Una granja de vacuno ecológica.

Paula Tordesillas [1], Ecologistas en Acción de Castilla y León. Revista Ecologista nº 90.

La granja Crica, en Valladolid, es la única de producción láctea de vacuno certificada como ecológica en Castilla y León. El conocimiento tradicional de una familia dedicada al ganado se combina con una gestión integral de todas las fases de la producción, elaboración y comercialización, hasta el punto, incluso, de establecer lazos de amistad con sus clientes.

La familia Criado Catalina decidió hace más de 50 años criar vacas en una zona donde se veían muy pocas. Ya entonces fueron innovadores en el pastoreo. Alfonso, el hijo menor, fue el primero en continuar con el trabajo de sus padres, seguido después por su hermano Julio. Juntos han llevado a cabo cada innovación y mejora en la granja. la familia bautizó el proyecto con las iniciales de los apellidos de sus padres, Crica. Dicen que desde el principio tuvieron claro que querían ser autosuficientes y por eso han intentado autoabastecerse con su producción agrícola y han dado salida a la leche de sus vacas a través de la transformación a productos lácteos. Por eso pusieron en marcha también una pequeña quesería y fue entonces cuando se unieron al proyecto otros cinco miembros de la familia.

La granja Crica está situada en el municipio de Megeces, Valladolid, junto al regazo del río Cega, donde el valle se hace hueco en la extensa llanura de la campiña vallisoletana. Allí, los hermanos Criado han conseguido ser autosuficientes y autoabastecerse con 40 hectáreas de forraje de 15 de cultivos. Además, poseen 12 hectáreas más de prados donde pastan las vacas durante todo el año. Cuentan con unas 50 vacas, de las que entre 25 y 30 son de producción de leche y el resto son novillas y vacas de reposición.

Una producción sostenible

Esta producción ecológica ha conseguido reducir la producción de leche para adaptarse a su producción agrícola.

Los pastos son permanentes y tienen una peculiaridad: una gestión diferente. Están divididos en parcelas de unos 1.500 metros cuadrados, preparadas para que sean pastadas por el número de vacas destinadas a la producción de leche.

El paisaje, desde la lejanía, se dibuja diverso, como un tablero de ajedrez con distintas tonalidades verdes.

Además, los ganaderos de Crica llevan a cabo un pastoreo que se adapta al cambio climático. Practican desde hace cuatro años el llamado pastoreo racional Voisin (PRV), que consiste en aprovechar el pasto en pequeñas parcelas dimensionadas para determinado número de cabezas de ganado y para un día. Se fundamenta en la biocenosis (conjunto de organismos que viven y se reproducen en determinadas condiciones en un medio) y en los tiempos de reposo y ocupación del pasto.

El PRV es una técnica basada en los fundamentos propuestos por el científico y filósofo francés, ya fallecido, André Voisin que en 1963 destacó las que luego se conocieron como «las cuatro leyes universales del pastoreo». Este título fue asignado por el Luis Pinheiro [2]. Aunque en Europa no es muy conocido este sistema, existen múltiples experiencias exitosas fundamentalmente en Brasil, Cuba y EE UU.

El primer principio del pastoreo racional se basa en la gestión de los pastos que se rotan en función de su periodo vegetativo. Todos los días, las vacas pasan por la nave para ser ordeñadas, pero antes de devolverlas a los prados para que sigan pastando, los ganaderos de esta explotación ecológica comprueban qué animales tiene un estado óptimo de desarrollo. Se registran las ocupaciones de cada parcela para llevar un seguimiento del aprovechamiento. Las vacas no pasan más de un día en la misma parcela para evitar la compactación del terreno.

En primavera, incluso, se divide la parcela en dos para que sea aprovechada por la mañana y por la tarde. La vaca es muy selectiva, prefiere los pastos jóvenes a los excesivamente maduros. Además, si un animal ha mordido o pisoteado una zona, ninguno volverá a morder esa misma zona. La saliva estimula el rebrote del pasto, por tanto, precisa ser comido en su punto óptimo de reposo para mantenerse perenne.

Lo importante es que no se coman el pasto rebrotado antes de tiempo, sino que le dejen suficiente tiempo de reposo para que se recupere y coja vigor, evitando que se degrade el sistema radicular con el paso de los animales.

El estado nutricional del pasto es óptimo justo antes de la floración. Voisin lo denomina «punto óptimo de cosecha». Al día siguiente del pastoreo de las vacas de leche de Crica, los caballos pasan a la misma finca para aprovechar al máximo el pasto ya que su mordida es más profunda que la de las vacas.

Bienestar animal

Todas las mañanas, alguno de los hermanos encargados de la ganadería Crica comprueba si las placas fotoeléctricas funcionan sin problemas. Éstas accionan la bomba que sube el agua del pozo, situado en lo alto del valle, hasta el depósito de abastecimiento para las vacas.

Esta explotación ganadera ha diseñado una red de tuberías instalada bajo tierra para abastecer de agua un punto de suministro compartido cada cuatro parcelas. El bebedero, junto con un bidón lleno de piedras de sal, se traslada todos los días a la parcela elegida para ser pastada.

Las vacas en esta granja ecológica alargan su vida de producción lechera tres veces más. En una explotación convencional a los cuatro o cinco años las vacas se reponen por otras nuevas. En el caso de Crica supone un ahorro importante relativo a la cría de terneras de reposición.

Por otro lado, estas vacas producen la mitad que las de una ganadería convencional, unos 4.000 litros por vaca al año. Sin embargo, tienen unos requerimientos energéticos seis veces inferiores a las de una estabulada [3]. Y algo muy importante para la transformación láctea, la calidad de la leche, en cuanto a grasa y proteínas, es excepcional. También hay que considerar que hacen más ejercicio físico, por eso consumen más energía.

En la actualidad, la familia Crica quiere comprar una ordeñadora portátil con plataforma para ordeñar directamente en el campo, evitando que los animales se desplacen largos trayectos hasta la nave. Otra práctica que utilizan es la de llevar a las terneras con la madre a la sala de ordeño, de este modo, la madre se encuentra tranquila mientras su cría mama a la vez que ordeñan las otras tres mamas. Se favorece así la generación natural de oxitocina y prolactina. Las terneras permanecen de entre cuatro y seis meses mamando con la madre, sanas y fuertes.

Fertilización in situ

Esta ganadería evita dispersar la materia orgánica por los prados, puesto que ese trabajo lo desarrollan a través del pastoreo. La materia orgánica se concentra por sectores de forma ordenada en el tiempo y según las necesidades de los prados.

Además, mantienen la microbiología del suelo intacta. La materia orgánica depositada favorece el movimiento de la microfauna, que se desplaza hasta la superficie para alimentarse, aireando y evitando la compactación. Por este motivo, no se labra el terreno, ya que se rompe el complejo ciclo del etileno-oxígeno que mantiene una alternancia entre microorganismos anaerobios(capaces de sobrevivir y multiplicarse en ambientes que no tienen oxígeno) y aerobios (ambientes con presencia de oxígeno) de los pastos.

Cuando se labra, aumenta el oxígeno en las microcavidades del suelo, lo que hace que los microorganismos aerobios proliferen y consuman los nutrientes. Todo esto hace que se genere etileno, debido a la actividad microbiana, afectando a la conversión de materia orgánica en humus, al reciclado de los nutrientes y a la mayor incidencia de enfermedades.

Por otro lado, el manejo de la agrobiodiversidad de los prados y lindes es permanente.
Donde hay alfalfa de forma continua, se lleva a cabo una siembra directa, por tanto, es suficiente para mantener producción de los pastos en verano. Además de los beneficios que conlleva esta leguminosa en la fertilidad del suelo, al fijar nitrógeno, retiene durante todo el año la humedad y los nutrientes, y se controlan las arvenses (malezas). Los ganaderos de esta explotación ya han notado menor desarrollo de bromo, Salsola kali y otras plantas herbáceas.

Mientras, las lindes entre parcelas y pasillos de acceso son repobladas cada año con almendros, fresnos, romeros, retamas, etc.

También existe un pequeño lago en la granja. Es una balsa de recogida de aguas de escorrentía que construyeron los responsables de Crica, que se alimenta del agua de lluvia a través de drenajes situados por las parcelas superiores. El lago esta reforestado con plantas aromáticas y árboles autóctonos. Sirve para dar humedad de forma natural a las fincas colindantes y por ello las praderas hace años que ya no se riegan.

Por otro lado, se encuentra la charca-depuradora donde van a parar las aguas sucias y grises de la quesería, y de la sala de ordeño, y donde son tratadas. Las plantas macrófitas cumplen la función de bombear oxígeno a las bacterias encargadas de descomponer la materia orgánica depositada, situadas en el fondo de la charca y así se evita verterlas al alcantarillado público y mantienen la biodiversidad. Todos los años anida una pareja de ánade real en esta charca.

Venta directa

La venta directa es la pieza clave de la gestión integral de la cooperativa Crica. Comercializan leche pasterizada, yogures, mantequilla, queso fresco, curado y semicurado. Además, recientemente les han dado autorización para comercializar leche cruda.

Reparten todas las semanas en Madrid y Valladolid y cada 15 días también en Segovia y Salamanca. Distribuyen fundamentalmente a cooperativas y grupos de consumo, además de tiendas especializadas.

La transformación de la leche cruda a productos lácteos se realiza según la demanda de sus clientes, que hacen los pedidos con unos días de antelación.

El mayor reto según de estos productores es conseguir aumentar de cercanía de sus lácteos en toda la provincia y la ciudad de Valladolid. Pero incluso, se plantean probar con la restauración colectiva de productos lácteos: heladerías, restaurantes, catering…, explica Alfonso, uno de los hermanos de la familia Crica que mantienen con ilusión esta granja ecológica.

Un proyecto al margen de los combustibles fósiles
Esta explotación ganadera sostenible y ecológica tiene también sus puntos débiles como cualquier gestión agrícola-ganadera. Son los inputs que encarecen el producto final. Por eso, cuanto menor dependencia exista de las energías fósiles, mayor será el margen de beneficio económico. También el pastoreo racional puede ser utilizado como tecnología agroecológica al servicio de la regeneración de los suelos, la sostenibilidad de los sistemas agrícolas y el bienestar animal. Además, mejora en autonomía e independencia de las energías fósiles.

Por otro lado, la implantación del pastoreo racional de las vacas requiere capacidad de observación, orden y constancia. Pero si se consigue supone recuperar áreas erosionadas, manteniendo durante todo el año pasto abundante, de buena calidad, incluso en condiciones climáticas limitantes, y haciendo que el ganado lo aproveche al máximo.

El PRV también mejora la vida en el suelo, muy importante tanto por la captura de carbono atmosférico, como por el mantenimiento y creación de suelo fértil y aireado. Si absorbe más carbono, compensa las emisiones de metano y CO2.

Energéticamente, este pastoreo controlado minimiza el consumo de combustibles fósiles, al evitar la mecanización y se aprovecha al máximo la energía solar a través de la fotosíntesis. Produce más por superficie.

Este modo de gestión también Aumenta la biodiversidad y se evita la proliferación de plagas y mejora del bienestar animal.

[1] Experta en agroecología que ha colaborado durante un año y medio en el proyecto de Crica con una iniciativa de visitas guiadas para escolares y familias

[2] Pinheiro, LC. Pastoreo Racional Voisin. Tecnología agroecológica para el tercer milenio. Ed. Hemisferio Sur, 2014.

[3] Mediavilla, Margarita. Estudio comparativo de un modelo convencional de producción láctea con un modelo agroecológico. Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas, UVA