Tengo asociado el Mar Menor a mi primera experiencia de veraneo allá por los años 60. La mirada intentando abarcar todo el paisaje de la laguna pervive en la mente como si fuera ayer. Hoy la mirada desgraciadamente es otra pero hay un margen para una esperanza de futuro basada en argumentos sostenibles: se puede y se debe salvar el Mar Menor.

Es necesario y urgente auditar el descontrol que se ha producido con la proliferación de desaladoras privadas dispersas por todo el Campo de Cartagena que, muy probablemente, está ligado al descontrol en el incremento de nuevas superficies de regadío (en torno a 20.000 hectáreas más de lo estimado oficialmente). Esto supone un significativo incremento de la contaminación por fertilizantes y pesticidas. La desalación masiva da lugar a más drenajes por dos vías: el agua, que permite aumentar la superficie regada y por tanto aumenta el aporte de fertilizantes, y las salmueras,cargadas de nutrientes, que se vierten a distintos cauces y ramblas como la del Albujón, lo que multiplica el problema de la contaminación agraria.

Otro elemento importante es la reducción de contaminación agraria en origen. Hay que aplicar la Directiva de Nitratos y poner en marcha medidas en base al hecho de que el Campo de Cartagena fue declarado, desde hace ya unos 15 años, Zona Vulnerable a la contaminación por Nitratos, con el fin de reducir drásticamente la aportación de fertilizantes y pesticidas en todo el regadío del Campo de Cartagena. Es necesario y urgente un plan para promover el cambio a una agricultura ecológica en la comarca y hay que trabajar por la conversión de los invernaderos existentes a sistemas de ciclo cerrado en relación con los drenajes agrarios. Los invernaderos de circuito cerrado son obligatorios en Holanda y siguen creciendo invernaderos de este tipo en zonas como Almería.

Hay que reducir los flujos de contaminación agraria con medidas naturales para la retención de agua y nutrientes, que han sido puestas en práctica desde hace tiempo y con éxito en muchas cuencas agrícolas a nivel internacional, especialmente en Europa. Estas medidas incluyen, entre otras muchas, medidas de arquitectura del paisaje a través de franjas de vegetación entre parcelas y lindes. Estas franjas de vegetación, así como pequeños cuerpos de agua, actúan como áreas-tampón y trampas de retención de nutrientes y pesticidas en toda la zona de regadío intensivo del Campo de Cartagena.

En las cercanías del Mar Menor, la creación de una banda de nuevas superficies de humedal actuaría como filtro para interceptar los flujos superficiales a través de las ramblas (no sólo la del Albujón), como los sub-superficiales y las aguas de avenida, muy cargadas de nutrientes y pesticidas, y cuyo único tratamiento posible es a través de humedales. Los estudios disponibles avalan la elevada eficacia que tendría esta banda de nuevos humedales, diseñados para optimizar la eliminación de nutrientes y para reducir, de manera significativa, la contaminación agraria difusa que llega a la laguna a través de los diferentes flujos.

No hay que perder tiempo, se puede y se debe salvar el Mar Menor, nadie quiere que el resultado final sea una degradada e irrecuperable laguna que dejemos como herencia a las generaciones futuras.

Reflexiones de Pedro Belmonte, profesor de secundaria y miembro cofundador de Ecologistas en Acción de la Región Murciana.

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