En febrero la Unión Europea decidirá si los vehículos siguen quemando aceite de palma o por el contrario salvamos las selvas de Indonesia, y otros países, y de paso respiramos aire menos contaminado.

Nuria Blázquez. Área de Transporte de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista 98.

Este cultivo está deforestando las selvas de muchos países y acabando con el hábitat de un gran número de especies en peligro de extinción, como el orangután de Borneo y el elefante de Sumatra, además del enorme impacto climático y sobre las comunidades locales. Por ello, estos días se ha puesto en marcha la campaña que lleva el hashtag #NoEnMiDepósito.

Y es que en 2017 camiones y vehículos diésel quemaron más de la mitad (51 %) del aceite de palma que se usó en nuestro continente (un 13,5 % más que el año anterior), según el informe de la organización Oil World, que sirve de guía para los mercados del aceite europeos.

Esto a pesar de que la gran mayoría de la población europea no sabe que el diésel con el que llenan sus depósitos contiene hasta un 7 % de biodiésel, a menudo elaborado con aceite de palma. Según una encuesta realizada por la consultora Ipsos, el 82 % de los ciudadanos europeos encuestados no son conscientes de que el diésel contiene aceite de palma.

Cuando se les preguntó si estarían de acuerdo con medidas para terminar las políticas de apoyo y subsidio económicos al biodiésel proveniente del aceite de palma en Europa, el 69 % de los encuestados apoyaban la idea, mientras que solo un 14 % se posicionó en contra y un 16 % no respondió. Estas respuestas están en línea de con la decisión del Parlamento Europeo y muchos Estados miembro de acabar con el uso de biodiésel de palma.

Mientras que el uso de aceite de palma en alimentación y cosmética provoca cada vez más rechazo por parte de los consumidores, el consumo de biodiésel de palma, por ser muy poco conocido, no ha tenido hasta ahora oposición social.

Sin embargo, su uso es muy generalizado en España, donde el 90 % del biodiésel que se produce es de palma. Y, al contrario de lo que sucede en alimentación, la producción española de biodiésel de palma aumentó un 27 % en 2017 y ya supone el 44 % de todo el biodiésel de aceite de palma que se produce en Europa.

Lo más absurdo del uso del aceite de palma para biodiésel es que responde a un objetivo climático, de una teórica búsqueda de reducción de emisiones de gases efecto invernadero (GEI). Sin embargo, según un estudio encargado por la Comisión Europea (Informe Globiom), el biodiésel de palma es tres veces peor para el clima que el diésel convencional.

En los próximos meses esta situación podría cambiar. La pelota está ahora en el tejado de la Comisión Europea que tiene hasta el uno de febrero de 2019 para publicar un acto delegado que establezca los criterios científicos para la eliminación progresiva del aceite de palma en el diésel.

Pero desde las organizaciones ecologistas no existe la certeza de que la Comisión vaya a trabajar en ello. Por ello Ecologistas en Acción, junto a una coalición de ONG europeas lideradas por la federación Transport & Environment, se ha lanzado la campaña #NotInMyTank (#NoEnMiDepósito en España) con una petición ciudadana, a través de la plataforma SumOfUs, para instar a la Comisión Europea a ejecutar la eliminación gradual del aceite de palma en el diésel.

La campaña comprende una serie de actuaciones públicas y culminará en un día de acción con movilizaciones en diferentes capitales europeas. Estas acciones de calle pretenden convencer a los responsables políticos de la necesidad de evitar la extinción de especies gravemente amenazadas como los orangutanes como consecuencia de la desaparición de las selvas tropicales.