Miles de construcciones se levantan en cauces de ríos y zonas inundables en contra de lo que dice la ley. Mientras, se prevé que las lluvias y  tormentas sean cada vez más intensas debido al cambio climático.

Erika González Briz, Santiago Martín Barajas. Área de Agua de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista 98.

Olas que llegan a la quinta planta de un hotel en Tenerife, viviendas, residencias, centros deportivos y de atención a personas con diversidad funcional inundados, calles y carreteras convertidas en ríos en los que la fuerza del agua se lleva todo.

Son algunas de las imágenes que hemos visto en los medios de comunicación recientemente donde se presentan las lluvias torrenciales y tormentas como fenómenos con gran capacidad de destrucción. Lo que no suele aparecer en el foco mediático es que esas construcciones afectadas están casi al borde del mar o en medio del cauce de un río o hay una infraestructura que ha desviado el agua hacia las zonas afectadas.

Los efectos de las crecidas de los ríos y las inundaciones por las lluvias han sido menospreciados en la península ibérica y en los archipiélagos, especialmente en la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de la historia, se había tenido muy en cuenta este proceso natural y por eso la localización de la mayoría de los cascos viejos de las poblaciones ha evitado su inundación. Y si se inundan suele deberse a modificaciones realizadas en los cauces aguas arriba. Sin embargo, se ha ido perdiendo el respeto a los efectos que pueden tener las avenidas, debido a la falsa creencia de que se pueden controlar. Así, a partir de los años 50 se empezaron a construir miles de viviendas zonas de alto riesgo de inundación.

El resultado es la profundización del daño ambiental en los ríos por los vertidos contaminantes y la destrucción del bosque de ribera, que tan útil es para paliar los efectos de las avenidas. Y también ha aumentado el riesgo que suponía para la seguridad de las personas. Esto ha sido advertido por el movimiento ecologista desde la década de los 90 pero la respuesta de la Administración ha sido hacer oídos sordos y tachar las denuncias de alarmistas y de “ir contra el progreso”.

Existen miles de construcciones situadas en cauces de ríos y zonas de alto riesgo de inundación. Son viviendas, camping, polideportivos, residencias, colegios, bares, etc.

Biescas y otros casos

En 1996 tuvo lugar la tragedia del camping de Biescas, Huesca, murieron 87 personas por una avenida de agua. A partir de ese momento, Ecologistas en Acción decidió hacer un esfuerzo para cuantificar las construcciones, de todo tipo, en cauces y zonas de influencia de estos. Un año después, se dio a conocer que más de 25.000 construcciones estaban situadas en los cauces y zonas de alto riesgo de inundación.

En su mayoría, son viviendas, camping, polideportivos, residencias, colegios, bares, etc. La respuesta del Gobierno fue desacreditar esta realidad. La entonces ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino, tachó a los ecologistas de alarmistas y de querer asustar a los turistas. Según sus expertos, sucesos como los de Biescas tardarían tres mil años en repetirse. Tres meses después, tuvo lugar la tragedia del barrio de Cerro de Reyes, en Badajoz, donde una avenida de agua mató a 25 personas.

La necesidad de hacer algo frente a las construcciones en cauces y zonas de inundación facilitó un paso adelante para solucionar el problema. En 2001, Ecologistas en Acción consiguió incluir un artículo clave en la Ley del Plan Hidrológico Nacional. Es el artículo 28 que obliga a las administraciones a eliminar todas las obras realizadas en cauces y zonas inundables de riesgo .

Obras en el cauce de un río.

Años después

Han pasado diecisiete años de la aprobación de ese artículo, y ¿qué han hecho las administraciones? La gran mayoría nada. El Seprona denuncia las nuevas construcciones y, en algunas provincias o zonas, lleva a cabo un censo de ellas. Algunos gobiernos autonómicos han localizado sobre un mapa las edificaciones en zonas de alto de riesgo, mientras el Ejecutivo ha realizado un listado de todas las zonas inundables del país, diferenciando entre periodos de retorno (estimación de probabilidad de repetición) de 10, 100 y 500 años.

Sin embargo, no hay ningún avance en la eliminación de construcciones tal y como indica la normativa. Resulta conflictivo. A consecuencia de esta inacción, el número de edificaciones en zonas de riesgo sigue aumentando. La inundación de un geriátrico situado en la ribera del río Sió (Agramunt, Lleida), donde murieron cuatro personas, es un ejemplo más. El propio Ministerio para la Transición Ecológica estima que 710.000 personas tienen sus viviendas en zonas inundables, dentro del periodo de retorno de 10 años.

Es necesario mantener libres las zonas de alto riesgo de inundación y recuperar en ellas el bosque de ribera

Riada en Sant Llorenç, Mallorca, en octubre.

En octubre pasado tuvo lugar la tragedia de Sant Llorenç, en Mallorca, en la que murieron trece personas. La zona donde se produjo estaba considerada como de alto riesgo. Otra vez, se vuelve a reclamar el cumplimiento de la normativa y que se dejen los cauces y zonas inundables libres. En el Consejo Nacional del Agua se interpeló a la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, para que aplicara el artículo 28 del Plan Hidrológico Nacional y procediera a demoler las construcciones en estas zonas. Su respuesta fue calificar la petición como compleja.

Estas tragedias volverán a repetirse con seguridad en otros lugares de España. Es cierto que la tormenta que provocó la inundación de Sant Llorenç fue muy copiosa, pero no fue excepcional, todos los años caen unas cuantas tormentas similares. De hecho, en noviembre se han producido varias trombas de agua de intensidad parecida en en Girona, Valencia, Lugo y Murcia con más víctimas mortales. Son tormentas propias de nuestro clima.

Cambio climático

Además, el cambio climático prevé que la subida de la temperatura va a concentrar más en el tiempo las precipitaciones en Estado español.

Y es muy probable que las avenidas de agua serán más frecuentes porque las viviendas y otros edificios no han parado de crecer en estas zonas de riesgo1. Además, los encauzamientos de los cursos de agua han demostrado ser inútiles y agravan aún más el problema, por la sensación de falsa seguridad, mientras se sigue construyendo cerca de los ríos. Ante las lluvias torrenciales, lo único útil es mantener cauces y zonas de alto riesgo de inundación libres, incrementar las zonas de inundación para facilitar el drenaje de la avenida y recuperar el bosque de ribera preexistente como exige la legislación vigente.

  1. Solo se frenó temporalmente, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria