Como la mayoría de los ciclos de movilización, el movimiento antiglobalización ha tenido un crecimiento hasta el clímax y una caída posterior, reconvirtiéndose en otros procesos de transformación social y política. Repasamos estos momentos señalando el papel que desempeñamos Ecologistas en Acción y como nos influyó.

Luis González Reyes, Tom Kucharz y Beatriz Sevilla. Área de Antiglobalización, Paz y Solidaridad. Revista Ecologista nº 98.

La gestación

En un contexto de reflujo de los movimientos sociales se produjo, en 1989, la caída del Muro de Berlín y, tres años más tarde, la Guerra del Golfo, con la instauración del “Nuevo Orden Mundial”: la globalización del capitalismo neoliberal. En esta época en la que se hablaba del “fin de la historia” empezó a nacer el movimiento antiglobalización. En 1988, la cumbre del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) en Berlín encontró enfrente un foro alternativo y una incipiente respuesta en la calle. Otro germen fue la creación de La Vía Campesina en 1992, fruto del proceso de articulación de la Campaña Continental 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular (1989-1992, como crítica al V Centenario del inicio de la conquista de América Latina). En esta etapa embrionaria, se produjo la primera contracumbre recogida de manera importante por los medios de comunicación de masas, la que tuvo lugar en 1992 durante la realización de la Cumbre de la Tierra de la ONU en Río de Janeiro. En el Estado español, se organizó la campaña Desenmascaremos el 92 con ocasión de la Expo de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona, con acciones con contenido ecologista denunciando la destrucción territorial y la especulación urbanística de los macro eventos.

Los movimientos sociales empiezan a desplegar las raíces

En 1994, se produjo el alzamiento zapatista en Chiapas (México). Su impacto fue espectacular, alcanzando desde el principio una dimensión global. La rebelión zapatista significó un soplo de aire fresco, con un nuevo discurso y una nueva práctica. Su influencia fue muy profunda en el movimiento antiglobalización, como después recogemos. Aedenat tuvó un papel muy activo en el movimiento internacional de solidaridad con el zapatismo y participaron en la organizaron del Segundo Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo celebrado en 1997 en el Estado español.

En 1998, fruto de ese encuentro, surgió una gran coordinación mundial de movimientos: la Acción Global de los Pueblos contra el “Libre Comercio” y la OMC (AGP). En ella, se encontraron grupos del Centro (centros sociales autogestionados, parados/as, contra la Europa de Maastricht, ecologistas como Aedenat o de solidaridad con la población excluida), de las Periferias Sur (indígenas, campesinos/as como el MST de Brasil o el KRRS de la India, o el movimiento obrero coreano o turco), y de la Periferia Este (ecologistas o anarquistas). La AGP se definió como anticapitalista y tanto sus métodos de actuación (acción directa no violenta), como sus propuestas (construcción de alternativas locales por la población, reforma agraria, redes de trueque, centros sociales okupados, agroecología) intentaron salirse del sistema. De este espacio salieron llamamientos a “días de acción global”, como los que emulaban al colectivo británico Reclaim the Streets mediante la ocupación festiva de las calles por las personas frente a los automóviles.

También en 1998 nació otro de los referentes que marcó el desarrollo del movimiento antiglobalización: ATTAC. Su origen fue francés a partir de un llamamiento del periódico Le Monde Diplomatique, pero se extendió por 35 países. El aglutinante fueron propuestas de reforma del capitalismo (destacó la Tasa Tobin a la especulación financiera), aunque fue evolucionando hacia una crítica más sistémica.

En este periodo, también se expresaron en la calle estas redes. Así, en 1994 en Madrid se organizaron toda una serie de eventos contra la celebración por parte del BM y del FMI de su 50 aniversario. En parte, esta contestación se hibridó con la acampada para reclamar el 0,7 % de los PGE para cooperación, todo un hito en la movilización ciudadana de esa época que tuvo mucho de acción directa y de mirada global, dos elementos definitorios del movimiento antiglobalización. También hubo respuestas a las políticas de la Unión Europea (UE). Primero de forma incipiente en Madrid (1995), y luego masivas y de forma coordinada en varios países con las Marchas Europeas contra el Paro, la Exclusión Social y el Racismo en Ámsterdam (1997) y Colonia (1999). Crecieron igualmente las movilizaciones contra las cumbres del G-7/8 (Colonia, 1999) y se internacionalizaron las campañas sobre temas concretos como la deuda externa o el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) 1. Estas movilizaciones congregaron a decenas de miles de personas, e incluyeron importantes foros de discusión y acciones directas.

En este despliegue de raíces, el papel de Aedenat, primero, y de Ecologistas en Acción, después, no es exagerado decir que resultó determinante. Realizamos las labores de secretaría y dinamización del Movimiento contra la Europa de Maastricht y la Globalización Económica, que fue el articulador principal en España en esta fase del movimiento antiglobalización. En él, también destacó el trabajo de otras organizaciones como Baladre, el CAES, CGT o IU. Fue desde ese espacio desde el que se difundió gran parte del discurso crítico con la globalización 2, se lanzaron movilizaciones internacionales (Madrid, Ámsterdam, Colonia) y estatales (las primeras ediciones de Rompamos el Silencio 3, junto a la Coordinadora de Barrios de Madrid) y se articuló la coordinación con redes internacionales (“50 Years is Enough”, AGP, “Nuestro Mundo no está en venta”). Esto no respondió a un consenso interno en el ecologismo social español de la importancia de estos temas, sino que fue fruto del empuje de sectores determinados, en algunos casos con importantes conflictos internos. Estos conflictos atravesaron los primeros años de Ecologistas en Acción generando considerables tensiones.

El movimiento antiglobalización como fenómeno mediático y político

Al final de 1999, la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que se desarrollaba en  Seattle (EE UU) fue bloqueada por una plural movilización que se gestó durante más de un año y en cuya preparación tuvo un papel destacado la AGP. Las movilizaciones también se produjeron en más de 70 ciudades de más de 30 países. A la revuelta ciudadana se sumaron muchos Gobiernos de las Periferias, que se negaron a aceptar las condiciones que querían imponer los países centrales. Así apareció mediáticamente el movimiento antiglobalización.

 

A partir de Seattle, se produjeron las movilizaciones más sonadas contra los organismos internacionales que regulan el capitalismo: FMI, BM, OMC, G-7/8, OCDE, Foro Económico Mundial. Tanto en el Centro (Washington, Melbourne, Ginebra, Praga, Davos, Barcelona, Bolonia), como en las Periferias (Hong Kong, Seúl, Chiang Mai, Bangkok, Guadalajara-México). Las movilizaciones también fueron contra organismos regionales como la UE (Niza, Gotemburgo), el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) (Quebec), el Foro Económico Asia Pacífico, así como las multinacionales (Millau, Cochabamba, Brasil, Sudáfrica) y la clase política (Washington, México DF, Argentina). Además de los grandes momentos globales, se llevó a cabo una miríada de luchas locales. Era un movimiento internacionalista sobre dinámicas de acción y confluencia territorializadas. Estas dinámicas locales se copiaban unas a otras (foros sociales, bloqueos, cacerolazos). Esta etapa estuvo caracterizada por el “asalto a la zona roja”, el intento de bloquear las cumbres organizadas por el poder. En todo caso, al final del periodo se empezó a romper la dinámica cumbre-contracumbre con la organización del Primer Foro Social Mundial en Porto Alegre (2001).

Durante esta fase, el discurso avanzó mucho y fueron aparecieron potentes centros de estudio por todo el mundo (San Francisco, Ámsterdam, París, Montevideo, Penang, La Habana, Buenos Aires, Ginebra, Cochabamba, Ciudad del Cabo, México DF, Dakar, Manila, Bangkok), así como numerosa literatura de divulgación como Globalización capitalista: luchas y resistencias.

Todo ello quebró la imagen mediática de victoria sin contestación del capitalismo global y erosionó profundamente la legitimidad de las instituciones mundiales que lo impulsaban. En esta fase, el poder en general se movió a contrapié.

¿Cuáles fueron los elementos diferenciales de este movimiento? En el discurso, destacó la fuerte presencia de las demandas de las Periferias (anulación de la deuda externa, reconocimiento de la deuda histórica y ecológica del Centro con las Periferias, reivindicaciones de los movimientos campesinos e indígenas). Emergieron nuevos temas como la libre circulación de las personas, la supresión de las instituciones financieras internacionales, el control democrático de las multinacionales, no patentar la vida o la eliminación de la liberalización del comercio. Se exigió democracia radical y se impugnó la visión eurocéntrica, colonialista y heteropatricarcal del mundo. Además, aumentó el cuestionamiento de las estructuras verticales de sindicatos y partidos, así como de la necesidad de la toma del poder del Estado para potenciar los cambios liberadores, profundizando una dinámica que ya se había apuntado en el 68, un mensaje que enlazó con el zapatismo. La revolución se imaginó más como la disolución del poder que como su conquista. Igualmente, fue cuajando una narrativa antidesarrollista.

Todo esto fue facilitado por un discurso y una organización en red, que favorecía los “y” más que los “o”: los movimientos se enriquecían unos a otros. La feroz batalla ideológica que había sacudido a la izquierda a lo largo de más de 100 años se difuminó sensiblemente a finales del siglo (cosa que ya había empezado en el 68). Además, a la hora de organizar las movilizaciones, el papel de los colectivos fue perdiendo peso frente al de los individuos, conformándose plataformas que agrupaban cada vez más a personas y no a organizaciones. En paralelo, fueron primando formas de relación y organización más laxos. Todo ello facilitado por internet.

Fue un movimiento mucho más amplio territorialmente que cualquiera de las Internacionales previas. Sobre todo, porque la participación de La Vía Campesina, organizaciones indígenas y movimientos contra grandes represas o la minería hizo que estuviesen presentes en él muchos de los espacios menos modernizados y urbanizados del mundo. En cualquier caso, el movimiento antiglobalización no se expresó en importantes territorios del planeta (China, Rusia, mundo árabe). Las dinámicas antagonistas liberadoras fueron prácticamente inexistentes o muy limitadas allí donde se enseñoreó el “socialismo real”. No solo porque las sociedades civiles autoorganizadas en dichos territorios eran extremadamente débiles, sino porque el autoritarismo y la represión estatal estaban escalando. Ese ha sido el legado que han dejado en general los procesos revolucionarios del siglo XX. Algo parecido sucedió en los territorios donde más se expandió la lucha armada. Allí el Estado salió más reforzado (Colombia, Perú, Centroamérica, Alemania, Reino Unido, Italia, España) y la movilización social tuvo que moverse entre la espada del Estado y la pared de la guerrilla. De ahí nuevamente la importancia de las enseñanzas zapatistas.

A pesar de que Ecologistas en Acción estuvimos en el corazón del movimiento desde el despliegue de raíces, su eclosión mediática y masiva no dejó de sorprendernos. A esta sorpresa inicial siguió una capacidad de adaptación notable. El Movimiento Anti-Maastricht, que había sido la principal herramienta durante el anterior periodo, dejó de existir por decisión de sus propios/as fundadores/as y las fuerzas se repartieron en dos redes nuevas. Por un lado y prioritariamente, el MRG (Movimiento de Resistencia Global), que protagonizó las acciones directas noviolentas más espectaculares de esa época tanto a nivel internacional (Praga, Génova), como estatal (monos blancos en Barcelona y Madrid). Por otro lado, RCADE (Red Ciudadana para la Abolición de la Deuda Externa) que, partiendo de campañas mucho más suaves previas, organizó una novedosa, desobediente y masiva consulta social en casi 500 localidades del Estado durante las elecciones generales de 2000 contra la deuda externa. Consiguió aglutinar a una gran diversidad de personas, desde redes cristianas hasta sectores de solidaridad internacional. Ambos espacios significaron una primera inmersión en el activismo de toda una generación.

A nivel interno, en Ecologistas en Acción las dudas sobre sí apostar por ese tipo de movilizaciones y temáticas fueron desapareciendo con cierta rapidez. Volcamos gran parte de nuestras fuerzas en ellas y empezó un proceso muy bello de contaminación y enriquecimiento entre nuestras distintas sensibilidades. Esto se puede seguir en las actividades de los grupos y de las áreas, en la composición de la Secretaría Confederal o en las narrativas que emanan desde los distintos canales de la organización. También se produjo una traslación al interno de Ecologistas en Acción de las características propias del movimiento.

Las élites contraatacan… y obtienen respuesta

La brutal represión que se produjo en Génova (2001) y los acontecimientos que siguieron al 11-S dejaron al movimiento antiglobalización en un pequeño impass. Pero esta situación duró poco y resultó superada por las movilizaciones en Barcelona (Contra la Europa del Capital), Florencia (Foro Social Europeo), Washington (contra la guerra), América Latina (plebiscito contra el ALCA, Mar del Plata) o en Argentina (“¡qué se vayan todos!”) y éxitos como la paralización del ALCA, que contribuyó significativamente al ciclo de políticas antineoliberales latinoamericanas. Acompañando a esta masa humana que se movilizaba, se fue produciendo una pérdida de la capacidad de ruptura de la normalidad (salvo en América Latina) y el final de los “asaltos a las zonas rojas”.

Otro hecho diferencial en esta etapa post-11-S fue la eclosión del los Foros Sociales (mundiales, continentales, estatales/territoriales y locales). Los FSM se empezaron a celebrar anualmente (hasta el 2007, que pasaron a ser bianuales) y se desarrollaron también a escala local y regional. Igualmente, se organizaron foros temáticos. Fueron la expresión coordinada de un amplio y diverso “no” al capitalismo global, de la puesta en común y debate de muchos “síes” como posibles alternativas, así como del impulso de diversas dinámicas de lucha y movilización. Los FSM han sido un espacio de encuentro y deliberación, ya que no era posible una coordinación fuerte de miles de luchas. Y no solo posible, sino tampoco deseable, pues habrían perdido autonomía y capacidad de adaptación local, desgastando muchas fuerzas en una innecesaria coordinación profunda. Pero sí se coordinaron luchas concretas y fechas de aglutinamiento colectivo de fuerzas. En la organización de estos eventos, cumplieron un papel determinante grandes organizaciones como el MST, La Vía Campesina, confederaciones sindicales como la CUT (Brasil), ORIT (hoy CSA), CSI, COSATU y KCTU, Marcha Mundial de las Mujeres, Consejo Mundial de las Iglesias, Oxfam, Caritas, Third World Network, CADTM, Grassroots Global Justice y ATTAC.

Resaltando la diversidad de este movimiento, nos decantamos por llamarlo antiglobalización o por la justicia global, y no alterglobalizador o altermundialista. Fue un movimiento cuya unidad estuvo alrededor de la crítica a la globalización, la única existente, la capitalista. Dentro de ese gran “no”, convivieron variados “síes”, desde sectores que propugnaban la urgencia de su regulación y la necesidad de reforzar el Estado-nación, en especial su dimensión social, hasta aquellos que planteaban la imposibilidad de reforma del capitalismo y propugnaban el desmantelamiento de las instituciones que lo propiciaban y la necesidad de articular la economía desde lo local. Dentro de una cierta diversidad interna, Ecologistas en Acción nos enmarcamos fundamentalmente en la última sensibilidad.

 

Lo positivo y nuevo era que este vasto y muy diverso elenco de grupos y organizaciones confluyera en un mismo movimiento, o se sintiera parte de una misma dinámica de contestación global, y que así lo percibieran los principales centros de poder global. Incluso colectivos que no participaban directamente en el movimiento antiglobalización y que tenían un carácter más local se sentían en mayor o menor medida parte de él.

Otra característica definitoria de esta etapa fue que los estamentos de poder dejaron de estar en una situación de estupor y tomaron la iniciativa. Se fueron extendiendo las posturas más duras dentro de la élite mundial, edulcoradas con estrategias como el Global Compact 4 y la Responsabilidad Social Corporativa. Así, el G-8 o la OMC pasaron a reunirse en lugares de más difícil acceso público y con muchísima menos fanfarria. En segundo lugar, la represión se hizo cada vez más dura, tanto la directa, como la legislativa. Esto se unió a la labor de los medios de comunicación, que consiguieron encasillar en una identidad cerrada (y en ocasiones “violenta” e “irracional”) al movimiento. Además, se produjo un intento fuerte de fragmentación del movimiento. Por un lado, buscando cooptar a los sectores más “reformistas” por parte de la socialdemocracia. Por otro, criminalizando a los más “radicales”, donde la estigmatización del Black Block fue determinante. Ante ello, el FSM cumplió un papel importante frenando los intentos de división, criminalización, deslegitimización y desactivación de la contestación.

En esta fase, la aportación de Ecologistas en Acción resultó muy relevante. Destacó especialmente el papel de puente entre distintos colectivos, en una organización del movimiento que resultó difícil y tortuosa, el de elaboración de discurso 5 y el trabajo concreto para sacar adelante las campañas, en muchos casos disolviéndonos en ellas.

Fin de ciclo que abrió nuevos ciclos

La guerra contra Irak desató una enorme oposición ciudadana internacional, que se concretó en la mayor movilización social mundial ocurrida hasta la fecha: el 15 de febrero de 2003. La movilización no logró parar el ataque, pero supuso un rechazo formidable a la deriva neoimperialista de EE UU, contribuyendo a la quiebra de su imagen en el mundo.

En el Estado español, se produjeron algunas de las movilizaciones antiguerra y actos de desobediencia civil masiva más importantes. Uno de sus resultados fue la pérdida de las elecciones por el PP en 2004. Las movilizaciones fueron tan masivas como controvertidas en su organización, con una lucha fuerte entre distintos sectores de la izquierda por encabezarlas. Ecologistas en Acción fuimos un actor importante en la agitación anti-guerra y en la creación de discurso (por ejemplo, con el lema “No más sangre por petróleo”), pero en la coordinación de muchas de estas movilizaciones elegimos pasar a un segundo plano ante los enfrentamientos fratricidas por liderarlas.

Estas movilizaciones fueron un fruto parcial del movimiento antiglobalización, pero a la vez marcaron un cambio de ciclo. Así, desaparecieron el MRG y la RCADE, pero sus luchas han seguido transmutadas y transversalizadas en otras. Un ejemplo fue el movimiento mundial por la soberanía alimentaria y la agroecología impulsado por la celebración del Foro para la Soberanía Alimentaría en Sélingué (Mali, 2007). Otro caso fue la campaña “¿Quién debe a quién?”, que consiguió la presentación de una (descafeinada) ley de deuda externa, y planteó la importancia de vincular la lucha contra la pobreza y las desigualdades con la crisis ecológica y el crecimiento económico. Años mas tarde, esta campaña, en la que Ecologistas en Acción participó activamente, se mudó, bajo la influencia del 15M, en la Plataforma “Auditoría Ciudadana de la Deuda, ¡No debemos, no pagamos”. Además, hubo destacadas campañas como la lucha contra la Constitución Europea (2005), la movilización “Cumbre de los Pueblos – Enlazando Alternativas” de Madrid con ocasión de la presidencia española de la UE (2010) o más recientemente la campaña contra los tratados comerciales TTIP y CETA.

Como balance final, constatar que existió un importante desfase entre la capacidad del movimiento antiglobalización y los ataques neoliberales que se siguieron produciendo, excepto en América Latina y algún otro ejemplo más (donde además tuvieron características propias, como la toma del Estado a través de amplias coaliciones sociales). Además, incluso donde tuvo más sostén social, el movimiento se quedó lejos de alcanzar de lleno los corazones y las mentes de amplios sectores de la población. Por una lado, la conquista del alma llevada a cabo por la sociedad de consumo y de la imagen pesaba fuertemente en el otro lado de la balanza. Por otro, la dependencia de un salario y la deuda ejercían como cadenas muy difíciles de romper.

Sin embargo, el movimiento antiglobalización fue capaz de desterrar el imaginario de la “globalización feliz” y de imprimir otras narrativas, y formas de organización y de expresión. También tuvo victorias políticas (ALCA, AMI). Todo ello estuvo en la génesis del siguiente ciclo de luchas, que fue cualitativamente y cuantitativamente más importante: el movimiento indignado y de ocupación de plazas que eclosionó entre 2008 y 2011 en diferentes países (Islandia, Túnez, Egipto, Grecia, Portugal, España, Reino Unido, EE UU).

  1. Un acuerdo internacional que perseguía aumentar la liberalización de las inversiones en el mundo y que no llegó a firmarse gracias a la presión popular.
  2. Destacaron textos como La Explosión del Desorden (1993) y Contra la Europa del Capital y la Globalización Económica (1996) de Ramón Fernández Durán.
  3. Organización de acciones directas concentradas en unos días con diversos objetivos y una capacidad comunicativa fuerte que se llevaron a cabo en Madrid y Córdoba.
  4. Es un acuerdo a tres bandas entre empresas transnacionales, la ONU y grandes ONG y sindicatos que articula la “voluntad” de las empresas de cumplir una serie de criterios ambientales y sociales.
  5. Por ejemplo, Capitalismo (financiero) global y guerra permanente de Ramón Fernández Durán.