Este verano la Ecomarcha ha pasado por Madrid, Segovia, Ávila y Salamanca. La ruta la han marcado los pueblos afectados por el boom de proyectos mineros. Dos veteranos ecomarchistas, Félix, coordinador del pelotón y enamorado de la bici, y Raúl, activista de Madrid y defensor de los ríos, nos guían en este viaje que compartieron durante quince días con casi 80 personas, según la etapa.

Félix Jiménez. Ecologistas en Acción de Madrid y ecomarchista. Raúl Urquiaga. Ecologistas en Acción de Madrid y ecomarchista. Revista Ecologista nº 97.

Dicen que las bicicletas son para el verano y, aunque en Ecologistas en Acción sabemos que son el mejor medio para moverse por la ciudad y viajar en cualquier estación, cada verano sacamos las bicis de ruta reivindicativa para nuestra Ecomarcha, desde hace ya ocho años.

En esta ocasión decidimos en el congreso de Valladolid que el tema central debía ser la minería, considerado como prioritario por la confederación de Ecologistas en Acción para este 2018, y nos pusimos a buscar itinerario. No fue difícil, teniendo en cuenta la que hay liada con los proyectos mineros en las provincias de Ávila y Salamanca.

Llegando a La Granja de San Ildefonso, Segovia. Foto Ecologistas en Acción.

El grupo de Segovia también quería participar del plan ecomarchero y se les incluyó de buena gana en el itinerario, que por esos lares también hay problemas ambientales. Solo quedaba buscar el lugar de inicio. Madrid no gustaba demasiado, pero tenía evidentes virtudes logísticas y geográficas (y mucha actividad minera en el sureste).

LLegada de la Ecomarcha 2018 a Segovia.

El formato de la Ecomarcha ha sido el de todos los años. Ya hemos ensayado de lo lindo en las siete ediciones anteriores y se nota en la soltura para pedalear, convivir y reivindicar durante quince días. Y aunque la media de participantes era de cien, este año hemos sido unas poquitas menos, alrededor de ochenta personas, pero lo que se perdió en volumen se ganó en ambiente familiar. Siempre estuvo presente ese clima de diversión, apoyo y confianza que se crea entre las personas que participan y que hace que la mayoría repitan.

La Ecomarcha a su paso por Ávila. Foto Raúl Urquiaga

 

Sí que hubo una novedad. Una comisión de ecofeministas ecomarcheras se encargó de trabajar estos temas, de hacer las asambleas menos aburridas y más operativas y de evitar que se pudieran dar situaciones desagradables. Nos vino de perlas.

Nos ponemos en ruta

Empezamos a toda prisa la tarde del 13 de julio en Madrid. Había mucho que reivindicar: la reapertura de la presa nueve del Manzanares (se conseguió pocos días después), la mejora de la calidad del aire en la ciudad y un modelo más amable de movilidad.

Al día siguiente salimos, con algo de sueño, hacia el sureste de la región. Vimos sus valores naturales, los ríos Jarama y Tajuña y los interesantes proyectos de la zona, como el de Garaldea, donde dormimos. No todo fueron cosas bonitas. El sureste madrileño está degradado por infinidad de canteras, incineradoras, graveras y lagunas de hidrocarburos donde mueren cientos de aves.

Charla sobre el lobo. Foto Raúl Urquiaga.

Hay que tirar para el norte, cruzar la gran urbe y aproximarnos a la sierra. Al paso por Madrid nos está esperando Paco. Este año no ha podido pedalear por una reciente operación, pero nos explicó los desmanes del rescate de las autopistas radiales. Unos kilómetros más adelante, Ana nos relató el pelotazo urbanístico de la Operación Chamartín. Pero más pelotazo fue su anuncio de que, el año que viene, vendrán con ella, en el clan ecomarchero, Jay y su bici reclinada, la perra Gertru y ¡una nueva criatura!

En la sierra escuchamos a Nines, en una tarde preciosa en la dehesa de Moralzarzal, hablarnos del Parque Nacional de Guadarrama y sus irregularidades. Al día siguiente, lo cruzamos por el imponente Puerto de Navacerrada, donde exigimos una verdadera protección de este espacio natural. La mayoría pudimos subir el puerto en bici y, como recompensa en la cima, tuvimos la ovación de todo el grupo. César, el compa que conduce la furgo, se puso su famosa camiseta con el lema “del deporte se puede salir”.

La Ecomarcha con la Plataforma contra la Mina de la Sierra de Ávila. Foto Raúl Urquiaga.

Un poco antes vivimos uno de los momentos más emotivos de la Ecomarcha. Hacía un par de meses que nuestro amigo y compañero Mariano se nos había ido de repente. Quisimos recordarle y recordarnos que le vamos a querer toda la vida, como dice la pancarta que llevamos a partir de ese día en una de nuestras bicis. Sin duda, de alguna forma, nos acompañó durante toda la ruta.

Ya en Segovia denunciamos el modelo ferroviario del AVE, pedimos el mantenimiento de las líneas regionales y una mejor intermodalidad gritando que “queremos meter las bicis en el tren”. Terminamos a los pies del Acueducto con foto para la posteridad, lectura de manifiesto y baile con pelucas incluidas.

Por las tierras segovianas se respira naturaleza, arte y ruralidad. Pero Claudio nos devolvió a la realidad relatándonos los muchos desmanes urbanísticos que se cuecen en Segovia. No todos lo pudieron escuchar, ya que algunos se echaron a los brazos de morfeo en aquel césped a la sombra (no os creáis que no os vimos).

Entramos en Ávila por el Campo Azálvaro. Valle de silencios, de despoblación, de naturaleza salvaje, de ganado perpetuo. Ávila lo ha mancillado colocando allí su gran vertedero. Ahora, a alguna mente perversa se le ha ocurrido ampliar la carretera que lo atraviesa. Un crimen.

En la Venta del Hambre, Sierra de Ávila, defendiendo las vías pecuarias. Foto Raúl Urquiaga.

Ya en la ciudad abulense, Elena nos instruye sobre la amenaza que supone la proliferación de proyectos mineros por todo el territorio del Estado. En la calle, Ávila se llena de miradas perplejas y curiosas al ver pasar el pelotón ecomarchero reivindicando, a voz en grito, otro modelo de movilidad. La muralla medieval es el incomparable decorado para terminar con otra foto mítica.

Segunda semana pedaleando

La segunda semana fue la de la visita a las plataformas que luchan contra los proyectos mineros. Gentes orgullosas de vivir en su tierra que la defienden con dignidad. Fueron días de emociones y encuentros inolvidables.

Los pueblos de la Sierra de Yemas se llenaron de camisetas amarillas y pancartas a nuestro paso. La Aldea del Rey Niño, Mironcillo, Riofrío y Sotalvo. El colofón fue en la pequeña pedanía de Cabañas, encaramada en lo más alto y rodeada de las cuadrículas de la concesión minera. Cantamos, bailamos, reímos, comimos y bebimos.

En la Sierra de Ávila, que visitamos al día siguiente, tenían la buena noticia de la Declaración de Impacto Ambiental negativa de la mina a cielo abierto proyectada. Sara de la Paz nos contó la buena nueva. Pero no se confían y quieren seguir creando proyectos que frenen la despoblación rural. En el pueblo de Cillán nos explicaron bien este gran problema. El camino se llena de kilómetros de tierra, sube y baja y, por desgracia, muchas caídas. Virginia y Ter se tuvieron que marchar pero ya se han recuperado.

Casi sin darnos cuenta entre pedaladas, cánticos, comidas, ronquidos y bailes nos habíamos plantado en Ciudad Rodrigo

Y en el Valle del Corneja, donde ya tienen experiencia en victorias contra Bezoya (contra un proyecto para explotar sus manantiales) y un parque eólico, tuvimos de nuevo multitudinarios recibimientos en Tórtoles y Bonilla de la Sierra. Las camisetas son verdes y también las llevan personas mayores, peques y todo el mundo… En Bonilla nos alagan con buena pitanza y una guía en exclusiva por las bellezas de esta perdida población.

No a la mina de uranio

Protesta contra la mina de uranio de Retortillo en la puerta del Ayuntamiento. Foto Raúl Urquiaga.

Entramos en Salamanca. Javyvy, aunque abulense, no hay cosa de las tierras salmantinas que no sepa, por lo que nos explicó magistralmente el problema de las macrogranjas. Carol se acercó a contarnos apasionadamente que se puede y se debe convivir con el lobo. Desde Guijuelo hasta el final, José Ramón, de la Plataforma Stop Uranio, fue nuestro guía y anfitrión. Y poco a poco entramos en la comarca del Yeltes. Los pueblos se volvieron a llenar de pancartas y camisetas, azules en este caso. “No queremos minas de uranio”, así se lo manifestamos en la misma puerta de la empresa minera Berkeley y en el Ayuntamiento de Retortillo.

Y así, casi sin darnos cuenta entre pedaladas, cánticos, comidas, ronquidos y bailes nos habíamos plantado en Ciudad Rodrigo. Entrada triunfal en la Plaza Mayor. “No a la mina, sí a la vida”. Solo queda celebrar que la familia de la Ecomarcha ha recorrido buenas tierras luchando con sus buenas gentes. Hay una verbena que suena hasta altas horas de la madrugada y decenas de activistas bailan y cantan en comunidad. Al día siguiente sentimos pena al despedirnos, emoción por todo lo vivido y la ilusión de volver a pedalear el año que viene, ya pensando en las posibles luchas que visitar.