A lo largo y ancho de las últimas legislaturas, y con una especial virulencia desde que Luis Martínez Portillo ha alcanzado la alcaldía de Calahorra, los árboles en el interior de la ciudad vienen siendo arrasados sin la menor contemplación.

Se han eliminado de muchas calles incluso tapando con cemento los alcorques en las aceras de las calles principales del Casco Antiguo, en todos aquellos puntos en los que por diferentes cuestiones faltaban árboles.

El alcalde Portillo (que ya ha demostrado en varias ocasiones su desprecio hacia el arbolado urbano y su condescendencia ante la destrucción del Soto de Cidacos) no se ha enterado todavía de que en las ciudades se plantan árboles para dulcificar el hormigón, para amenizar la vida, para dar un punto de verdor y de naturaleza.

Tras las podas aberrantes que el Ayuntamiento está ordenando en las calles, dejando árboles mutilados y como ridículos plumeros, hoy en el Campo Municipal de Fútbol de La Planilla se han arrasado todos los pinos que se encontraban tras la portería sur del propio campo de fútbol.

Unos árboles, en su mayoría pinos de la subespecie “Carrasco” que fueron plantados hace más de 40 años y presentaban grandes y muy bonitos troncos, que daban verdor a la zona y protección del sol a los espectadores.

Árboles de gran diámetro que esta tarde han aparecido aniquilados, cortados a ras y tumbados sobre el suelo.

Esta circunstancia, viene a  ser una salvajada más de la larga etapa de desprecio hacia el arbolado urbano por parte del Partido Popular, que nos deja en herencia tras 25 años de gobierno un panorama verdaderamente desesperanzador, que sitúa a Calahorra en una posición opuesta a lo que sucede en ciudades de nuestro entorno, que apuestan por un urbanismo cuajado de arbolado, tal es el caso de Vitoria o Pamplona.

Es muy necesario que el nuevo Ayuntamiento que surja de las urnas en mayo, planifique con racionalidad y respeto un plan de uso y gestión del arbolado urbano. Un plan en el cual se dejen atados aspectos como las podas, aberrantes y fuera de época que aquí son la norma.

De nada sirve gastarse el dinero en plantar muchos árboles dentro de la ciudad, si con posterioridad, cuando crecen son torturados, y cuando llegan a una edad adulta talados o arrancados.