Es imprescindible comprender las consecuencias de nuestros actos.

Huáscar Sologuren y Lucía Bárcena Menéndez. Revista El Ecologista nº 76.

La economía se globaliza y las responsabilidades también. Todos los actores que conforman la producción, transformación y compra-venta de cualquier producto están forzosamente implicados, y por lo tanto tienen responsabilidades sobre las consecuencias de estos procesos. El sistema capitalista de mercado, al externalizar la mayor parte del trabajo, diluye las responsabilidades, pero es posible y necesario desvelar las consecuencias de nuestros actos de consumo.

El 25 de noviembre de 2012 una fábrica textil de Ashulia, a las afuera de Dhaka, capital de Bangladesh, ardió provocando la muerte de más de 120 trabajadoras y trabajadores.

La primera cosa que llama la atención de esta tragedia ha sido su escasa difusión en los grandes medios de comunicación tradicionales. Tan sólo buceando en las secciones de noticias internacionales o acudiendo a plataformas digitales alternativas se podía tener noticia sobre un hecho que va mucho más allá de un accidente desgraciado.

Las primeras investigaciones sobre el incendio ponen de manifiesto las condiciones infrahumanas a las que las trabajadoras de la fábrica Tazreen Fashion Ltd estaban sometidas. Hacinadas en condiciones de absoluta insalubridad, realizando jornadas laborales abusivas de 54 horas semanales por un salario de miseria, y sin las más mínimas garantías de seguridad, las trabajadoras confeccionaban prendas para las grandes y poderosas transnacionales del textil de Europa y EE UU como Wal-Mart, Sears, Walt Disney Co, Teddy Smith y Edinburgh.

La tragedia de Tazreen Fashions en Bangladesh podría haber sido un hecho aislado, un desafortunado accidente ocurrido en una fábrica que reunía unas condiciones laborables intolerables, pero desgraciadamente dichas condiciones son algo común en el país asiático. Las estadísticas son contundentes: desde 2006 han muerto más de 600 personas y se han producido más de 2.000 heridos debido a los accidentes ocurridos en las fábricas bangladesíes. Fábricas que son subcontratadas para la elaboración de prendas por las más conocidas marcas europeas y norteamericanas.

Una vez más el sistema económico global se muestra como el monstruo que es, devorando vidas y dignidades humanas para su continuo avance hacia el progreso y beneficio esperado. ¿Pero en el fondo, quién es, en todo este proceso económico internacionalizado, responsable de que se produzcan dichas matanzas, cómo es posible que se produzcan estos hechos en un Mundo donde se han pronunciado unos derechos humanos, universalmente declarados y universalmente violados?

La economía se globaliza, entonces las responsabilidades también. Todos los actores que conforman la producción, transformación y compra venta del producto están forzosamente implicados, y por lo tanto tienen que tener responsabilidades sobre las consecuencias. El sistema capitalista de mercado, al externalizar la mayor parte del trabajo, aumenta la dispersión de responsabilidades. Sin embargo sí es posible y necesario establecer una cadena de responsabilidades, poner cara al mercado que resulta que no es tan abstracto.

El sistema económico internacional y las grandes trasnacionales

La doctrina neoliberal impulsadas por las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, junto a la Organización Mundial del Comercio y el consenso de Washington, han impuesto una economía globalizada en donde la mercantilización de todo a cualquier coste se ha convertido en una especie de religión. Del mismo modo, el modelo de la empresa multinacional ha servido como herramienta para difundir la doctrina neoliberal. El mercado internacional es cada vez más demandante y las empresas multinacionales van exigiendo a sus proveedores la producción de materiales en menor tiempo y con menor coste. Esto se traduce en un incremento de las jornadas laborales y en bajas salariales, imposibilitando de cualquier manera el respeto a los Derechos Humanos. La empresa transnacional invisibiliza el trabajo de mayor riesgo e implicación humana, que casualmente se sitúa en las periferias, como la fábrica de Tazreen Fashions, y afectando en su mayoría a las mujeres.

Estas estrategias de las IFI canalizadas a través de las grandes transnacionales llevan a un mismo punto: una exacerbada competitividad que imposibilita cualquier concepto de dignidad humana, con el empobrecimiento constante de las periferias del mundo y una ruta imparable hacia una globalización de la desigualdad.

El Gobierno de Bangladesh

El peso de la industria textil para la exportación es uno de los pilares fundamentales de la economía de Bangladesh. En el país asiático se han establecido más de 4.500 fábricas textiles que aportan aproximadamente 4,2 millones de puestos de trabajo. La industria textil representa el 80% del total de las exportaciones bangladesíes y sin duda alguna aporta una parte esencial en el PIB del país.

Esta inmensa producción encaminada al crecimiento constante se consigue gracias a una pasividad total por parte del Gobierno de Bangladesh con respecto a las condiciones laborables de sus ciudadanos en las fábricas subcontratadas por las grandes transnacionales. Da la casualidad de que Bangladesh es uno de los países que aunque ha firmado el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) se reserva el derecho de interpretar los derechos laborales en los artículos 7º y 8º, derechos encaminados al goce de condiciones de trabajo equitativas y satisfactorias que le aseguren una remuneración justa, seguridad e higiene en el trabajo así como otros derechos básicos e inalienables de los trabajadores como la limitación razonable de las horas de trabajo, los descansos necesarios y vacaciones pagadas.

También el Estado de Bangladesh se reserva el derecho a interpretar sobre la base de su legislación interna los artículos 2º y 3º, que hacen referencia a la responsabilidad por parte de los Estados firmantes del Pacto para la garantía del cumplimiento de los DESC. Por lo tanto Bangladesh elude de forma manifiesta las responsabilidades expresadas en el Pacto Internacional de los DESC para la garantía de unas condiciones dignas laborables para con las trabajadoras y trabajadores de su país.

Bangladesh justifica sus condiciones laborables criminales para conseguir un alto crecimiento del PIB que tan solo beneficia a una elite del país, y para establecer las condiciones favorables que le ayuden a alcanzar un puesto competitivo dentro de la industria textil internacional.

Nuestra responsabilidad

Así como hablamos de un necesario cambio en el modelo de producción, no es suficiente si no se da un cambio en nuestro modelo de consumo. En el sencillo acto de la compra de una camiseta puede estar la complicidad en ese mercadeo del oprobio. Nos convertimos en el último eslabón de una cadena que perpetúa la opresión de los condenados de la tierra donde nuestras preferencias de consumo solo se guían por criterios de satisfacción individual. Los bajos precios nos atraen sin darnos cuenta que el verdadero valor de la prenda es pagado por las personas y también por la Madre Tierra.

Llega el momento, pues, de asumir nuestra propia responsabilidad de comprender que nuestros actos como consumidores puede tener una influencia decisiva en la vida de los otros y en el medio ambiente. Repensar otras formas de consumo, reducir la huella ecológica de nuestras compras, invertir en pequeñas iniciativas y exigir la ausencia total de la violación de los Derechos Humanos y costes medioambientales en la producción textil. La salud comunitaria no se obtiene por la vía del consumo individualizado sino por una gestión colectiva y democrática de los sectores más importantes de la economía.

Contra una idea se lucha con otra idea. La solidaridad entre los pueblos, la justicia global, el respeto por la vida serán nuestra luchas frente a la imposición de la infame avaricia de los mercados. Una vez más la creencia en la realización de esta ideas, está en nuestras manos, otro Mundo es posible, un Mundo donde la destrucción de 120 vidas por unas condiciones laborables intolerables sea un crimen contra la humanidad y no una noticia de segunda fila.