El verdadero motivo del conflicto son los intereses de las élites israelíes que se benefician del mismo.

Ferran Izquierdo Brichs (Universitat Autònoma de Barcelona). Revista El Ecologista nº 82.

Este texto, escrito antes de la actual y brutal escalada de violencia en la zona, sigue manteniendo su vigencia. Aunque habitualmente se considera el control del agua como uno de los factores más importantes del conflicto, en realidad el agua no es más que una excusa para mantener la ocupación. La solución del problema de la carestía y la respuesta a las necesidades de la población, tanto israelí como palestina, pasa por el mismo camino que la paz: que no haya élites israelíes que ganen manteniendo la situación de conflicto permanente.

La zona de la cuenca del río Jordán y de los acuíferos de Cisjordania es uno de los centros de la conflictividad internacional por los recursos hídricos. Las causas de los conflictos se tienen que buscar en la carestía, la falta de fuentes alternativas, la situación de dependencia en que se encuentran algunos de los actores dada la relación de poder en la cuenca, y por las funciones políticas, económicas y de seguridad del agua. Se añade a estos factores la superposición de la disputa por el agua al conflicto político y una distribución de los recursos basada en la conquista, con lo que la percepción de injusticia se impone entre los actores árabes.

Las diferencias en el consumo de agua se reflejan tanto en el volumen total como en los usos de regadío y doméstico. La posición de los israelíes y de los colonos judíos en los territorios palestinos es claramente superior en todos los usos del agua [1]. Actualmente, la gran consumidora de agua (alrededor del 50%) es la agricultura, pero, en un futuro próximo, la carestía será tal que el consumo doméstico y urbano forzosamente deberán pasar a un primer plano [2]. La ocupación israelí de los territorios palestinos es el factor determinante en la carestía palestina y en la desigualdad, por lo que un conflicto se mezcla con el otro. Esto se puede ver en la actualidad con toda claridad en la construcción del Muro del apartheid dentro de Cisjordania, que no solo separa a la población palestina de grandes parcelas de tierra, sino que también expropia pozos e importantes cantidades de agua a favor de las colonias.

El conflicto por los recursos hídricos de Palestina se presenta normalmente como un obstáculo importante en las negociaciones para acabar con la ocupación israelí. En ocasiones, principalmente en épocas de sequía, el agua se presenta como uno de los intereses fundamentales para los israelíes en los Territorios Ocupados. De hecho, los recursos hídricos constituyen uno de los dossiers centrales en las ocasiones en que hay conversaciones. Sin embargo, un análisis detenido nos permite apreciar que esta visión es simplista y que la necesidad de agua para el bienestar de la población israelí o palestina no está directamente relacionada ni es causa de la ocupación israelí de territorios palestinos.

El conflicto dominante no es por el agua

Para este análisis usaremos el concepto de complejo conflictual de Guillem Farrés. Desde su perspectiva, en la mayoría de las ocasiones no es posible limitar el análisis al conflicto superficial o más evidente, pues casi siempre nos enfrentamos a distintas competiciones relacionadas entre sí: “Así vemos que lo que considerábamos un conflicto internacional (o entre grandes grupos sociales) es un sistema formado por el conjunto de conflictos y relaciones de poder entre una multitud de actores implicados; nos referiremos a este sistema como complejo conflictual […] Debemos encontrar el conflicto dominante del complejo conflictual que, aunque en ocasiones no es el más visible, es el conflicto al que están sometidas las dinámicas de las demás relaciones de poder y conflictos del sistema, y afecta profundamente a la conducta de los actores. Desvelar la estructura de los conflictos de un complejo conflictual, e identificar el conflicto dominante parece clave para poder abordar la resolución de cualquier complejo conflictual” [3].

Así, por una parte, en el caso de la ocupación israelí, el conflicto dominante se encuentra en las dinámicas de competición por el poder dentro de Israel [4]. En la competición por la acumulación de poder y capital en Israel tiene un papel determinante la ocupación de los territorios palestinos y sirios, así como el conflicto con los países árabes. Hay unos actores (complejo militar-industrial, políticos nacionalistas, partidos colonos…) que ganan mucho gracias al conflicto, mientras que otros (empresas de la economía civil, sectores civiles de la Administración, partidos de la izquierda…) pierden a consecuencia del conflicto. En este sentido, siempre que hay conversaciones de paz, se repite el argumento de que la ocupación debe continuar para no perder el acceso a un agua necesaria para la supervivencia de Israel. No obstante, como veremos, esta propaganda no tiene la función de defender el bienestar de los israelíes, sino que busca dificultar el apoyo de la sociedad a una paz que sería negativa para las élites israelíes que ganan con el conflicto.

La colaboración permitiría un mejor aprovechamiento del agua

Para analizar el conflicto por los recursos hídricos, debemos pues evidenciar cuál sería el conflicto dominante en este complejo conflictual. En teoría, los conflictos por el agua responden a la necesidad de recursos hídricos que tienen los colectivos de población para dar respuesta a sus necesidades de bienestar (agua potable, alimentos, higiene, trabajo…). Sin embargo, si el objetivo real del agua disputada fuera el bienestar de la población, todos los técnicos coinciden en que la cooperación en la gestión de los recursos es esencial para llegar a la máxima eficiencia y aprovechamiento [5]. La gestión de toda la cuenca y de todos los sectores relacionados con los recursos hídricos es esencial para afrontar los problemas de la carestía y dar respuesta a las necesidades de toda la población. Así, si el núcleo del conflicto fuera el agua, su solución podría ser muy útil para construir la paz, de la misma forma que la gestión integrada del carbón y el acero en Europa tras la Segunda Guerra Mundial permitió iniciar el camino que condujo a la Unión Europea.

En el caso del agua de los acuíferos palestinos, es especialmente importante tener en cuenta las necesidades económicas y sociales, pues las diferencias en el desarrollo y en el consumo entre la población israelí y la palestina plantean necesidades muy desequilibradas. A Israel le es más fácil renunciar al agua de regadío por tener una economía mucho más rica y diversificada, con lo que se podrían liberar grandes volúmenes de agua para destinarlos a otros usos. Además, su capacidad para acceder a alternativas en el suministro es mayor que en el resto de corribereños. La importación de agua con acueductos tiene el gran inconveniente de la vulnerabilidad, que sería mucho mayor en una entidad palestina débil y desmilitarizada, mientras que Israel ha demostrado sobradamente que tiene el poder y la capacidad para proyectarlo y proteger las infraestructuras si no suficiente para ser una garantía total, sí enormemente mayor que los palestinos [6].

En lo que se refiere a la desalinización [7], Israel ya posee la tecnología necesaria, está dando un gran impulso al sector y, en términos relativos, el coste es mucho menor dada la enorme diferencia existente con el PIB de sus vecinos. Por otra parte, tanto el acceso al mar como al agua salobre es más fácil en Israel. Los Territorios Ocupados solo tienen costa marítima en la Franja de Gaza, y esta es muy limitada, y los depósitos de aguas salobres son muy importantes en el territorio israelí, sobre todo en el Negev, con lo que la desalinización sería más eficiente. Una redistribución de los usos en Israel y en la cuenca permitiría afrontar cambios en el uso actual hacia una mayor eficiencia tanto en coste como en calidad.

El desvío de agua del regadío al uso urbano, combinado con la desalinización, haría posible ahorrar una gran cantidad de energía en el transporte de agua del Jordán hacia el sur a través del Acueducto Nacional israelí [8]. La energía ahorrada se podría dedicar a la desalinización, disminuyendo su coste, si hubiera una redistribución de los recursos hídricos tanto en los usos como entre los corribereños que hiciera innecesario el Acueducto Nacional. Se puede pensar, por ejemplo, en un intercambio de agua del Jordán hacia Cisjordania y de agua de los acuíferos de Cisjordania hacia la llanura de la costa. Al propio tiempo, si disminuye el regadío en el Negev y se desaliniza agua de los enormes depósitos salobres, también se reduciría el agua que se debe bombear a través del Acueducto Nacional.

Sin embargo, lo que vemos al analizar el conflicto por el agua en Israel y Palestina, es que el conflicto dominante es la competición de las élites israelíes por el poder. El agua no es más que una excusa para mantener la ocupación, por lo que la solución del problema de la carestía y la respuesta a las necesidades de la población, tanto israelí como palestina, pasa por el mismo camino que la paz: que no haya élites israelíes que ganen manteniendo la situación de conflicto permanente.

Notas

[1] Sobre la distribución de los recursos y el consumo, ver: Isaac, J. y Sabbah, W.: The Need To Alleviate Palestinian Fears Of A Dry Peace (Bethlehem: Applied Research Institute Jerusalem, 2009).; World Bank, Assessment Of Restrictions On Palestinian Water Sector Development, Report No. 47657-Gz, 2009.; Palestinian Ministry of National Economy & ARIJ, The economic costs of the Israeli occupation for the occupied Palestinian territory, Bethlehem, West Bank, Applied Research Institute Jerusalem, 2011.; http://www.btselem.org/water/statistics

[2] Rejwan, A., The State of Israel: National Water Efficiency Report, Planning Department of the Israeli Water Authority, 2011.

[3] Farrés, G., «Poder y análisis de conflictos internacionales: el complejo conflictual», Revista CIDOB d'afers internacionals, 99, 2012. http://tinyurl.com/nfsr84y

[4] Ver Álvarez-Ossorio, I. e Izquierdo Brichs, F., ¿Por qué ha fracasado la paz? Claves para entender el conflicto palestino-israelí, 2ª ed. Madrid, La Catarata, 2007.

[5] Ver Izquierdo Brichs, F. «El agua como factor de hostilidad y de cooperación en el ámbito internacional». En Gutiérrez Espada, C. E. A., ed., El agua como factor de cooperación y de conflicto en las relaciones internacionales contemporáneas. XXII Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales, Murcia 20-22 sept 2007: Murcia: Fundación Instituto Euromediterráneo del Agua, 2009.

[6] Elmusa, S. S., «Dividing the Common Palestinian-Israeli Waters: an International Water Law Approach», Journal of Palestine Studies, XXII, núm. 3, 1993, 69.

[7] Sobre la desalinización en Israel ver Dreizin, Y. y otros, «Integrating large scale seawater desalination plants within Israel's water supply system», Desalination, 220, núm. 1, 2008. Sobre el posible uso de la desalinización como mecanismo facilitador en la resolución de conflictos por el agua, ver Larson, R., «Innovation and International Commons: The Case of Desalination Under International Law», Utah Law Review, Forthcoming, 2012.

[8] La extracción de agua canalizada por el Acueducto Nacional se realiza en el lago Tiberiades, que se encuentra por debajo del nivel del mar, por lo que el agua se tiene que bombear más de 200 metros, lo que supone un gran gasto energético.