La UE continúa su política neoliberal e impone nuevos tratados comerciales. Ya cuenta con 30 acuerdos, en 60 países, y 1.400 de protección de la inversión. La UE necesita más recursos y para ello suprime derechos sociales, laborales y ambientales.

Tom Kucharz y Francesca Ricciardi. Área de Antiglobalización, Paz y Solidaridad de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista 96.

En las últimas décadas, la política comercial europea se ha ido centrando cada vez menos en intercambiar bienes y cada vez más en suprimir derechos sociales, laborales y ambientales en la búsqueda de beneficios empresariales. Ante el evidente estancamiento de las negociaciones multilaterales en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC), los instrumentos fundamentales de esta política son los tratados bilaterales de comercio e inversión.

La Unión Europea ya tiene aproximadamente 30 acuerdos comerciales con 60 países y 1.400 acuerdos de protección de la inversión. Sin embargo, continúa expandiendo la política comercial y de inversión y negocia actualmente con una veintena de países nuevos tratados similares a los que firmó con Canadá (CETA) e intentó pactar, infructuosamente, con Estados Unidos (TTIP), como si no hubieran tenido lugar las movilizaciones de millones de personas en contra de estos dos acuerdos comerciales.

En la lista de sus prioridades está la ratificación de los acuerdos con Canadá, Vietnam y Singapur, la conclusión de las negociaciones con Japón, México y el bloque del Mercosur, así como nuevas negociaciones con Australia y Nueva Zelanda y el Tribunal Multilateral de Inversiones 1.

Agenda neocolonial

La UE presenta su agenda comercial como una alternativa amable, abierta y sostenible frente al nacionalismo económico de EE UU bajo la Administración Trump y al modelo chino, pero en realidad los patrones de desarrollo de las tres potencias son muy similares: injustos e insostenibles y dependientes de los mercados globales, además de estar estrechamente interrelacionados. Lo que realmente preocupa a las élites europeas es la pérdida del peso relativo de la UE en el comercio mundial y las cadenas globales de valor frente a las otras potencias comerciales.

Los tratados de comercio demandan más recursos y aceleran la pérdida de biodiversidad

La propaganda de la UE se basa en el mantra de que el sistema de comercio global “genera bienestar del que todos se benefician”. Sin embargo, lo cierto es que los nuevos tratados de comercio e inversión responden a la necesidad de asegurarse la importación en condiciones ventajosas de materias primas de las que es fuertemente dependiente: petróleo y gas natural, minerales o productos agrícolas. También persiguen el acceso preferente de las empresas europeas a los mercados extranjeros, especialmente a los de las economías emergentes como China, India, Brasil o Rusia.

Con su agresiva política comercial, la UE no hace sino profundizar en el carácter colonialista de una economía basada en la exportación de bienes y servicios, inherente al ADN del proyecto europeo. De hecho, en los últimos 30 años el objetivo principal de la UE en materia comercial ha sido la modificación de los sistemas regulatorios nacionales de sus socios comerciales en Asia, África o Latinoamérica.

Exportación de cereales en un puerto de Brasil. Foto: Ivan Bueno/APPA.

A través de apartados referidos a cooperación reguladora, protección de las inversiones, acceso a mercados de contratación y licitación pública o refuerzo de la propiedad intelectual, los tratados bilaterales han sido y continúan siendo la herramienta para imponer a las economías emergentes la supresión de “obstáculos regulatorios” a los intercambios –obstáculos que en muchas ocasiones son en realidad regulaciones laborales o ambientales— y la apertura de sus mercados al capital europeo.

Una estrategia neocolonial en toda regla disfrazada de diplomacia político-empresarial, con el objetivo de perpetuar el papel subsidiario de las economías de estos países con respecto a la UE.

La insostenible globalización

A pesar de la retórica ‘verde’ –con inclusión de capítulos de desarrollo sostenible o cláusulas ambientales– con la que la UE intenta revestir la liberalización comercial que impulsa a través de los tratados de comercio e inversión, esta persigue el incremento continuo del volumen de comercio global, lo que implica, necesariamente, un consumo cada vez mayor de energía y materiales.

Todo esto en un contexto de choque con los límites físicos del planeta tanto en lo referente a los recursos –agotamiento de materias primas energéticas, minerales, agua y suelo fértil– como a los sumideros –contaminación y cambio climático– en el que lo sensato sería fomentar la reducción y no el aumento del volumen de los intercambios globales 2.

Los tratados comerciales quieren aumentar el comercio global y el consumo de energía y materiales

El aumento del comercio mundial intensifica la presión sobre los recursos naturales, produciendo mayor destrucción de hábitats y sobreexplotación de las especies y acelerando la pérdida global de biodiversidad. También lleva aparejado un mayor uso de combustibles fósiles, inherente al aumento de la cantidad de mercancías producidas y transportadas a larga distancia, que supone más emisiones de gases de efecto invernadero con el consiguiente efecto devastador sobre el clima 3.

Impactos ambientales

Un aspecto importante de algunos de los tratados de comercio e inversión que están en proceso de negociación o ratificación es el aumento del comercio de productos agropecuarios, especialmente de los relacionados con la ganadería intensiva. De hecho, se prevé un incremento de las importaciones de productos como carne de vacuno y soja para piensos desde el bloque de MERCOSUR a la UE y de las exportaciones de carne de cerdo o productos lácteos desde la UE a países como México o Canadá 4.

Esto supondría un impulso a la industria agroganadera y la profundización de sus impactos globales: deforestación y avance de la frontera agrícola, contaminación de aguas y suelos, maltrato animal o destrucción de la agricultura campesina.

La potenciación del extractivismo, dentro y fuera de la UE, es otra importante preocupación ambiental de las muchas que suscitan los tratados comerciales. Mediante el debilitamiento de las legislaciones ambientales nacionales y la incorporación de cláusulas de protección de las inversiones –como los mecanismos de arbitraje internacional, tribunales privados ante los que los inversores extranjeros pueden demandar a los estados– se facilita la ejecución de proyectos mineros o relacionados con combustibles fósiles. Un caso paradigmático es la demanda presentada por la empresa minera canadiense Edgewater contra el Estado español, a través de una filial en Panamá, por haberle sido denegada la licencia para explotar una mina de oro a cielo abierto en Corcoesto (Galicia).

Injusticia global

Cientos de contenedores en un puerto de europeo. Foto Ramón Llorensi.

Más allá de los ejemplos referidos, los nuevos tratados comerciales presentan múltiples peligros añadidos puesto que uno de sus objetivos principales es debilitar o eliminar regulaciones de todo tipo. En muchos casos son las únicas barreras que protegen a la naturaleza y las poblaciones de la devastación inherente al capitalismo global que necesita consumir cada vez más recursos y territorios.

Al reducir la capacidad de los Estados para adoptar regulaciones de interés público, limitan de forma importante las posibilidades de favorecer los circuitos cortos de comercialización o implementar medidas de fomento y protección de la agricultura o la industria locales.

Además, esta nueva oleada de tratados de comercio e inversión contribuye a fortalecer la armadura jurídica que ampara las actividades contaminantes y destructivas de las corporaciones transnacionales. Y ponen el beneficio privado de unos pocos por encima de los derechos de la naturaleza y de las poblaciones que habitan en los territorios en los que actúan. En definitiva, el comercio internacional a gran escala es intrínsecamente insostenible y su promoción a través de nuevos tratados comerciales únicamente profundiza la crisis socioecológica.

  1. Tom Kucharz. La UE, epicentro de la nueva oleada de tratados de comercio e inversión. Revista Pueblos. Marzo 2018.
  2. Daniel Moran and Keiichiro Kanemoto 2016 Environmental Research Letters. Septiembre 2016.http://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/11/9/094017/pdf
  3. G. P. Peters et al.: A synthesis of carbon in international trade. Biogesciences. Febrero 2012 https://www.biogeosciences.net/9/3247/2012/bg-9-3247-2012.pdf
  4. Greenpeace. Documento filtrados. Disponible en: www.trade-leaks.org