El informe Zonas de bajas emisiones. Herramienta contra la contaminación y el calentamiento del planeta analiza las acciones tomadas en cinco ciudades europeas bajo el paraguas de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). A partir de ahí, se analizan las que mejor funcionan, se plantean propuestas que permitan mejorar las ZBE existentes y que aporten información valiosa a aquellas autoridades municipales que quieran poner en marcha medidas de este tipo.

Las ZBE son medidas tradicionalmente pensadas para mejorar la calidad del aire. Original­mente, defendían la lógica de que la renovación de la flota de vehículos de la ciudad mejoraría la calidad del aire. Pero el escándalo del Dieselgate y todos los estudios que se han realizado con posterioridad para comprobar las emisiones en condiciones reales de los vehículos, han demostrado que el cambio de flota, no permite mejorar la calidad del aire.

No obstante, las ZBE siguen siendo instrumentos de gran utilidad para reducir la contaminación atmosférica, aunque necesitan evolucionar en su concepto original y ser mucho más ambiciosas.

Las ZBE de diseño más moderno se circunscriben a un área amplia dentro de la ciudad, o incluso la ciudad entera, y permiten la entrada a los vehículos que cumplen con los mejores estándares de emisiones. Algunas ciudades, como Milán, prevén restricciones mayores a medida que se hay disponibles en el mercado vehículos con dichos estándares de homologación, llegando a prever ya el fin de la entrada de los diésel. Madrid propone la restricción de la libre circulación a los vehículos que no sean de residentes o 0 emisiones, aunque lo aplica a un área pequeña.

En este informe se analiza el caso de los vehículos a gas, que no suponen un beneficio ni en emisiones contaminantes ni de efecto invernadero, por lo que no deben tener ningún tipo de privilegio o prioridad.

Se estudia también el caso de la instalación un filtro de partículas en vehículos que les permitan equipararse con un estándar de homologación superior. Las pruebas que se han realizado han dado buenos resultados, por lo que es una posibilidad que se debe tener en cuenta. Lo contrario ha sucedido en el caso de la actualización de software.

En lo que se refiere al control de los vehículos más contaminantes, se revisan las aportaciones de los sistemas de detección remota de las emisiones, que tienen un papel importante en las ZBE, ya que son una herramienta de bajo coste que da mucha información sobre la flota circulante y las emisiones de cada uno de sus vehículos.

El informe concluye que ni siquiera con todas estas medidas es suficiente para paliar el problema de la contaminación ambiental. Para lograrlo, las ZBE deben estar acompañadas de otras medidas que fomenten la disminución del uso del vehículo privado: mejoras de calidad de los espacios urbanos y accesos peatonales, infraestructura ciclista y mejoras sustanciales en el transporte público.

Una medida que también se ha mostrado muy efectiva son los peajes urbanos, que tienen el beneficio adicional de procurar fondos que se pueden invertir en las citadas medidas de acom­pañamiento. Su objetivo es reducir el número de vehículos, por lo que tienen un claro efecto positivo para reducir las emisiones GEI.

Aunque el principal objetivo de las ZBE es disminuir las emisiones de gases contaminantes, son también un instrumento útil para reducir emisiones GEI, y así lo reconoce el borrador del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, presentado recientemente. Pero, para asegurar que cumplen con este doble objetivo, se tienen que priorizar las medidas complementarias ya citadas, además de restringir el acceso a los vehículos con más emisiones de CO2 por kilómetro.

Estas mediadas son necesarias en la actualidad, ya que están aumentando peligrosamente las emisiones de CO2 medias de los vehículos vendidos en los últimos años, debido a un aumento del peso medio y de la popularización de los crossover o SUV.

Desde el punto de vista social, las ZBE son medidas que favorecen a los grupos más vulnerables, porque son precisamente estos grupos los más expuestos a los efectos de la contaminación. No obstante, se debe estudiar las posibilidades de movilidad mediante medios alternativos al coche, e introducir las medidas necesarias que garanticen un buen acceso a las ZBE desde el punto de vista de la equidad social.

Por otro lado, no se debe olvidar dar una perspectiva de género al diseño de las ZBE. Las formas alternativas de transporte, como transporte público, bicicleta o car sharing, deben atender a las necesidades de las mujeres, que a menudo -por una cuestión de roles y socialización de género- son diferentes a las de la mayoría de los hombres. Seguridad en las paradas de autobuses, correcta iluminación, sistemas que permitan varias paradas en un trayecto de autobús o carriles bici son algunas de las medidas recomendadas. En cualquier caso, se debe asegurar la participación de las mujeres tanto como ciudadanas como en los puestos de decisión a la hora de diseñar las ZBE.