubense.

Los elevados niveles de radiactividad procedentes del óxido de uranio contenido en la roca fosfórica que se emplea en el proceso industrial de elaboración de fertilizantes, son una vía más de contaminación producida por estos residuos, que también incorporan gran cantidad de arsénico y metales pesados, así como elevadas concentraciones de ácidez en sus aguas de transporte y embalsado. Los elementos radiactivos que llegan a las balsas afectan a la población de Huelva debido fundamentalmente a la dispersión de partículas por la acción del viento, en forma de neblinas blancas, la disolución de sales que los contienen y que terminan en la ría del Tinto y pueden incorporarse a la cadena trófica(tal es el caso del sulfato de radio, que sigue en los organismos vivos el mismo camino que el calcio) y la propagación de gas radón y su posibilidad de acumulación en zonas bajas. Los radionucleidos dentro del organismo tienen acción mutagénica y cancerígena y sus efectos en pequeñas dosis, sostenidas en el tiempo, son un factor más de riesgo de enfermedades graves.

La situación diaria y permanente de radioexposición de trabajadores en las labores de acondicionamiento de las balsas sin ningún tipo de protección, debería ser motivo de depuración de responsabilidades sobre empresas y administración con sus posibles repercusiones legales por incumplimiento de la normativa sobre prevención de riesgos laborales. Igualmente, el transporte de estos residuos por carretera y su aplicación directa como corrector de la ácidez de suelos de cultivo, debería quedar suspendida de inmediato, por el peligro que conlleva de incorporación de metales pesados y elementos radiactivos y su posibilidad de afectar directamente a productos de consumo humano. Actualmente se emplean en campos de arroz, remolacha, girasol, etc. Situados en el entorno de Doñana.

La inadmisible e irresponsable actitud de la empresa, paseando a científicos por las balsas a modo de parque temático, sin ningún tipo de protección, queriendo alardear de una situación de absoluta normalidad, no es más que un acto temerario más de desprecio a la ciudadanía de Huelva, que ha visto desaparecer, sin opinión posible, uno de los paisajes más emblemáticos de su pasado marinero y un humedal de alto valor ecológico del entorno de la capital, en favor de intereses privados de empresas obsoletas, y del saqueo continuo al que siguen sometidos los recursos naturales de nuestra ciudad. Actitudes como esta, lejos de alentar un acercamiento de la industria al ciudadano, significan el mantenimiento perpetuo de un divorcio, justificado en una política de desastrosos hechos consumados.

Esperamos que la actitud de desprestigio y burla contra aquellos colectivos que denuncian a la que la delegación de medio ambiente nos tiene acostumbrados, se convierta en la cordura y valentía que Huelva necesita de sus políticos para procurar resolver situaciones de catástrofe ambiental, sin fecha de caducidad, a la que la dejación de sus funciones nos tiene condenados. Intentar justificar de cualquier manera aberraciones ambientales como las de las balsas de fosfoyesos, no tienen sino un efecto boomerang sobre la credibilidad de una administración que por desgracia, sigue predicando con su mal ejemplo.


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