Ecologistas en Acción denuncia que el Plan Bolonia, en lugar de apostar por la educación para la sostenibilidad potencia la presencia de las empresas en la universidad y, con ello, un currículum antiecológico.

Hoy en día las empresas han conseguido formar parte del día a día universitario, como lo atestiguan las palabras de un estudiante: “llegas en autobús, bajas y, de camino, te tomas un RedBull, que te regalan sólo por dejarles tus datos personales. Continúas y, un poco más adelante, vas al Santander a pagar las clases. Justo antes de llegar a la entrada, te apuntas para el sorteo del último Megane y coges un regalito de la última campaña de Movistar. La universidad parece una calle comercial”.

Ecologistas en Acción denuncia esa incitación al consumismo que invade las universidades europeas. Estudiar en un abiente que te dice continuamente “consume” implica aprender a hacerlo.

Pero el proceso no queda ahí a juicio de la organización ecologista. La reforma universitaria europea, conocida como Proceso de Bolonia, iniciada en 1999 a partir de la Declaración de Bolonia, propone “la construcción del área Europea de Educación Superior”, más tarde llamado Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), con el “objetivo de incrementar la competitividad del sistema Europeo de educación superior”. Para tal propósito se instaba a crear un sistema de titulaciones más homologables, que permitieran una mejor movilidad de los estudiantes por toda la Unión Europea.

Sin embargo, en la práctica, esta declaración de intenciones se materializa en la financiación empresarial de la educación, ya que la implantación de Bolonia se pretende hacer con “financiación cero”, y en la posible entrada de las empresas en las decisiones académicas. De momento ya se las ha pedido que señalen cuáles son sus demandas, para poder orientar los estudios a las preferencias o necesidades empresariales. Así, términos como competitividad, ranking o beneficios se convierten en las grandes protagonistas de la educación en detrimento de autolimitación, biodiversidad o cooperación.

La entrada de la empresa en la universidad está ejemplificada por Repsol. La Cátedra Repsol YPF de petróleo y gas natural fue la primera cátedra-empresa creada por convenio de cooperación con la Universidad Politécnica de Madrid en mayo de 1994. Para Ecologistas en Acción, Repsol, sin lugar a dudas, no está enseñando al alumnado como transitar hacia un mundo sin petróleo, sino a como esquilmar los recursos que quedan a costa del clima. En definitiva, está usando un servicio público para su beneficio privado.

Si las empresas protagonistas de la sobreexplotación de la tierra tienen peso en la definición de los estudios universitarios, la universidad difícilmente podrá ser un espacio de aprendizaje de la sostenibilidad.

Ecologistas en Acción considera que, sin la independencia económica de la universidad pública, la empresa será quien diseñe los planes de estudio en base a sus intereses. De este modo lanza la provocadora pregunta: “¿qué empresa diseña tus estudios?”.