Biocombustibles: la falsa alternativa de la sostenibilidad

Como decía “El Roto” en una de sus excepcionales viñetas de análisis de la sociedad, “la reparación del deterioro ambiental causado por nuestro modelo de desarrollo económico nos ha abierto grandes perspectivas de desarrollo económico para el futuro”. Así parece que las grandes compañías multinacionales son ahora las principales beneficiarias del cambio climático, mediante la puesta en marcha de nuevas alternativas para seguir con el modelo de consumismo y derroche energético que ha conducido a la situación actual, en lugar de abordar el problema de fondo: no podemos seguir funcionando como si los recursos naturales (incluidas las personas y los demás seres vivos) fueran ilimitados.

Lo hemos visto con el desarrollo de la energía eólica, que se ha regido por un modelo expansivo y depredador del territorio, sin detenerse en la teórica protección de espacios singulares, y lo vamos a ver con la generalización de los biocombustibles. Este es el último ejemplo de la perversión del discurso de la globalización: presentar a los cultivos de variedades para biocombustibles como la alternativa ambientalmente sostenible frente al calentamiento global, que realmente es una amenaza para la humanidad y para muchos ecosistemas de nuestro planeta. La mayor parte de los fundamentos de las campañas para promocionar estos productos son falsos y la auténtica finalidad es obtener sustanciosos beneficios tanto de las subvenciones públicas actuales, como de las futuras ventas, cuando se haya conseguido la sustitución del escaso petróleo por los combustibles obtenidos de la masiva implantación de los nuevos cultivos.

En primer lugar está la falsedad de la autosuficiencia energética: pocos países de los llamados desarrollados tienen superficie suficiente para desarrollar los cultivos necesarios para obtener los combustibles que consume su propio trasporte. Como ejemplo basta decir que España necesitaría destinar la mitad de toda su superficie agrícola para abastecerse del combustible consumido por todos sus medios de trasporte. Y esto nos lleva al siguiente de los problemas, y no menor. La deforestación de grandes áreas de los bosques tropicales que aún permanecen, para destinarlos al cultivo de las especies más idóneas como agrocombustibles: maíz, palma, soja, caña de azúcar, entre otros.

La consecuencia de este desastre ambiental y social ya se ha empezado a entrever: la especulación de los precios de algunos de los alimentos que constituyen la dieta básica en algunos países productores de esas variedades vegetales. ¿Se imaginan lo que puede ocurrir en el futuro si los países pobres tienen que competir en un mercado libre global contra los consumidores de biocombustible del mundo rico? Las hambrunas de África extendidas por más de medio mundo. Y todo por el simple egoísmo de seguir conduciendo nuestro automóvil particular para desplazarnos a diario al trabajo, al cine o a la compra, en lugar de usar el trasporte público, andar o comprar en la tienda más próxima a nuestra casa. Ese es en definitiva el dilema de la sostenibilidad.

José Julio del Olmo García




Visitantes conectados: 704