No somos pocos los que recordamos, en mayor o menor medida, la presencia de peces en nuestro río Marbella; los más veteranos incluso hablan de algunos de un tamaño similar al barbo (que probablemente lo fuera, dada su presencia en el Guadajoz), en zonas del río cercanas al casco urbano, algo que nos parece impensable hoy día. Yo personalmente tengo recuerdos de mi niñez en el manantial del Marbella, próximo a Luque, dónde en los mismos canales hidráulicos por los cuales discurría el agua procedente de la surgencia, podía observar multitud de pequeños peces.

Sin duda hablamos de otros tiempos, dónde la calidad de aquellas aguas y su entorno distaba mucho de la que pocos años más tarde nos presentaría un río degradado, sin fauna piscícola visible, ausencia de multitud de anfibios e invertebrados, una eutrofización descontrolada y una vegetación riparia muy rebajada en densidad, si no ausente en el peor de los casos en muchos tramos.

Los cursos fluviales son hábitats especializados de animales y plantas, lo cual hace que este ecosistema sea particularmente sensible a los cambios que el hombre produzca en ellos, ya sea en el balance hídrico como en las características químicas del agua. En el primer caso, esta variable no es fácil de cuantificar dado que  nuestro clima mediterráneo, se caracteriza por la alternancia de periodos muy secos con otros más abundantes y descontrolados que traen consigo desbordamientos del caudal. De ello tenemos constancia histórica ya en época musulmana, con textos como el que nos describe la sequía del año 846, donde el río Guadalquivir llegaba sin agua a Córdoba. No obstante es notorio que obras como embalses, sistemas de irrigación, y canales, entre otros, afectan al nivel del caudal. Sí es más evidente la responsabilidad del hombre sobre la contaminación de las aguas superficiales por una variedad de residuos como los fertilizantes y abonos, más comunes en una zona rural como la nuestra, o los vertidos de aguas residuales, lo cual nos presenta un agua con elevadas concentraciones en sulfatos, cloruros, nitratos y fosfatos; contaminantes que terminan llegando por filtración a las aguas freáticas.

Es por ello que en suma, fenómenos de destrucción, fragmentación y degradación de nuestro río Marbella, provocaron el declive de sus especies piscícolas. Como muestra de ello podemos ver como en un estudio dirigido por Carlos Fernández-Delgado, sobre distribución y estado de conservación de los peces del Guadalquivir, entre la Universidad de Córdoba y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, de 5 años de duración y publicado en el año 2014, se muestrearon 2 tramos distintos del río Marbella, dando un resultado negativo.

Por desgracia este no es un mal exclusivo de nuestro río, dado que se sabe que las subcuencas de la margen izquierda del Guadalquivir, sufren una mayor degradación en la calidad de sus aguas y consecuentemente mayor pobreza en cuanto la cantidad y diversidad de la ictiofauna.

A pesar de todo lo expuesto anteriormente, con un panorama que nos induce al pesimismo, en ocasiones la naturaleza nos deleita con agradables sorpresas. Una de ellas es la recolonización de la colmilleja (Cobitis paludica) en el Marbella y especialmente en un paraje del río históricamente maltratado y degradado como es el de la Ermita de los Ángeles. Este pez de pequeño tamaño que vive próximo al fondo, es de amplia distribución en toda la península y su tamaño es muy variable entre 13 cm. y 7 cm. (siendo más grandes las hembras que los machos). Entre sus amenazas hay que destacar la presencia de especies exóticas que depredan sobre ella o que provocan la turbidez del fondo como el cangrejo rojo americano y sin duda las actuaciones humanas sobre los cauces, junto a la contaminación por vertidos humanos y agrícolas (Sánchez-Carmona et al.).

Por sí misma su presencia puede ser usada como un bioindicador de la calidad de un tramo de un río, ya que es esta especie requiere de fondos compuestos por un sedimento fino de arena y gravas, con poca tolerancia a la alteración de los cauces y exigentes en cuanto a la calidad físico-química de las aguas.

Por ello la presencia de esta especie, catalogada como Vulnerable en Andalucía, nos debe servir para concienciarnos acerca del trabajo de recuperación y regeneración de un ecosistema o de un área determinada y su conservación, llegando a dar sus frutos en forma de un paisaje otrora olvidado. A partir de aquí ser conscientes de lo que habíamos perdido, sensibilizarnos y poner los medios para que ello no vuelva a suceder.

En este sentido hay que destacar la gran labor que el grupo GRODEN-Ecologistas en Acción ha venido realizando durante muchos años, con campañas de repoblación vegetal, concienciación y denuncia de las agresiones a nuestros cursos fluviales, gracias a lo cual hemos sido testigos de cómo podemos transformar un paisaje protagonizado por un río desnudo de márgenes erosionados y contaminado por purines y vertidos, en uno con una vegetación de ribera en auge, con presencia y desarrollo de macrófitos y consecuentemente más atractivo y tolerable para la fauna.

Queda mucho por hace, es cierto, no hay lugar a la relajación, todos podemos y debemos ser partícipes de la conciencia colectiva ambiental que en definitiva a todos nos beneficia.

Jose Antonio González León. Groden-Ecologistas en Acción de Baena