El águila imperial es una de las aves más amenazadas del planeta, el total de la población se localiza en la Península Ibérica. En la Comunidad de Madrid se encuentra entre el 13 y el 17% de la población
mundial. Por ello, su conservación es una obligación moral y legal. Sin embargo, el desdoblamiento de la carretera M-501 y el urbanismo descontrolado amenazan seriamente la supervivencia de esta especie en la
Región.

El águila imperial ibérica es una de las siete especies de rapaces en mayor peligro de extinción del mundo. El total de la población mundial se localiza en la Península Ibérica con unas 175 parejas. De estas entre el 13 y el 17% de las parejas reproductoras se encuentra en la Comunidad
de Madrid. Actualmente existen dos núcleos principales de reproducción, el más numeroso, con 16 parejas, se localiza en la zona suroeste de la región en la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) Encinares
de los ríos Cofio y Alberche. El segundo núcleo se encuentra en el monte de El Pardo, con 8 parejas.

Los principales enemigos del águila imperial son la alteración de su hábitat por la invasión de zonas de alimentación, la desaparición del conejo (su principal fuente alimentaria), la utilización de venenos en
cotos de caza y la electrocución por tendidos eléctricos, especialmente en ejemplares jóvenes.

La alteración del hábitat es uno de los principales problemas en la Comunidad de Madrid. Actualmente está previsto urbanizar en buena parte de las zonas que son utilizadas como cazadero por el águila imperial.
Por ejemplo, el municipio de Las Rozas prevé urbanizar en los barrancos que se sitúan al sur de la carretera M-505 (Las Rozas-El Escorial). Estos terreno son utilizados como zona de alimentación de la única pareja de águila imperial que cría en el Parque Regional del río Guadarrama.

Pero sin duda la principal afección sobre la conservación del águila en Madrid es la drástica transformación en la ZEPA del suroeste derivada de la conversión en autovía de la M-501. En esta zona se localiza la mayor población de la Comunidad de Madrid y el 10% de las parejas que existen
en el mundo. Es especialmente preocupante la destrucción del tramo comprendido entre Chapinería y Navas del Rey, donde se encuentra un área de caza vital para esta especie.

Por otra parte, la autovía lleva aparejado un asentamiento masivo de población que se materializa en las más de 20.000 viviendas y cuatro campos de golf que de momento están previstas en la zona. Se da la circunstancia de que estas nuevas viviendas y los campos de golf se
sitúan sobre los terrenos que la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio ha desprotegido urbanísticamente. Es decir, en 2001 el Plan de Ordenación de Recursos Naturales de la ZEPA de los Encinares Cofio y Alberche clasificaba esos terrenos como no
urbanizables protegidos y en 2005, la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio los ha sacado de esa clasificación dejando a la decisión de los Ayuntamientos su clasificación.

La alteración del hábitat bien por la ocupación de la carretera, bien por la urbanización supone la destrucción del territorio y la desaparición del conejo, base alimenticia de esta especie. Estas dos factores tienen efectos negativos sobre su nivel reproductivo (ya de por
si baja) o en el abandono de sus actuales territorios de cría, con el riesgo impredecible que ello supondría, dado de que se trata de la zona con mayor número de parejas de la Región. Por otro lado, las medidas compensatorias anunciadas por la Consejería de Medio Ambiente para
paliar los efectos del desdoblamiento han sido rechazadas por 169 científicos por resultar ineficaces.

Ecologistas en Acción considera que la única medida eficaz para mejorar la conservación del águila imperial en Madrid debe pasar por el freno a las grandes infraestructuras y a la expansión urbanística en los territorios con presencia de esta especie. Sin embargo, como se viene
demostrando, la Consejería de Medio Ambiente no pretende asumir ninguno de estos criterios.