La política del Ayuntamiento en materia de gestión del arbolado urbano parece haber encontrado recientemente un enemigo a abatir, los plátanos de sombra (Platanus orientalis). Esta especie ha sido tradicionalmente empleada en los espacios urbanos por su resistencia a los suelos compactos y con escasa aireación, como es el caso de Logroño.

Hace tiempo que asistimos a la poda salvaje de los ejemplares de más edad cuando no, directamente, a su corta y sustitución por arbolillos de escaso porte y crecimiento. El caso más sangrante ha sido la actuación realizada en la calle peatonal de Bretón de los Herreros en una ciudad que cuenta además con un Plan Director de gestión del arbolado y zonas verdes.

Esta Corporación parece olvidar que más allá de formar parte del mobiliario urbano, los árboles y, especialmente, las arboledas o los paseos arbolados forman parte del paisaje urbano y caracterizan en muchos casos a las ciudades y pueblos. Tal sería el caso, en nuestra región, de las falsas acacias (Robinea pseudoacacia) que adornan las calles y edificios de las dos Viniegras. Y del mismo modo, ocurre con los plátanos en Logroño, cuya máximas representaciones pueden verse en el paseo del Espolón, en parte mermado por la construcción del aparcamiento subterráneo, o en la Avenida de La Paz.

En el caso de la calle Bretón de los Herreros, bajo la justificación de encontrarse algunos ejemplares dañados, se está produciendo su sustitución por arbolillos y laureles rompiendo la imagen y carácter tradicional del paseo y eliminando una de las funciones de esta arboleda, la de dar sombra a los paseantes en verano. Tras la invasión desmedida de una calle recientemente peatonalizada por las terrazas parece ser que la tendencia actual para su uso y disfrute ciudadano consiste en que la única sombra bajo la que cobijarse sea la de los toldos previo pago de una consumición.

Puede entenderse la poda de algunos árboles cuando su elevado tamaño en aceras y calles estrechas impiden su desarrollo y afectan a fachadas a consecuencia de una mala planificación de tiempos pasados. Lo que no se entiende son las podas salvajes de plátanos en espacios abiertos donde no existen trabas para el crecimiento de su copa, como las que se han realizado en las calles de San Francisco o de General Urrutia (Plaza Darmstadt) que, más bien, parecen la antesala de su tala definitiva. Tampoco se entiende, por ejemplo, la poda sistemática de los aligustres de Japón o japónicas de la Plaza de San Bartolomé cuando disponen de un amplio espacio para expandir su follaje.

Y llegados a este punto que está motivando quejas por parte de los logroñeses, acompañadas del silencio del Ayuntamiento y del Concejal responsable de turno, urge parar semejante desafuero y plantear medidas para la protección de nuestro patrimonio vegetal urbano. Un paisaje que está asociado a la memoria de tiempos pasados, como las espléndidas arboledas de plátanos que enlazaban el Paseo del Espolón con la antigua plaza de toros, bajando por la calle Duquesa de la Victoria. Por no hablar también del majestuoso plátano situado frente al antiguo Casino, en la parcela hoy ocupada por la Torre de Logroño, y que fue derribado a consecuencia de la expansión urbana de otras épocas.

Y este cambio necesario de la nefasta política municipal debería centrarse, principalmente, en la inventariación y posterior protección de todas las arboledas de plátanos existentes en Logroño como las del Paseo del Espolón, Bretón de los Herreros, Doce Ligero, Once de Junio, etc. reponiéndose, en caso necesario, los ejemplares dañados. Pero lo más urgente es intervenir en la calle Bretón de los Herreros volviéndose a plantar, de cara al próximo invierno, los plátanos cortados en lugar de los árboles y laureles colocados permitiendo recuperar la imagen tradicional de la calle y la saludable sombra de sus copas. “Quien planta un laurel nunca se sienta a la sombra de él”.

Resulta chocante observar la grave contradicción existente entre lo que señala y plantea el Plan Director de gestión del arbolado y zonas verdes de Logroño y las actuaciones en materia de podas que realiza habitualmente este Ayuntamiento. Actuaciones que no dan respuesta a los problemas que presenta el arbolado, especialmente en el caso de los plátanos, y hacen necesaria una revisión del citado Plan Director con unos objetivos y actuaciones que conserven y mejoren el escaso patrimonio natural de la ciudad. Mientras tanto, es preciso establecer una moratoria de todas las podas que sean innecesarias en los ejemplares cuyas copas no produzcan interferencias en los edificios cercanos.

Ante esta falta de sensibilidad del Ayuntamiento por la conservación del arbolado urbano –véase también la progresiva desaparición de los cedros de la ciudad- es hora de reivindicar, más allá de su contribución a suavizar el habitualmente árido paisaje urbano, el beneficioso papel de los árboles en la ciudad como auténticos pulmones frente a la contaminación producida por los coches, como sombrillas naturales sin pago alguno frente al calor estival o como refugio de la avifauna urbana. En definitiva, un bien necesario en un erial asfaltado.

Rafael Fernández Aldana, Ecologistas en Acción