Coincidiendo con la celebración del centenario del parque, Ecologistas en Acción insiste en la necesidad de ampliar la superficie protegida para mantener un patrimonio tan valioso y singular.

Mariano Polanco, ADEPA-Ecologistas en Acción de Sabiñánigo y miembro del Patronato del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Revista Ecologista nº 97.

El 16 de agosto se cumplieron 100 años de la declaración del Parque Nacional del Cañón de Ordesa y de la Montaña de Covadonga, nombres iniciales de los dos primeros parques nacionales españoles. El impulsor de la creación de Ordesa fue Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, quien, paradójicamente, era un avezado cazador de rebecos y osos. Fueron la ciencia, la cultura y el amor a la montaña la base del espíritu de la conservación que le llevó a culminar esta empresa.

Covadonga se inauguró el mismo año de su declaración con gran boato y presencia del gobierno. Ordesa tuvo que esperar dos años más para una humilde inauguración consistente en la plantación de un árbol, con la sola presencia de Pedro Pidal acompañado por los vecinos de Torla.

¿Qué habría sido de Ordesa si no hubiera sido declarado Parque Nacional? Cualquiera de las alternativas imaginables sería mucho peor que su estatus actual y no habría proporcionado tantos beneficios ambientales y de desarrollo socioeconómico. Podemos concluir que desde la declaración el balance es muy positivo, lo cual demuestra que la protección y conservación del medio natural son una forma de desarrollo perdurable.

Pero la discriminación de las instituciones españolas hacia Ordesa con respecto a Covadonga no quedó solamente en el acto de inauguración. Desde el principio hubo cierto recelo ya que a Covadonga le otorgaron casi 17.000 hectáreas y en Ordesa solo se protegieron 1.400.

Necesidad de ampliación

Ordesa, que nació tan pequeño, ha sido ampliado dos veces hasta las 15,608 hectáreas actuales, aún así resulta exiguo, aportando solamente el 8 % de la superficie protegida de parques de montaña del Estado español (Covadonga tiene ahora 67.000). Esta representatividad resulta muy escasa si se atiende a su emplazamiento en una cordillera lineal de la envergadura de los Pirineos, con grandes, singulares y diversos valores naturales.

Recientemente el Gobierno de Aragón (DGA) ha descartado ampliarlo, bajo el argumento de que no es una demanda del territorio. Ecologistas en Acción ha calificado esta postura de “injustificable y vergonzosa”, ya que el gobierno abandona la obligación pedagógica de dar a conocer la importancia de la protección de un medio tan valioso y singular así como de los beneficios que reporta. Los habitantes de la zona son conscientes de su importancia, lo que contradice el argumento del Gobierno de Aragón. La última encuesta a la población reveló que el 85 % de personas encuestadas consideraban el parque como un gran aliciente para la economía de la comarca.

Por otro lado, Ecologistas en Acción sostiene que no se pueden ignorar los argumentos técnicos y científicos que apuntan hacia la necesidad de la ampliación. La DGA desprecia el objetivo de la ampliación expuesto en el Plan Rector de Uso y Gestión (2015) y las recomendaciones del Grupo de Especialistas del Diploma Europeo de Parques, que en el documento de renovación (marzo de 2017) señala como deficiencia la escasa extensión del parque y recomienda su ampliación.

También desdeña las conclusiones del estudio encargado por el Organismo Autónomo de Parques Nacionales (publicado en 2002 y revisado en 2011) al catedrático y Premio Nacional de Medio Ambiente, Eduardo Martínez de Pisón. En este documento se describe el extenso patrimonio natural limítrofe con Ordesa y la necesidad de su protección, proponiendo la ampliación hasta las 63.300 hectáreas comprendidas entre la alta cuenca de río Gállego, el macizo de la Munia y el Valle de Barrosa.

Atendiendo a las singularidades geológicas, auténticos tesoros del patrimonio rocoso, prestigiosos expertos en la materia proponen ampliar la extensión aún más hacia el oeste, hasta los vestigios volcánicos y las formaciones permotriásicas del macizo del Anayet. Desgraciadamente la ampliación de la estación de esquí de Formigal, supuso una degradación que cercenó la continuidad del espacio. El decreto 223 del año 2006 por el que el Gobierno de Aragón se comprometía a iniciar el PORN del Parque Natural de Anayet-Partacua, duerme en algún oscuro archivo de la administración, dando continuidad a los incumplimientos del Gobierno de Aragón en materia de conservación del medio natural.

Observando las profundidades del valle de Ordesa

Celebración intrascendente

La celebración del centenario está resultando intrascendente y vacía de contenido. Jolgorio, derroche y celebraciones vacuas, que no aportan ningún beneficio para el Parque Nacional, soslayando las necesarias medidas para su conservación. Si en estos 100 años se hubieran protegido eficientemente sus hábitats, las poblaciones de flora y fauna y sus valores culturales, este centenario sería un gran evento a celebrar. Sin embargo, cuestionamos que todos estos años de protección legal hayan servido para conservar e incrementar el patrimonio natural heredado.

El listado de ejemplos engrosa el balance negativo de estos años. Se ha extinguido el bucardo, ha desaparecido el urogallo, al igual que la escasa agricultura de montaña. La ganadería extensiva de montaña -que ha conformado grandes extensiones del Parque- y sus ecosistemas asociados se encuentran en un estado crítico y no se ha hecho apenas nada respecto a la conservación de las praderas alpinas. Como consecuencia, su deterioro es muy preocupante y el avance de la matorralización, propicia la pérdida de biodiversidad. La sucesión de desaciertos y mala gestión que concluyó con la extinción del bucardo merecerían un capítulo aparte. Los intentos de la imposible clonación de esta especie y el dinero invertido se podrían considerar uno de los timos mejor montados en Aragón.

Los espacios circundantes pertenecientes a la Red Natura 2000 carecen de los necesarios Planes de Gestión, infringiendo gravemente la normativa europea y por tanto no se ha podido conectar ni unificar la gestión de ecosistemas que tienen continuidad más allá de la zona protegida. Las poblaciones periféricas del Parque, por ejemplo, carecen de depuradoras y vierten sus aguas residuales a los ríos de montaña, contaminando y deteriorando la calidad de las aguas. Sirva como ejemplo el pueblo de Torla (que ha cambiado su nombre por Torla-Ordesa), principal entrada al Parque, que vierte sus aguas residuales al barranco Lugar, transformando su curso en una auténtica cloaca de aguas fecales que acaban mezclándose con las del río Ara a la altura del puente de Gualar.

Ante los continuos anuncios que incitan a las empresas a patrocinar los actos del centenario, ofreciendo ventajas fiscales por la excepcionalidad del evento, Ecologistas en Acción ha afirmado que parece que a los gobernantes aragoneses solamente les interesase la mercantilización del Parque de Ordesa. En cambio, su protección, ampliación y el desarrollo rural de las zonas de influencia quedan relegados a un segundo término. La situación es preocupante. Pero el Gobierno de Aragón no entiende que la fragilidad del Parque debida a su poca extensión es lo que le hace más vulnerable a estos peligros.

Ordesa en octubre. Foto Mariano Polanco