Los ríos cuentan con un elevado número de plaguicidas que alteran el sistema hormonal de la fauna y de las personas. El informe ‘Ríos hormonados’ revela el alto grado de contaminación que registran los ríos de todo el Estado español, aunque solo se ha analizado una pequeña parte de las sustancias.

Dolores Romano. Responsable de políticas de sustancias químicas de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 96

En los ríos españoles se encuentran al menos 46 plaguicidas diferentes, 26 de ellos con capacidad de alterar el sistema endocrino de la fauna silvestre y de las personas. Además, el uso del 70 % de las sustancias detectadas está prohibida.

El Júcar es el río más hormonado. Foto Raúl Urquiaga.

Estos son los resultados del informe Ríos hormonados, publicado por Ecologistas en Acción y Pesticides Action Network, con los resultados oficiales de los Programas de Vigilancia de la Calidad de las Aguas de diez confederaciones hidrográficas, que, en cumplimiento de su obligación legal, han proporcionado sus datos de muestreo.

Los análisis evidencian que todas las cuencas contienen plaguicidas tóxicos y es de prever que el número total de plaguicidas diferentes en los ríos sea mucho más elevado, dado que hay más de 400 sustancias activas plaguicidas diferentes en uso y que en cada río se analizan un número muy pequeño de sustancias (en el Tajo solo 17 y en el Miño-Sil, el que más, 58 sustancias).

Sistema agrario

El informe intenta poner cifras a la contaminación causada por un sistema agrario secuestrado por la industria de los agroquímicos. España es el país europeo que más plaguicidas utiliza. Cada año se se fumigan en los campos españoles 78.000 toneladas de plaguicidas, el 20 % del total de toda la Unión Europea.

Una vez aplicados sobre los cultivos, una parte de los plaguicidas permanece en las cosechas y llegan hasta nuestros alimentos, como señalamos en nuestro informe Directo a tus hormonas: Guía de alimentos disruptores. Residuos de plaguicidas con capacidad de alterar el sistema endocrino en alimentos españoles. Otra parte se transportan a través del agua y la atmósfera, contaminando las aguas superficiales y subterráneas.

Los datos disponibles muestran que el río más contaminado, con diferencia, es el Júcar. En 2016 se detectaron 34 de los 57 plaguicidas analizados, 22 de ellos prohibidos y 21 posibles disruptores endocrinos. Varias sustancias se detectan muy frecuentemente (DDT, HCH, clorpirifós, imazalil, tiabendazol y endosulfan en más de 100 muestras) y varias en elevadas concentraciones, muy por encima del límite permitido.

Preocupa la amplia presencia de sustancias prohibidas. En algunos casos, como el DDE, lindano o el endosulfán puede deberse a que debido a su elevada persistencia permanecen décadas en el medio ambiente sin degradarse. En otros casos habría que investigar si no hay un uso ilegal de sustancias prohibidas. Es especialmente preocupante la amplia presencia de mezclas de sustancias con capacidad de alterar el sistema hormonal de la fauna silvestre, poniendo en riesgo la supervivencia de poblaciones de insectos, anfibios, reptiles, peces, aves y mamíferos.

El clorpirifós es el plaguicida que se detecta con mayor frecuencia en los ríos estudiados. También es el plaguicida detectado en mayor número de alimentos en España, mostrando la amplia exposición de la población y el medio ambiente a este insecticida organofosforado. El clopripirifós daña el sistema nervioso de los seres humanos y causa neurotoxicidad en el desarrollo, afectando por lo tanto a la población más vulnerable, bebés y niños.

Hay evidencia científica sobre su capacidad de ocasionar deterioro cognitivo, interrupción de la función motora, temblores y menor inteligencia en bebés después de la exposición materna. Además, el clorpirifós presente en el medio acuático puede afectar a las especies de invertebrados y también a los peces y otros vertebrados, ya que se absorbe a través de las branquias y la piel y puede provocar efectos adversos por interacción con sus sistemas hormonal, nervioso e inmune.

Ríos enfermos

El lindano o sus isómeros se detectan en 7 de las 10 cuencas analizadas en 2016. Los datos de las confederaciones confirman el desastre ambiental causado por el vertido indiscriminado de miles de toneladas de residuos de la fabricación de este insecticida cancerígeno y reafirman la necesidad de inventariar y limpiar con urgencia las zonas contaminadas.

El glifosato se ha detectado en tres de las cinco cuencas en las que se analizó en 2016. En el Júcar se detectó en todas las muestras en las que se analizó (48). En el Tajo es la sustancia detectada con mayor frecuencia (en 263 de las 421 muestras analizadas) y en el País Vasco es el plaguicida en uso detectado en mayor frecuencia tras el clorpirifós, lo que muestra un uso extenso de este herbicida tóxico. En definitiva, los datos parciales que ofrece este informe evidencian la amplia presencia de plaguicidas en los ríos españoles y la necesidad urgente de reducir el uso de plaguicidas.

Para ello Ecologistas en Acción propone prohibir el uso de los plaguicidas más tóxicos, incluyendo todos aquellos con propiedades disruptoras endocrinas. Que exista un plan de choque para reducir el uso de plaguicidas en España al menos un 50 % en 10 años, siguiendo el ejemplo de Francia o Dinamarca; transformar el insostenible sistema agrario industrializado a un sistema agroecológico respetuoso con la vida; actualizar la normativa ambiental al conocimiento científico; actualizar, ampliar y unificar los programas de vigilancia de plaguicidas en aguas y hacer cumplir la ley.