La huelga feminista de consumo que realizamos el 8 de marzo supone empoderar a las mujeres como consumidoras feministas y denunciar los estereotipos de un sistema capitalista y patriarcal.

Emilia D´Agostino y Marta Pascual. Comisión de Ecofeminismo Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 99

Hacer una campaña para no comprar ropa en H&M o fresas de los invernaderos de Huelva, donde se explota a trabajadoras migrantes, son formas de denunciar visibilizar la última huelga de las trabajadoras textiles de Bangladesh o la situación de las temporeras marroquíes de la fresa 1.

El 8M puede ser una buena oportunidad para empoderarnos como consumidoras feministas y hacernos conscientes de esa fuerza que tenemos a través de nuestras decisiones de consumo: boicotear las prácticas de producción y distribución que no aprobamos.

De las distintas huelgas feministas convocadas el 8 de marzo (laboral, de estudios, de cuidados y de consumo), la última tiene un especial valor para ayudarnos a tomar conciencia del poder de nuestra elección como consumidoras para ‘atacar’ el engranaje sistémico del capitalismo;ese sistema que concentra beneficios valiéndose de la apropiación de recursos, el empleo precario y el trabajo gratuito de las mujeres.

Patriarcado, capitalismo y colonialismo comparten cultura y prácticas de subordinación, explotación y violencia social y ambiental. Frente a estas lógicas, queremos construir otras saludables, sostenibles y responsables, basadas en la justicia, la solidaridad y la cooperación.

El consumo es sólo un eslabón de la sólida cadena que vincula extracción de materiales, producción, distribución, consumo y generación de residuos. Los análisis “de la cuna a la tumba” de muchos productos, también llamados “de mina a vertedero”, desvelan los daños que se producen en todos los pasos de su vida. En cada uno de ellos podemos encontrar prácticas que deterioran nuestras vidas (en especial las de la población más empobrecida, mayoritariamente de mujeres) y las de nuestro medio natural. Tirando fuerte de ese eslabón del consumo podemos trasladar el desequilibrio a toda la cadena. Ahí está la potencia de esta huelga.

No ser cómplices

Se trata de ayudar a resquebrajar el sistema económico desde ese lugar en el que nos quiere hacer sus cómplices (siempre que nuestro desigual poder adquisitivo,que depende curiosamente de ese mismo sistema, nos lo permita). Resquebrajarlo desde esa tarea de aprovisionamiento doméstico que se impone a las mujeres en el orden patriarcal.

Proponemos que ese día (quizá mejor ese mes o, por qué no, toda la vida) dejemos de comprar lo innecesario, de consumir energía en exceso, de derrochar alimentos, de utilizar automóviles para desplazarnos, de adquirir productos fabricados por la industria que experimenta con animales, u objetos a los cuales se aplica la tasa rosa, de comprar productos sobreenvasados, o de realizar transacciones bancarias. Son muchas las acciones posibles para quitar el alimento a un sistema que nos roba el tiempo de vida y reduce nuestras probabilidades de supervivencia.

Respetar la Tierra

Sabemos que hay muchas personas para las que la reducción de consumo no es una opción. Que no pueden poner la calefacción o arreglarse la dentadura. Defendemos que los consumos necesarios para vivir respetando la Tierra, no pueden ser un lujo, como no queremos que sea un lujo sobrevivir en un planeta de recursos decrecientes.

La huelga de consumo puede ser también una oportunidad para la reflexión. No sólo un momento puntual de activismo anticonsumista, sino el punto de partida de un cambio de pensamiento y de sentido común, de abandono de hábitos de sobreconsumo. Una ocasión para activar un proceso de deconstrucción personal y colectiva de los estereotipos que se nos han inoculado a través de constantes mensajes publicitarios.

En ellos se transmiten unos modelos volátiles y cambiantes, pero que siempre muestran a las mujeres como objeto sexual que cumple con los roles de género impuestos por la cultura patriarcal. Vender ropa, perfumes, coches o palitos de merluza son ocasiones que el mercado no desperdicia para decirnos a las mujeres dónde tenemos que estar y cómo hemos de comportarnos.

Las imágenes que nos transmiten, minando nuestra autoestima, tienen como objetivo estimular el consumo de productos de belleza, moda, higiene, etc.. en muchos casos tóxicos para el ambiente en su fase de producción y desechos, y tóxicos también para la salud en su fase de consumo.

Consumir es un acto político, una “pequeña” acción que puede transformar la huella negativa que deja nuestra compra en un acto con un impacto positivo. Este acto político puede saltar de escala si se organiza de forma colectiva y se extiende como una mancha de aceite. La alternativa está en nuestras manos: poner el freno, reducir el consumo, ganar a más personas para nuestra causa 2.

Las imágenes que nos transmiten, minando nuestra autoestima, tienen como objetivo estimular el consumo de productos de belleza, moda, higiene, etc.. en muchos casos tóxicos para el ambiente

Después del 8M será necesario seguir alerta para mantener estas prácticas: reducir, reutilizar lo que tenemos antes de reciclar, darle una nueva vida, reparar, oponernos a la obsolescencia no sólo de la tecnología, sino también de las modas; intercambiar, compartir, donar, reducir los residuos… Y boicotear cualquier producto cuya producción y distribución no haya respetado los derechos de las personas, del ambiente y de todos los seres vivientes.

Todo esto no debe llevarnos a imaginar un triste horizonte de severa austeridad.

Cambiar nuestra forma de consumir y de pensar para convertirnos en agentes activos del cambio, no sólo por motivos ideológicos y éticos, sino también por el placer de compartir y ganar tiempo y calidad de vida al consumir más racional y responsablemente. “Actuar en sintonía con lo que pensamos nos da una sensación de control sobre nuestra propia vida que es muy grata.”3 Compartir bienes y servicios es una práctica que no sólo resuelve necesidades con menos recursos, sino que fortalece nuestras redes sociales. Dos por uno.

Satisfacción personal

En lugar de confundir la felicidad con el poseer, de asimilar la satisfacción personal a la adquisición de bienes y servicios, deseamos visibilizar prácticas de vida y de consumo donde la fuente de satisfacción personal esté en las relaciones interpersonales, las redes sociales y familiares, en el entendimiento, la solidaridad y la actividad colaborativa4.

A través de nuestro consumo podemos apoyar y fortalecer prácticas justas y sostenibles desde el punto de vista socioambiental (apoyar a mujeres del sur, promover proyectos agroecológicos y comercio de proximidad, cooperativas de energía limpia, defender el transporte colectivo y ecológico, organizar o participar en grupos de consumo y consolidar la economía social)

En oposición a los mercados que subordinan la vida de las personas al beneficio monetario, queremos visibilizar otras prácticas que pongan en el centro las vidas de las personas, del planeta y todos los seres vivientes.

Por eso paramos también el consumo el 8 de marzo. Porque necesitamos otra forma de organizar las relaciones y la economía. Porque nos negamos a llevar ropa manchada de trabajo precario o a comer fresas recogidas entre tóxicos y miedo. En marzo y siempre.

Ilustración: La Mari Muriel

La fresa , en la intersección de las violencias

Jornaleras marroquíes, trabajadoras de la fresa en invernaderos de Huelva, denunciaban hace unos meses abusos sexuales por parte de capataces y empleadores.

Esos abusos sexuales se sumaban a salarios vergonzosos, jornadas inhumanas sin apenas descansos, trato despreciativo o la amenaza de no ser contratadas en la siguiente temporada, incluso al día siguiente.

Todo ello en medio de la vulnerabilidad de desconocer sus derechos y no hablar nuestro idioma, desde la distancia de sus amistades y familias. Seleccionando a mujeres con menores que aseguraran su vuelta a casa para cuidarlos al terminar la temporada. Con el argumento de que sus ‘manos delicadas’ y su constitución las hacían más capaces de encorvarse durante horas y recoger los frutos. Mientras, la producción intensiva de fresas en invernaderos de plástico, bien regadas con pesticidas, envenenaba las aguas subterráneas y empobrecía los suelos. Para transportarlas después en camiones a cientos o miles de kilómetros. Las violencias de la insostenibilidad, el racismo, el capitalismo y el patriarcado confluyendo en una misma práctica. Porque los beneficios que da la fresa lo justifican todo.La fresa es sólo un ejemplo entre muchos. Infórmate. El 8 de marzo te animamos a que no consumas aquello que se produce en condiciones de explotación laboral, que sostiene la discriminación de género, que expolia territorios del Sur, que contamina y empobrece la tierra. Apoya con tu consumo proyectos productivos limpios, justos y respetuosos.

  1. Yayo Herrero, La fresa en Huelva. 46 calorías por 100 gramos https://www.eldiario.es/zonacritica/fresa-Huelva-calorias-gramos_6_784681555.html
  2. Brenda Chávez – “Tu consumo puede cambiar el mundo” – Ediciones Península
  3. “El placer de ser coherentes”- boletín Ecologistas en Acción-
  4. ¿Consumimos Felicidad? Ecologistas en Acción