Que el cambio climático es un fenómeno al que asistimos con pasmosa indiferencia nadie lo debería de poner en duda, aunque es posible que todavía no sepamos qué consecuencias nos acarreará a corto y largo plazo. Una sociedad con tecnología suficiente como para destruir el planeta en el que vive e, incluso, con capacidad para emigrar a otros mundos, puede jugar a predecir esos cambios a través de complejos programas de simulación, aunque sin duda dejará de evaluar múltiples variables que se le escapan.

Por eso ignorar el efecto del cambio climático o la repercusión de una modificación del clima sobre nuestro modo de vida, tal como lo conocemos, es una actuación poco inteligente que dice poco de nosotros como especie solidaria. Recordemos que a lo largo de la evolución humana la solidaridad entre los miembros de las primitivas comunidades hizo que hoy seamos lo que somos, con nuestras grandezas y nuestras miserias.

En torno al año 2855 antes de nuestra era se inició el evento climático 0,85 K, que supuso una modificación puntual y muy intensa de las condiciones climáticas. Este evento de aproximadamente un siglo de duración ha sido detectado en todo el planeta y pudo ser debido tanto a la reducción del contenido de ozono en la atmósfera como a un incremento del flujo de rayos cósmicos, directamente relacionado con la radiación solar. Los efectos de este suceso no fueron unitarios en todo el planeta pero en las zonas templadas y boreales de Europa, América del Norte y del Sur, en Japón y Nueva Zelanda marcó una transición puntual a un clima más húmedo y frío, en contraste con un ambiente generalizado de cambio de condiciones húmedas a otras más secas que venía siendo la tónica habitual en ese momento.

Pero a pesar de ser un evento de carácter intrusivo, aunque de escasa duración a escala prehistórica, en la meseta solo ha sido identificado arqueológicamente en el yacimiento “El Colegio” de Valdemoro, localizado bajo el actual colegio Ntra. Señora del Rosario y entre la calle Toledo y la calle Seseña.

El efecto ambiental de este aumento de las condiciones de humedad y de bajada de temperaturas tuvo trascendentales incidencias en las primitivas poblaciones humanas que habitaron Valdemoro. El paleoambiente de ese momento lo conocemos a través del análisis de varias muestras de polen que se tomaron durante las excavaciones arqueológicas de 2004, pertenecientes a varias estructuras de almacenaje de diversos periodos protohistóricos, reflejando un cambio importante en las condiciones de humedad y vegetación. Así en las muestras recogidas en periodos correspondientes al Bronce Final (900 antes de nuestra era), se detecta una mayor diversidad tafónomica que en las muestras tomadas en las estructuras de inicio de la Edad del Hierro (700 a. C.).

Los resultados de ese estudio arrojaron dos conclusiones determinantes:

  • La constatación de unas condiciones de mayor sequedad ambiental en el Bronce Final, y de una mayor humedad del suelo en la Primera Edad del
  • La presencia de especies asociadas a actividades de recolección como el avellano o el nogal presentes durante el Bronce Final, que desaparecen en la Edad del

Para aquellos primitivos pobladores de Valdemoro ese cambio de las condiciones ambientales les supuso modificar sus condiciones de subsistencia que se realizaron en un periodo corto y brusco. Estos cambios no previstos trajeron como consecuencia para la mayor parte de la meseta central que cambiaran los modelos de subsistencia y las condiciones de hábitat.

Hemos podido detectar en “El Colegio” que se trasladaron las viviendas a lugares más elevados y menos inundables, como consecuencia de la mayor y creciente humedad ambiental; los habitantes de este periodo de cambios debieron de modificar sus tipos de vivienda, adecuándola a un uso mayor de los espacios interiores, debido a una disminución de la temperatura. Se pasó de pequeñas estructuras circulares en torno a un hogar o fuego central, de carácter semiabierto, a otras de mayores dimensiones y cubiertas, con hogares o fuegos interiores (longhouse). Y sobre todo hubo modificaciones bruscas en el modelo de subsistencia; de una economía aún tendente a la recolección se debió de pasar a otra eminentemente más productiva, que requería más mano de obra y mayor intensificación de la actividad.

Los antiguos habitantes de lo que hoy es Valdemoro debieron de sobreponerse y adaptarse a las nuevas circunstancias ambientales que se generaron de forma imprevista y que les supuso drásticos cambios en el modelo de hábitat y de supervivencia. Pero seguro que esa adaptación no se realizó sin sufrimiento.

Sin embargo, ¿sabríamos nosotros acomodarnos a los efectos de un cambio climático cuyas consecuencias, aunque previsibles, desconocemos? La historia es el espejo donde leer el futuro.

Juan Sanguino Vázquez