Tras cinco días de restricciones al tráfico en el centro urbano de Valladolid, y gracias a la reducción general de la velocidad y la gratuidad del transporte acordadas por primera vez en España frente a un episodio de contaminación, el pasado jueves, los niveles de partículas finas han caído por debajo de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la polución del aire nos da un respiro, al menos hasta que llegue el próximo anticiclón.

La actuación municipal y la respuesta ciudadana han sido ejemplares, contrastando con una gran mayoría de ciudades españoles (exceptuando las asturianas y Madrid) que ante el mismo problema han optado por esperar al viento y la lluvia y no hacer nada para proteger a su vecindario. Pero esto no quiere decir que las medidas adoptadas hayan sido suficientes para atajar el episodio, aunque gracias a ellas éste no ha sido mayor y Valladolid lo ha superado algo antes que otras ciudades como Barcelona, Murcia y Valencia, que aún lo sufren.

El problema de fondo es que las situaciones anticiclónicas son recurrentes en invierno y disparan los niveles de partículas y dióxido de nitrógeno, mientras en primavera y verano las cada vez más frecuentes y prolongadas olas de calor hacen lo propio con el ozono, contaminante cuyo objetivo legal para la protección de la salud se supera en la aglomeración de Valladolid desde hace años sin que la Junta haya elaborado el plan obligado para reducirlo.

Por ello, limitar unos días al año las emisiones de contaminantes procedentes del tráfico, la industria o los edificios no es solución, cuando el resto del año seguimos ensuciando el aire de la ciudad y trasladando la contaminación a su entorno rural, dañando la salud humana, los cultivos y los bosques, y alterando el clima a una escala planetaria, al tiempo que dilapidamos unos combustibles fósiles escasos y no renovables, que además debemos importar.

Según el Plan de Movilidad Urbana de Valladolid, el centro urbano concentra buena parte del empleo y de los desplazamientos producidos en la ciudad, muchos de ellos en automóvil. Por su estructura histórica (viario complicado y estrecho), es el área donde el tráfico motorizado ocasiona más congestión y más problemas de contaminación atmosférica y ruido. Este es el motivo por el que el Plan de Acción municipal en situaciones de alerta por contaminación del aire urbano prevé la restricción del tráfico en el centro, frente a episodios de contaminación.

Desde hace décadas, muchas ciudades del centro y norte de Europa, pero también de países del sur como Italia y más recientemente en España (Pontevedra o Vitoria), están adoptando medidas permanentes de limitación de la circulación de automóviles en sus centros urbanos, restringida a residentes, transporte público, carga y descarga y emergencias. Estas medidas están resultando muy positivas para la salubridad y la seguridad, beneficiando en primer lugar a los residentes y a las actividades económicas del centro, y por ende al conjunto de la ciudad.

Ecologistas en Acción considera que ha llegado el momento de adoptar esas medidas también en Valladolid, convirtiendo en permanentes las restricciones a la circulación de vehículos aplicadas en los días de alta contaminación, y reduciendo la velocidad de manera estable a 30 kilómetros por hora en los barrios. La habilitación de carriles bus en las principales vías de acceso a la ciudad y el refuerzo de un verdadero transporte metropolitano, aplicando fondos públicos como los más de 50 millones de euros que se pretenden invertir en la innecesaria Ronda Exterior Oeste, facilitaría la movilidad sostenible de la población del Alfoz.

La organización ambiental pide a todos los partidos políticos que se comprometan a aprobar y ejecutar de manera urgente un plan de calidad de aire y movilidad sostenible que reduzca drásticamente el número de automóviles y la velocidad a la que circulan por la ciudad, única solución real para la contaminación atmosférica y acústica, los accidentes de tráfico y la abusiva ocupación del espacio público por el automóvil privado. Promoviendo medios de transporte alternativos como el autobús eléctrico, la bicicleta e itinerarios peatonales seguros.

La contaminación atmosférica por partículas finas ocasionó 28.000 muertes prematuras en España en 2015, según el último informe sobre la calidad del aire publicado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA). Entre ellas, en torno a 300 fallecimientos anuales en Valladolid por exposición a los niveles actuales de partículas y ozono.