Representantes de 200 naciones se reunieron en Katowice, Polonia, en la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP24) el pasado diciembre. A juzgar por anteriores encuentros, las emisiones de CO2 seguirán aumentando hasta la próxima cumbre, que se celebrará este año en Chile.

Robert Hunziker 1. Revista Ecologista nº 99.

No nos desanimemos. Un rayo de sol atravesó el cielo contaminado por el carbón de Katowice: los intereses del gran capital pueden estar a punto de cambiar el combate contra el calentamiento global. Según noticias procedentes de la cumbre 2, los grandes inversores mundiales que gestionan 32 billones de dólares advirtieron seriamente de que el mundo se enfrenta a un Armagedón financiero mucho peor que la crisis de 2008 si las emisiones de carbono no se reducen, incluyendo una eliminación gradual del carbón. Si es cierto que “el dinero manda”, queda un rayo de esperanza para la supervivencia de las islas del Pacífico.

En esta misma línea, algunos de los mayores inversionistas globales (fondos de pensiones, aseguradoras y gestores de fondos de inversión) nos dejaron atónitos al insistir que era preciso acabar con las ayudas a los combustibles fósiles y que debería gravarse fuertemente al carbono.

Según el Fondo Monetario Internacional, los combustibles fósiles reciben anualmente subsidios por valor de cinco billones de dólares 3 (el PIB de España en 2018 fue de 1,5 billones según la misma fuente). Imaginemos el impacto que tendrían esos cinco billones si se destinaran a energías renovables. A modo de comparación, en 2017 la inversión total en renovables fue de 280.000 millones.

Es evidente que, con dicho cambio, el gran capital estaría cuidando sus intereses, pues la economía mundial se aceleraría creando cientos de miles de empleos en la Economía Global Renovable.

Algo así sería el inicio de todo un paradigma nuevo, de enormes inversiones en infraestructuras y creación de riqueza. El mundo se volvería limpio. Eso, claro está, suponiendo que no sea demasiado tarde cuando se lo tomen en serio, lo cual es mucho suponer.

En contraste con el mensaje emitido por estas 415 instituciones financieras, desde el Acuerdo de París de hace tres años, Estados Unidos, China y Japón han invertido 500.000 millones de dólares en nuevas centrales de carbón. Y al día siguiente de la clausura del COP 24, México anunció su propósito de invertir 365.000 millones con el fin de aumentar la producción de crudo un 45 % para 2025. Lo cual equivale a clavar un pincho en el ojo a la COP 24. No mencionó nada sobre energía renovable.

Las siguientes declaraciones realizadas por algunos representantes del gran capital en Katowice resultan cuando menos interesantes: “En nuestra opinión, el carácter largoplacista del desafío al que nos enfrentamos se ha encontrado con una respuesta zombi por parte de muchos”, afirmó Chris Newton, de IFM Investors, que gestiona un fondo de 80.000 millones y es uno de los 415 grupos firmantes de la Declaración Global de Inversores. “Es una fórmula para el desastre, ya que los impactos del cambio climático pueden ser repentinos, graves y catastróficos”.

Thomas DiNapoli, del Fondo de Pensiones del Estado de Nueva York, que gestiona 207.000 millones y también firmante de la mencionada declaración, afirmó que las medidas contra el calentamiento global no solo evitarían daños, sino que impulsarían el empleo y el crecimiento: “La economía baja en carbono ofrece numerosas oportunidades y los inversores que ignoren los cambios en el mundo lo harán a expensas de su propio riesgo”.

Fracaso tras fracaso

Hasta ahora, las naciones del mundo han fracasado estrepitosamente durante casi tres décadas. Las conferencias mundiales sobre cambio climático están llenas de pompa y ceremonia, cócteles, caviar, cenas formales y millones de dólares gastados en hoteles de lujo, pero no han logrado nada positivo sobre las emisiones de CO2 en 26 años, aparte de aumentar la conciencia pública sobre el problema y acumular más y más estudios científicos que señalan alarmados el acelerado deterioro de los ecosistemas del mundo, superior a estimaciones previas.

Glaciar Perito Moreno, Argentina.

Esta tendencia sorprende negativamente a la comunidad científica, pero no ha logrado que los estados pasen a la acción. Por tanto, el mundo está en grave peligro de que se colapsen sus ecosistemas, algo que puede ocurrir de forma repentina y sin previo aviso. Las señales reveladoras ya están presentes, pues las especies menores se están extinguiendo a una velocidad nunca vista, de mil a diez mil veces el ritmo histórico normal.

En efecto, el calentamiento global ha empeorado considerablemente desde la firma del Protocolo de Kioto en 1992, en el COP3, el primer acuerdo que exigió reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) país por país. Desde entonces dichas emisiones no han hecho más que aumentar (salvo una mínima interrupción).

Mientras tanto, el consumo de combustibles fósiles se ha mantenido sin cambios, representando aproximadamente el 80 % de la producción mundial de energía. Sin cambios, que es como decir el escenario perfecto para un desastre climático absoluto.

Las mediciones más recientes de dióxido de carbono en la atmósfera realizadas en Mauna Loa (Hawai) muestran una concentración de 408,2 partes por millón (ppm) en noviembre de 2018, frente a 405,12 un año antes. Según la NASA, en 1992, el año del Protocolo de Kioto, el CO2 estaba en 356,42 ppm. Hay que tener en cuenta que durante los últimos 40.000 años, hasta hace 200, la concentración de CO2 se mantuvo entre 200 y 300 ppm, lo que posibilitó el clima templado que ha dado lugar a la Tierra tal y como la conocemos.

Este es el indicador de riesgo del calentamiento global: En 1850, el CO2 generado por la actividad humana era de 50 millones de toneladas anuales4. Actualmente, esa misma cantidad de CO2 es emitida cada 12 horas. Sí, cada 12 horas, no cada año.

EE UU principal responsable

Según Kevin Anderson, del Tyndall Centre for Climate Change Research 5, “el 10 % de la población mundial (principalmente de Estados Unidos) es responsable del 50 % de las emisiones de CO2 y el 20 % de dicha población es responsable del 70 % de todas las emisiones globales… lo que significa que tenemos que enfocar los programas de reducción hacia ese pequeño grupo en lugar de intentar comprimir las emisiones de la mayor parte de la población mundial. Si ese 10 % redujera su huella de carbono al nivel del ciudadano europeo medio, ello supondría reducir una tercera parte las emisiones globales, aunque el restante 90 % no hiciera nada 6”.

Si EE UU redujera su huella de carbono al nivel del ciudadano medio europeo, las emisiones globales descenderían una tercera parte

En realidad, la tasa de crecimiento de CO2 sigue aumentando y ha alcanzado las 2,3 ppm al año, el mayor crecimiento de los tiempos modernos. No es que no hayamos mejorado, es que vamos a peor. Lo que quiere decir que las iniciativas adoptadas hasta el momento para limitar los GEI son clamorosamente inadecuadas.

Las emisiones de carbono no han dejado de aumentar desde la primera COP celebrada en 1992, y esa aceleración es mayor que nunca en la historia paleoclimática. Eso nos garantiza que se avecinan problemas graves, cuando menos lo esperemos.

Posdata: “Durante 25 años una innumerable cantidad de personas han venido a las puertas de las conferencias sobre el clima de las Naciones Unidas para pedir a los líderes mundiales que detengan las emisiones. Pero, evidentemente, esto no ha dado resultado… Así que no les pediré que cuiden de nuestro futuro. Solo les haré saber que el cambio está llegando, les guste o no” (intervención de Greta Thunberg, joven sueca de 15 años ante la Cumbre de Katowice).

  1. Robert Hunziker es periodista independiente británico, especializado en medio ambiente. Habitual en Counterpunch y medios chilenos. Colabora con el Proyecto Europeo sobre la Acidificación del Océano (EPOCA).

    Texto traducido por Paco Muñoz de Bustillo. Publicado originalmente en Counterpunch y traducido con permiso de su autor.

  2. Damian Carrington, “Tackle Climate or Face Financial Crash, Say World’s Biggest Investors” The Guardian, 09/12/18
  3. Todas las cantidades de dinero mencionadas en el artículo son de dólares estadounidenses
  4. Datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS)
  5. Entrevista para el medio Democracy Now, en el COP 24 de Katowice
  6. El ciudadano medio de Ruanda, por ejemplo, emite de 0,10 a 0,50 toneladas de CO2; el estadounidense medio de 30 a 35 toneladas