La sardina ibérica está en peligro de extinción. La sobrepesca está acabando con esta especie. Las políticas pesqueras de España y Portugal no han respetado las recomendaciones científicas.

Eneko Aierbe Sarasola. Coordinador del Área de Pesca de Ecologistas en Acción.Revista Ecologista 98.

La sardina es un pez emblemático. Es de esas especies cuyo nombre científico (Sardina pilchardus) coincide con su nombre común, debido a que se trata de una especie con una distribución relativamente amplia. Debido también a que es muy apreciada desde tiempos antiguos, se nombra de forma muy similar en muchos de los idiomas de nuestro entorno.

Además, la sardina es una de las especies que contribuyeron a la creencia, incluso hoy en día, de que el mar era una fuente ilimitada de recursos, hasta el punto de que se pescaba tanta cantidad que se regalaba e incluso se tiraba sin imaginar que pudiese tener fin.

Pero hoy sabemos que el mar sí tiene límites. Esos límites se están haciendo visibles por las tres principales amenazas a las que se enfrentan los océanos: el cambio climático, la sobrepesca y la contaminación. Las dos primeras son las causantes de la situación actual de la sardina .

 

La población de sardina ibérica, distribuida desde el Golfo de Cádiz hasta el Cantábrico oriental, está en un momento muy preocupante. Una de las causas es la enorme explotación que ha sufrido desde hace varias décadas, cuando se capturaban más de 200.000 toneladas sobre una población total de sardina ibérica estimada en un millón de toneladas. Esto pudo sostenerse por ser una especie con un ciclo de vida corto, de modo que, cuando la renovación de la población se efectuaba en condiciones ambientales óptimas, existía una gran capacidad de renovación que permitía soportar una alta explotación, tal y como sucede con otras especies de pequeños peces pelágicos, como el bocarte, el jurel y otros.

A la mitad

Pero con la entrada del nuevo siglo, la cantidad de sardina desembarcada se ha reducido a la mitad y desde hace una década no ha hecho más que reducirse año tras año. En parte motivado por esta reducción, el nivel de conocimiento que tenemos de la pesquería se ha incrementado gracias a la labor científica conjunta de España y Portugal.

Esto ha permitido proponer unos límites, los llamados totales admisibles de captura (TAC), basados en la información científica, que no siempre han sido respetados por las decisiones políticas. La especie pueda considerarse sobreexplotada. El ejemplo es la situación límite del año pasado, cuando se recomendó un cierre total de la pesquería debido a la bajísima biomasa estimada en las campañas oceanográficas, que calculaba en torno a 200.000 toneladas las existentes en el mar (la misma cantidad que se llegó a pescar hace 30 y 40 años).

Los océanos se enfrentan a tres amenazas: el cambio climático, la sobrepesca y la contaminación

Esta situación era previsible por el declive constante en las capturas de los últimos años, pero los sucesivos gobiernos poco han hecho para intentar buscar soluciones y únicamente se han dedicado a desoír el consejo científico.

Para justificarse, han alegado la importancia socioeconómica de la sardina, es decir, la necesidad de los pescadores de seguir con su tarea. A pesar de la importancia que tiene para muchas familias y comunidades, no querer ver la realidad dificulta encontrar una salida sostenible a largo plazo. La Política Pesquera Común marca como fecha límite el año 2020 para acabar con la sobrepesca y conseguir que todas las pesquerías en Europa estén en una situación de biomasa capaz de permitir el rendimiento máximo sostenible y poder aprovechar al este recurso renovable.

Las cuotas de pesca de sardina ibérica acordadas son inferiores pero mayores que las recomendadas por el comité científico para la conservación de esta especie.

El año pasado los gobiernos de España y Portugal acordaron unas capturas de 14.500 toneladas que es una cantidad muy baja, pero es mucho mayor que la propuesta por el consejo científico. La situación se agrava aun más, porque estas capturas no se realizan dentro de un plan de recuperación que cuente con el visto bueno de los organismos científicos, como ha venido reclamando Ecologistas en Acción y otras organizaciones ambientales.

España y Portugal han acordado unas capturas de 14.500 toneladas, más de lo propuesto por el consejo científico

Pero la sobrepesca no es el único problema que acecha a la sardina. Una población de sardina sana con unas condiciones ambientales favorables puede llegar a permitir unos niveles de captura altos. La actual bajada en las capturas debería haber permitido la recuperación de la sardina ibérica, pero esta recuperación no se está dando y la causa principal es que no hay un reemplazo de individuos, lo que en el mundo de la pesca se denomina reclutamiento. Los reclutas o individuos de un año de edad, necesitan unas condiciones ambientales favorables para salir adelante y renovar la población y esto no está sucediendo en el caso de la sardina.

Cambio climático

Las causas aún no están del todo claras pero, sin descartar la contaminación, el principal sospechoso es el cambio climático. Parece evidente que el calentamiento del agua está tropicalizando las aguas ibéricas del Atlántico y esto ha hecho llegar nuevas especies que vienen del sur, ampliando así la distribución de las especies hacia el norte, de forma general. El calentamiento del agua está afectando a la renovación de la sardina ibérica.

Un aspecto positivo es que se ha creado un movimiento conjunto entre organismos ambientales portugueses y españoles, cuya primera reunión se celebró en junio pasado, aprovechando la estancia del velero Diosa Maat en Lisboa. Esto ha permitido que Ecologistas en Acción pueda reunirse directamente con representantes de la Comisión Europea para tratar este tema y plantear su punto de vista.

No es fácil predecir cuál será el futuro de la sardina ibérica porque las amenazas que se ciernen sobre ella son diversas y no todas pueden ser controladas. Pero lo que está claro es que el futuro de la sardina ibérica debe ser el de una pesca sostenible, como dispone la Política Pesquera Común. Que la población ha colapsado es una realidad avalada por la investigación científica y será preciso encontrar alternativas para los pescadores y sus familias que ya se están viendo afectados.