Ecologistas en Acción denuncia, y dará traslado a la Comisión Europea, que la situación del estuario del Guadalquivir en cuanto a la turbidez de sus aguas no mejora. No se están adoptando ninguna de las medidas de corrección recogidas en el informe de referencia sobre su situación. Un estuario con el grado de turbidez que viene presentando el del Guadalquivir durante tantos años ya, está condenado a la muerte ecológica. Esto tiene graves consecuencias para el mantenimiento de los servicios ecosistémicos pero también para los económicos, que van desde la conservación de las zonas de alevinaje de las pesquerías del golfo de Cádiz, al mantenimiento de aguas de calidad para hacer viables la importante industria de piscifactorias que viene desarollándose en sus orillas.

El informe, coordinado por Losada y Sánchez, de la Universidad de Granada y CSIC respectivamente, supuso una de las mayores campañas de análisis y seguimiento de las condiciones fisicoquímicas y biológicas del tramo final del río. Formó parte de la evaluación ambiental para determinar la viabilidad del dragado de profundización pretendido por la autoridad portuaria de Sevilla. Una de las principales determinaciones del informe científico fue que la alteración física ocurrida en los últimos 100 años, mediante cortas, ciegue de brazos, limitación de llanuras mareales y dragados, han supuesto una alteración radical de la dinámica de mareas. El efecto de las mareas se ha visto reforzado aguas arriba por el mayor calado y el acortamiento del cauce originado por todas estas actuaciones. Se ha pasado de un calado medio de dos metros a uno de más de seis y de un recorrido entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) de 120 km a uno de menos de 80 km.

La marea entra desde la desembocadura con una fuerza inusual y remueve el fondo cada seis horas poniendo los propios sedimentos del río en suspensión, independiente de la carga de transporte que se origine en la cuenca como cabría esperar. Se trata de un mecanismo intríseco dependiente de la estructura física del estuario y que afecta al tramo que va desde Sanlúcar hasta la presa de Alcalá.

Los sedimentos en suspensión provocan turbidez provocando que los procesos fotosintéticos del fitoplactón y la flora acuática se vean enormemente reducidos al no llegar la luz más allá de los primeros centímetros. Estos microorganismos son la base de la cadena trófica del estuario, con su reducción la productividad del estuario decae y su colapso ecosistémico está cada vez más próximo.

El estuario es una Zona de Especial Conservación dentro de la Red Natura 2000 de la Unión Europea y por tanto precisa de un plan de Gestión que garantice su conservación pero sobre todo la recuperación de todo su potencial biológico, que está lejos de lograrse si no se actúa. La dejadez respecto a las actuaciones constituye una irresponsabilidad más grave si cabe, ya que el informe no se limitaba a diagnosticar sino que también indicaba las actuaciones a emprender si se quería un estuario vivo. Estas actuaciones pasaban por revertir parte de las acciones que lo han llevado a esa situación: recuperación de llanuras mareales, conexión de brazos cercenados,… El informe definía como viables los dragados de mantenimiento si, y sólo si, se mantenía el control de variables estudiadas en balizas para su reevaluación, que no se está realizando por el abandono de toda la infraestructura de balizado.

Nada se ha hecho, por lo que Ecologistas en Acción de Andalucía trasladará a la Comisión Europea esta grave dejación que está condenando a la pérdida de la calidad ambiental del estuario y que se relaciona directamente con la reducción de la capacidad productiva de actividades económicas dependientes de una buena calidad de sus aguas: caladeros, piscifactorías y arrozales entre otras.