Pedro Belmonte, Ecologistas en Acción

Con una velocidad vertiginosa, en el entorno doméstico están apareciendo nuevas tecnologías –Bluetooth, wireless Wi-Fi, PDA, WiMAX, etc.– que tienen el denominador común de referirse a sistemas que permiten la comunicación de voz y datos sin utilizar cables. Así, a la contaminación electromagnética general en nuestras ciudades, se suman estas nuevas emisiones generadas en nuestros hogares y puestos de trabajo.

Esto hace que, en muchas ocasiones, nuestras casas se conviertan en importantes focos de campos electromagnéticos de microondas, ya que todos estos sistemas inalámbricos emiten microondas similares a la telefonía móvil. De esta manera, en la medida que estos sistemas se instalan en nuestros domicilios, centros de enseñanza o de trabajo, aumentan mucho los niveles de emisión/inmisión de microondas pulsátiles a los que estamos expuestos, especialmente graves en el caso de los grupos de edad más sensibles, como personas mayores o niños.

En casa y en los lugares de trabajo las principales fuentes de campos electromagnéticos de frecuencia intermedia son las pantallas de ordenadores, los monitores de televisión y los sistemas de seguridad. Por su parte, las principales fuentes de campos de microondas en el ámbito doméstico son los teléfonos móviles, los inalámbricos y los hornos de microondas. Estos campos inducen corrientes en el organismo que, dependiendo de su amplitud y frecuencia, pueden producir diversos efectos tanto térmicos como biológicos. Entre los preocupantes síntomas de la exposición a estos campos electromagnéticos están las cefaleas, insomnio, alteración de los ritmos circadianos, dificultades de concentración, alteraciones dermatológicas y de la tensión arterial, disfunciones visuales, etc.

Hay que señalar, también, que los valores límite de emisión de la normativa estatal sólo están pensados en función del posible efecto térmico (calentamiento del cuerpo humano) y no en función de los efectos biológicos a medio y largo plazo. Sin embargo, un gran número de científicos independientes alertan sobre los posibles efectos y riegos en la salud pública por la exposición a campos electromagnéticos de alta frecuencia y microondas. En el Estado español, muchos estudios han señalado los efectos biosanitarios de las emisiones de la telefonía móvil a niveles de radiación radioeléctrica miles de veces inferiores a los vigentes en la normativa estatal.

El programa REFLEX (Risk Evaluation of Potential Environmental Hazards From Low Frequency Electromagnetic Field Exposure Using Sensitive in vitro Methods. Final Report), un estudio financiado por la UE durante cuatro años (febrero de 2000 a mayo de 2004) en el que han participado 12 países, entre ellos el nuestro, concluye que las ondas electromagnéticas de la telefonía móvil producen alteraciones en el ADN que transporta la información genética en el núcleo de las células, así como cambios en éstas.

El reciente informe del Colegio de Médicos de Viena (agosto de 2006) acaba de advertir sobre el riesgo para la salud de los niños que supone la utilización excesiva del teléfono móvil a causa de los daños que provocan sus ondas electromagnéticas. Estas consideraciones las realizaron los facultativos austriacos al interpretar el citado Estudio REFLEX, en el que se especifica que las radiaciones de los teléfonos celulares son genotóxicas (dañinas para el ADN) y potencialmente cancerígenas.

Cómo reducir la contaminación electromagnética en casa:

Hay actitudes y prácticas personales que pueden contribuir a disminuir la contaminación electromagnética en nuestros hogares.

- Usar un cableado para la conexión del ordenador personal a internet antes que sistemas sin cables, por radiofrecuencias o microondas.
- Evitar el uso de teléfonos móviles y/o inalámbricos y mantener los teléfonos fijos.
- No contribuir al uso compulsivo de teléfono móvil y evitar regalarlos a jóvenes y adolescentes.
- Si usamos hornos microondas en nuestra cocina asegurase de que son estancos y no se produce ninguna emisión al exterior.