Cuando paseo por la ribera de un río, me viene a la memoria las tardes en el Pozo Cubillas, junto al “Pasti” y a Juanito “El manco”. Y recuerdo el sonido de la enorme caña de mi padre que cimbreaba al lanzar y veo el sedal saliendo del carrete, y cómo el espigado corcho, empujado por los plomos, volaba hacia el Ebro con la ova enganchada en el anzuelo. Al poco rato, empezaba la lucha con un gran barbo que terminaba cuando se le veía boquear en la orilla, para volver a respirar metido en la red, que, sujeta por unas piedras, lo mantenía vivo y fresco. Al final en la cesta llegaba a casa y nos lo comíamos con mucho cuidado, por la gran cantidad de espinas que tiene este pez. Lo siguiente que recuerdo es cuando mis dos hermanos preparaban sus cañas para bajar a Puente Madre en el autobús de La Estrella. Cómo buscaban “gusarapas” debajo de las piedras, cebo infalible para pescar bermejuelas, negrillos y loínas, a veces de dos en dos. ¡Qué sabor teníanestos pececillos, bien fritos en aceite! Las truchas llegaron después. Y luego los anocheceres de los cangrejos en la ermita del Bueyo de Albelda.

Yo no sé por qué motivo a mí no me dio por ser pescador. Quizás no tenía valor para dar muerte a las truchas partiéndoles la espina dorsal. Lo cierto es que, a pesar de no ser pescador, si crecí con pescadores y sobre todo crecí en la ribera del Iregua.

Por eso, a pesar de los cinco nuevos tramos de pesca sin muerte, no puedo dejar de sufrir con el estado actual de nuestros ríos y de nuestros peces. La contaminación difusa que proviene de abonos y pesticidas, la regulación del agua con los embalses, las tomas de agua para las centrales hidroeléctricas, los canales de agua para regadíos a manta, los encauzamientos y eliminación de la vegetación de ribera. Todo ello junto al abandono de los usos tradicionales de disfrute y baño, ha originado un desastroso estado de los ríos.

¿Y los peces? En este caso el desastre es aún mayor. Recuerdo cuando llegó el lucio al Ebro. A alguien se le ocurrió que sería muy interesante la pesca de este tiburón de río. Pero no se le ocurrió pensar en que se comería los alevines de las truchas. Y a alguien más se le siguió ocurriendo que sería bueno que hubiese black-bass, alburno, trucha arco-iris y después llego el siluro que parece ser que es el no va más de la atracción piscícola y que va a contribuir al mantenimiento de los pueblos de la Laponia española. Todas estas especies invasoras por no hablar del cangrejo rojo, han contribuido a que nuestros peces estén en un estado lamentable, sobre todo en el Ebro y tramos bajos de sus afluentes.

En el resto de tramos la presencia de la trucha que se suelta todos los años con ejemplares procedentes de la piscifactoría de Brieva, mantiene el tipo y esto permite que siga habiendo pescadores. Pero los problemas siguen siendo importantes para el resto de los peces. Un río regulado es un río que ya no es natural. Ahora que se anuncia la puesta en funcionamiento del embalse de Enciso, hay que dejar claro que el río Cidacos ya no será lo que es, un río que, con todos los problemas de estiajes, destrucción de riberas y demás desastres, aún mantiene una población de barbo colirrojo de las más importantes de toda la penínsulaibérica. En cuanto comience a bajar la temperatura del agua en los desembalses, adiós a este pez exclusivo de estas aguas.

Seguramente se podrán pescar truchas y algún pescador, de esos que no tiene ni idea de lo que es un río, se alegrará, pero los pocos veteranos que van quedando se acordarán del cachuelo y de la loína con nostalgia. Que haya mucha agua en verano y menos en primavera no es natural. Que la temperatura del agua que se desembalse mate todo lo que se cría en el río, no es natural y que muchos tramos se lleguen a secar casi por las tomas de los canales, no es natural.  Y cada vez hay menos pescadores y cada vez abandonamos más nuestros ríos y nuestros peces. Cuando alguien pesca un enorme siluro en el río Ebro, y es noticia, y sale con una gran sonrisa en la foto, la imagen positiva que se trasmite, es en realidad la imagen de la derrota para la vida natural en nuestros ríos, a pesar de la pesca sin muerte.

Julio Verdú Castro, biólogo, miembro de Ecologistas en Acción, y representante de las asociaciones de defensa de la naturaleza en el Consejo de Pesca de La Rioja.