El valle de Espelunciecha es un pequeño valle ubicado en la cabecera del valle de Tena (Pirineo Aragonés, Huesca), ya casi en la frontera con Francia.

Este valle, esta pequeña joya, está situado junto al nacimiento del río Gállego, junto al Parque Nacional de los Pirineos frances, junto a la Reserva de la Biosfera de Ordesa-Viñamala (de hecho, estaba propuesto para formar parte de ella en breve) y se encuentra en la falda del macizo del Anayet, por él se puede ascender al coloso volcánico del Anayet y a sus famosos ibones y turberas.

Pero, Espelunciecha tiene la desgracia de estar situado demasiado cerca de la estación de esquí de Aramón-Formigal, en una zona que la empresa quiere urbanizar y especular con ella y, por si fuera poco, este pequeño valle es la puerta al valle de Aragón, la unión natural con Canal Roya y Canal Izas, por donde se quiere también unir Aramón-Formigal con otras estaciones de esquí y sus correspondientes urbanizaciones.

Demasiada presión para este pequeño valle, objetivo de la empresa Aramón en sus planes urbanísticos, que veía como se lanzaba un proyecto de ampliación de la estación invadiendo y destruyendo Espelunciecha, las márgenes del río Gállego e incluso parte de la actual Reserva de la Biosfera. Ese proyecto salía adelante y se iniciaba la urbanización del valle en la pasada primavera de 2004.

Lo sorprendente de todo esto, es que la empresa Aramón está formada, aparte de por la entidad financiera Ibercaja, por el propio Gobierno de Aragón, que ha dado todos los permisos ambientales necesarios contraviniendo las normas más elementales (la Comisión Europea está investigando estas irregularidades) y que está destinando ingentes cantidades de dinero público, de todos los aragoneses, a esta urbanización privada que destruye el patrimonio natural.

Los planes de Aramón-Formigal son terminar de ocupar el valle de Espelunciecha para, una vez ganada esa posición, avanzar desde allí hacía las estribaciones del macizo del Anayet, uniendose por Canal Roya y Canal de Izas con otras estaciones de esquí y machacando el propio macizo del Anayet. Precisamente toda la zona del Anayet es una de las zonas más emblemáticas del Pirineo desde el punto de vista de naturaleza de montaña, aquí el majestuoso pitón volcánico del Anayet se refleja en sus hermosos ibones, rodeados de unas turberas casi únicas y albergando una flora y fauna de incalculable valor.

La protección de semejante valor fue ya reclamada por la sociedad aragonesa con el Manifiesto del Anayet, suscrito en 1999, pero al que hasta ahora las autoridades se han negado, negando el tan anhelado Parque Natural del Anayet, que pondría freno a la codicia salvaje de Aramón-Formigal.

Todo este modelo destructivo (puesto que lo que Aramón está haciendo en Espelunciecha es sólo la experiencia piloto de lo que quiere hacer en todas las montañas aragonesas: Valle de Benasque, de Castanesa, Panticosa, Chistau, Bielsa y las sierras turolenses de Javalambre y Valdelinares) provocó la creación de la Plataforma en Defensa de las Montañas de Aragón, pidiendo diálogo y una moratoria a todas estas grandes obras mientras ese diálogo se producía.

Hasta ahora, el Gobierno de Aragón se niega a regular ni hablar sobre el tema, dejando las manos libres (y los bolsillos llenos con dinero público) a la empresa Aramón.

En estos momentos, las obras en Espelunciecha siguen inexorables, a pesar de las numerosas y crecientes críticas indignadas, a pesar de que Aramón-Formigal, en su desprecio absoluto por los paisajes de montaña, ha provocado desastres tremendos: tal está siendo la magnitud de los desmontes y los desvios de cauces, que la montaña entera se está viniendo, literalmente, abajo.

El pasado otoño aparecieron numerosas grietas en varias laderas justo encima de las obras, que posteriomente se comprobó que eran debidas a una total desestabilización de la ladera, que se deslizaba imparable. Ello obligó a paralizar las obras y a tener que variar los proyectos, tirando a la basura decenas de millones de euros de dinero público, pero en esta primavera Aramón-Formigal sigue sin reconocer sus errores y empecinada en sus planes urbanísticos, aunque para ello sea necesario echar abajo toda la montaña.