Hace pocos días conocimos las cínicas declaraciones del secretario de estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, en que anunciaba que el Ministerio de Fomento prevé suprimir varias líneas ferroviarias de distancia media a causa —según él— de su alto coste y su baja ocupación. Entre las líneas amenazadas está, una vez más, la línea Alcoi-Xàtiva, que se encuentra en una situación de grave deterioro como resultado de la falta de inversiones.

El pasado 27 de junio conocimos las cínicas declaraciones del secretario de estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, en que anunciaba que el Ministerio de Fomento prevé suprimir varias líneas ferroviarias de distancia media a causa —según él— de su alto coste y su baja ocupación. Entre las líneas amenazadas está, una vez más, la línea Alcoi-Xàtiva, que se encuentra en una situación de grave deterioro como resultado de la falta de inversiones por parte de los sucesivos gobiernos autonómicos y estatales, tanto del PSOE como del PP, y tanto en tiempo de bonanza económica como de crisis.

El anuncio no es realmente ninguna sorpresa si atendemos al incumplimiento reiterado de las promesas de mejora de la línea y a la falta de inversión en el ferrocarril convencional como consecuencia del desvío de los recursos económicos hacia la carretera durante décadas y también, más recientemente, hacia el elitista e insostenible tren de alta velocidad.

La ruina del AVE para todos

A partir de la construcción de la AVE Madrid-Sevilla en la época de Felipe González, el tren de alta velocidad se ha vendido a la población (con la necesaria colaboración de políticos, empresarios y medios de comunicación) como símbolo del progreso y la modernidad, atribuyéndole —sin ningún fundamento sólido— un gran potencial para generar riqueza, puestos de trabajo y grandes beneficios a la sociedad.

La aceptación social conseguida, unida a la obsesión política por la inauguración de megaproyectos y, a menudo, al cobro de comisiones ilegales, ha impulsado una absurda demanda de líneas de alta velocidad. Una muestra de este desbarajuste es el Plan de Infraestructuras diseñado por el gobierno de Aznar, que pretendía situar todas las capitales de provincia a menos de cuatro horas de Madrid por AVE, y que incluía, por ejemplo, una línea de AVE entre Calatayud y Soriano (80 km entre dos ciudades de 80.000 y 30.000 habitantes).

Este delirio irracional, insostenible y, también, centralista, fue mantenido por los posteriores gobiernos de Zapatero. Y así nos encontramos que en octubre de 2011 España tenía ya 2.665 km de AVE, lo cual nos convertía en el primer país europeo y en el segundo del mundo (después de la China) en kilómetros de líneas de alta velocidad, muy por delante del Japón (2.090 km) y de Francia (1.893 km). A estos kilómetros habría que añadir los 4.500 km que, según ADIF, estaban en construcción-licitación en mayo de 2011. Pero aunque tenemos el récord de kilómetros, ni mucho menos tenemos el de pasajeros: solo tenemos la quinta parte de viajeros con AVE que Francia, o un 7% de los que tienen en Japón. Es decir, una red de alta velocidad totalmente desmedida con un coste económico brutal.

Además, hay que tener en cuenta que el salto a la alta velocidad comporta tres consecuencias fundamentales que se añaden al desastre económico: una disminución muy importante de la funcionalidad del tren como medio de transporte (incompatibilidad con la mayor parte de las mercancías y con los servicios regionales y de cercanías), la reducción de la eficiencia energética y la multiplicación de los impactos ambientales (emisiones, ruido, fragmentación del territorio, etc.).

Si comparamos el tiempo de recorrido en cualquier línea de alta velocidad con el que se hubiese conseguido modernizando la vía convencional, los resultados son muy reveladores. Por ejemplo, en la línea Madrid-Valencia el servicio AVE directo más rápido tarda 1h 35', frente a las 2h 15″ que se habría tardado con la vía mejorada, pero a un coste económico mucho menor (el AVE costó 6.600 millones €), con bastante menos daño ambiental y territorial, en un plazo muchísimo más corto y con tarifas más accesibles.

Líderes en infraestructuras de transporte… y en paro

Y lo más grave es que el exceso no se ha producido sólo con el AVE:

- El “rescatado” estado español es también el país europeo con más kilómetros de autovías y autopistas, sólo superado en el mundo por los EEUU y la China (con unas dimensiones geográficas y económicas incomparables). Y también somos los que más kilómetros tenemos por habitante y por automóvil. La causa: mientras que en otros países no se considera razonable desdoblar una carretera si el tránsito no supera los 15-20.000 vehículos/día, aquí encontramos autopistas que no llegan ni a los 2.000 vehículos/día.

- Tenemos también 48 aeropuertos gestionados por AENA (sin contar el ya cerrado de Ciudad Real, el de Lleida y el fantasmagórico de Castelló), además de 53 aeródromos privados. Los últimos aeropuertos inaugurados son todos una ruina económica… y social; como ejemplo podemos mencionar el de Huesca, inaugurado en 2007 y que no llega a los 8 viajeros/día. Como referencia, un ejemplo: Alemania, con 82 millones de habitantes, solo tiene 24 aeropuertos.

- También están haciéndose inversiones desproporcionadas y desmesuradas en puertos, que en lugar de coordinarse se dedican a competir entre sí y a hacer unas previsiones de tráfico claramente hinchadas.

Y la pregunta es obvia: ¿Si las infraestructuras de transporte iban a generar tanta riqueza y tantos puestos de trabajo, como puede ser que tengamos la peor tasa de paro europea y una de las peores situaciones económicas cuando somos el primer país europeo en kilómetros de autovías, autopistas, trenes de alta velocidad y aeropuertos?

¿Y no hay dinero para el nuestro tren?

Como vemos, lo que es realmente ruinoso es la política de construcción indiscriminada de infraestructuras —en la que persisten—, que dilapida enormes cantidades de fondos públicos en obras que no tienen la más mínima rentabilidad económica ni social, sin hablar ya de sus problemas desde el punto de vista ambiental o territorial.

Y, ante este panorama, esta gentuza aún se atreve a amenazar con el cierre de las líneas regionales por motivos de racionalidad y eficiencia, cuando saben perfectamente que la inversión que necesita una línea como la de Alcoi-Xàtiva para renovarla y mejorarla, y hacerla así atractiva a los usuarios, es ridícula si la comparamos con las enormes inversiones (estas sí, bien poco “eficientes”) destinadas a las grandes infraestructuras. Y que no digan que la gente prefiere siempre el coche, cuando todos sabemos que mucha gente coge el coche hasta la estación de Xàtiva porque prefiere llegar en tren a València. Pero lo que quiere es coger un tren en condiciones, ¡no una tartana!

El coste de la renovación de la línea Alcoi-Xàtiva se calcula que es de 65 millones de euros; por hacernos una idea, eso es menos del que costará la construcción de 2 km de la línea de alta velocidad Teruel-Sagunt (o menos de lo que costará el mantenimiento durante 4 años de los 55 km de esa línea de alta velocidad: 69,5 millones de euros).

Y si queremos hacernos más idea (y más mala sangre), veamos donde van nuestro dinero (que tan racionalmente gestiona el gobierno): el Ministerio de Fomento destinará 290 millones a salvar 9 concesionarias de varias autopistas de peaje que están al borde de la quiebra (no tienen ni para pagar los intereses de la deuda) porque habían multiplicado por 3 las previsiones de tráfico e infravalorado los costes de construcción y de expropiación de los terrenos. Tras estas concesionarias se encuentran algunas cajas de ahorro y las grandes empresas constructoras (Sacyr, Abertis, Acciona, ACS, etc.), las mismas que organizadas en la patronal de la construcción, SEOPAN, cortejan a los gobiernos de turno y los presionan para que liciten más grandes obras públicas de infraestructuras. Todo un ejemplo de capitalismo “bien entendido”: si el negocio va bien, se quedan los beneficios, pero si va mal, las pérdidas las pagamos todos.

La crisis es una coartada: el transporte público les importa un bledo

La crisis económica no es una razón que justifique la supresión de líneas ferroviarias, es simplemente la coartada que utilizan para hacer lo que deseaban desde hace décadas. Es lo mismo que está pasando con la asfixia de la sanidad pública, la reforma laboral, las privatizaciones de servicios públicos, el endurecimiento de las políticas represivas y la limitación de los derechos sociales… Forman parte de la agenda neoliberal desde mucho antes de la crisis y ésta, bien explotada, representa su oportunidad para hacernos tragar sus políticas (el libro “La Doctrina del Shock”, de Naomi Klein, explica muy bien esta estrategia neoliberal).

Es falso que sea una cuestión de eficiencia económica. Si fuera así, no hubieran construido ninguna línea de AVE (en la que supuestamente es la línea más rentable, la Madrid- Barcelona, el usuario del AVE sólo paga el 33% de su coste real; el 66% restante lo pagamos entre todos, a través de la Administración), ni muchas autovías, ni —por supuesto— la mayor parte de los aeropuertos deficitarios.

El caso es que el mantenimiento de unos buenos servicios de transporte público no les ha interesado nunca y ahora, cuando quieren desmembrar aún más RENFE y privatizarla, algunas líneas les molestan, más aún cuando piensan que el coste electoral que sufrirían es asumible, sobre todo si utilizan la excusa de la crisis.
Hay que demostrar que no es así, que no permitiremos el cierre de la línea Alcoi-Xàtiva porque es fundamental para el futuro y la vertebración de nuestras comarcas, que defenderemos con uñas y dientes su mejora y que tenemos argumentos suficientes para desenmascarar las mentiras que se esconden en sus justificaciones.

Desde la Colla Ecologista La Carrasca-Ecologistes en Acció daremos apoyo a las iniciativas que se lleven a cabo para exigir el mantenimiento y, sobre todo, la mejora de la línea ferroviaria Alcoi-Xàtiva y animamos a la población a participar en todas las reivindicaciones que se lleven a cabo. Asimismo, continuaremos denunciando una política de infraestructuras de transporte antiecológica y despilfarradora de recursos, que es la causante del abandono que sufren las líneas regionales y de cercanías, que justamente son las más utilizadas por la población.