• La cumbre de Bangkok, último encuentro previo a la COP24, presenta un conjunto de documentos de 300 páginas que recogen todas las posiciones de los países, mostrando la presencia de opiniones muy encontradas.
  • Resurgen con fuerza los conflictos norte-sur, ante lo cuales todos los países instan a la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático a que elabore un texto de negociación que recoja todas sus impresiones de una forma equilibrada.

Termina la cumbre de Bangkok, último lugar de encuentro antes de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP24) que se celebrará en Katowice (Polonia) a finales de este año. Un encuentro que surge ante la necesidad de incrementar el ritmo de las negociaciones para poder cumplir el mandato que la comunidad internacional se dio tras la aprobación del Acuerdo de París. Según el plan de trabajo aprobado por la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), la COP24 debe aprobar todo el paquete de herramientas que ponga en marcha el acuerdo a partir de 2020. Es decir, definir cómo se comunicarán los objetivos, cuáles serán las reglas de contabilidad de las emisiones, como se dispondrá de la financiación adecuada o cuál será el proceso para incrementar las reducciones de gases de efecto invernadero en consonancia con el informe sobre 1,5 ºC que el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) está elaborando.

A diferencia de cumbres anteriores en las que se pospusieron discusiones fundamentales, en esta ocasión sí han sido abordadas, dejando patente la diferencia entre países del norte y del sur global. El resultado de la cumbre ha sido un conjunto de documentos que suman 300 páginas. En ellas se recogen todas las apreciaciones, comentarios y objeciones que han manifestado los países durante esta semana de negociaciones.

Las posiciones expresadas por los países durante el plenario final muestran con claridad un resurgimiento del conflicto norte-sur en las negociaciones climáticas. Unas diferencias expresadas por Egipto que, en nombre del G-77+China, representa la visión del sur global, y por Australia en representación del grupo paraguas (Australia, Canadá, Japón…) que muestra la posición de los países del norte.

Para los países del sur resultan fundamentales dos temas relevantes respecto a la financiación y a la diferenciación. En cuanto a la primera, no haber completado la financiación requerida para el Fondo Verde para el Clima, no haber incluido las pérdidas y los daños dentro del Acuerdo de París y las reticencias de muchos países de incrementar esta financiación en 2025 son algunas de las quejas que se han manifestado. En cuanto a la diferenciación, las partes insisten en la necesidad de que los siguientes compromisos nacionales de reducción (NDC por sus siglas en inglés) sean lo suficientemente flexibles como para recoger sus particularidades y permitir mayor flexibilidad de acuerdo a su situación nacional. Una última consideración que encuentra un gran apoyo de los países árabes, con grandes intereses en la industria fósil.

Australia, en representación de los países más enriquecidos, obvia cualquier mención a la financiación. Eso sí, durante su intervención en el plenario final Australia insiste en la idea de que lo importante es lograr el paquete comprometido en el Acuerdo de París, para lo que se requiere, según este bloque de países, abandonar las negociaciones paralelas, muchas de ellas referidas a cuestiones prioritarias para los países del sur. Asimismo estos países señalan que los NDC surgen de la voluntad de las partes, lo que les da por su propia definición la flexibilidad suficiente para que tengan en cuenta las distintas circunstancias nacionales y que, por tanto, no puede persistir el bloqueo respecto a estos compromisos.

Por su parte, la Unión Europea usa un discurso conciliador que remarca la normalidad detrás de esta divergencia de posiciones e intenta urgir a los países a alcanzar un acuerdo, obviando en el discurso que el auténtico liderazgo climático se basa en la actuación y que es la UE una de las partes que deberían incrementar su ambición para poder acelerar las negociaciones.

En esta ocasión sí parece que existe un acuerdo general entre todos los países, que reconocen que los documentos finales recogen una amplia variedad de posiciones (a veces muy contradictorias entre ellas) y aprueban que sea la CMNUCC la que proponga un texto ambicioso para la discusión en Katowice, ya que los documentos actuales no representan el avance necesario como para que constituyan la base de la negociación.Según Javier Andaluz, responsable de clima y energía de Ecologistas en Acción, “aunque este encuentro ha servido para avanzar debates que llevaban años posponiéndose, persisten posiciones muy encontradas que serán difíciles de resolver sin que eso signifique que algunos países decidan bajarse del acuerdo”. Andaluz recuerda que “el proceso de presentación de textos de los copresidentes aprobado en esta cumbre de Bangkok es similar al que tuvo lugar con el Acuerdo de París. Si tenemos en cuenta que este proceso llevó más de un año desde los primeros textos de los presidentes, es evidente el enorme reto que supone acelerar el proceso a tan solo tres meses”. Andaluz concluye que “esperamos que la CMNUCC sea capaz de ofrecer un texto suficientemente ambicioso como para garantizar quedarse muy por debajo de los 2 ºC de incremento de la temperatura global y, a ser posible, limitarlo a 1,5 ºC. Los avances del encuentro no han sido capaces de despejar las dudas sobre si la próxima cumbre en Katowice será capaz de cerrar los temas pendientes o si asistiremos a un nuevo fracaso de la comunidad internacional como el que se produjo en Copenhague”.

El final de la cumbre ha coincidido con la manifestación En pie por el clima, que reunió alrededor de 2.000 personas el pasado sábado en Madrid para pedir medidas más contundentes en la lucha contra el cambio climático y el fin de los combustibles fósiles.