Antes de empezar, queremos hacer varias consideraciones de fondo:

Basta echar un vistazo a los planos para ver que la superficie total construida propuesta prácticamente triplica la de hace menos de 10 años. Teniendo en cuenta que esta última se gestó a lo largo de varios siglos, está claro que estamos hablando de un salto brutal. Si Aracena fuese una persona, en lugar de una ciudad, no hablaríamos de crecimiento, sino de cáncer galopante.

Pero es que, además de desmesurado, este crecimiento no ha sido equilibrado, ni ha facilitado, a los vecinos de Aracena, el acceso a la vivienda: ¿Han bajado los precios de ésta, al subir la oferta? ¿Ha mejorado la circulación?. ¿Se han creado transportes públicos, al aumentar las distancias?. ¿Hay más parques y más proporción de zonas verdes?

Y esto no ha pasado “porque sí”; es fruto del modelo elegido: Los responsables políticos de nuestro Ayuntamiento han escogido aprovechar el “boom inmobiliario” en España (¡consumimos más de la mitad del cemento de toda la Unión Europea!) para financiar las arcas municipales (Cuando explote la “burbuja“, Dios dirá…). Quienes han propuesto, durante los últimos años, qué y dónde se construía, no han sido los vecinos, sino los promotores. Y, claro, han sido muchos más los que han venido con proyectos de grandes urbanizaciones, con pocas zonas verdes y calles “justitas”, para rentabilizar su inversión, que los que proponían viviendas sociales, parques, avenidas espaciosas y arboladas, transportes públicos, aparcamientos, calles peatonales…

Hace dos años que los responsables del Ayuntamiento decidieron usar en su totalidad las aguas de la Fuente del Castaño para el abastecimiento de Aracena. Esta fuente alimentaba la Rivera de Castañuelo. Como no se ha respetado el caudal mínimo para garantizar la supervivencia de esta Rivera (caudal ecológico), ésta se ha secado. Así, no sólo se ha conculcado la ley, sino que se está poniendo en peligro la existencia misma de dos kilómetros de vegetación de ribera, usos turísticos (hay varios molinos de agua rehabilitados, que se alquilan como alojamientos rurales), usos agrícolas y ganaderos… y se ha creado un problema sanitario a los vecinos de la aldea de Castañuelo, que ven como sus aguas residuales se estancan, al no ser empujadas por el agua de la rivera. Para colmo, esta decisión no fue precedida ni acompañada de ninguna medida de ahorro (manipular las conducciones para bajar la presión hasta límites operativos, bando pidiendo la colaboración ciudadana, prohibición de llenar piscinas privadas, riego de jardines públicos con cisternas…). Simplemente se pensó que la existencia de “unos cuantos árboles” (¿o las quejas de “unos aldeanos”?) no debían a poner en peligro el clima de euforia en la construcción ¿y los ingresos municipales?

Si, como dicen los responsables del Ayuntamiento, la totalidad de esta agua es imprescindible para abastecer a la población actual; si la futura solución, que se baraja, de usar las aguas del Embalse de Aracena no es inminente; ¿de dónde se piensa sacar el agua para el suministro de las nuevas viviendas propuestas?.

En estas condiciones, pedimos una moratoria en la construcción de viviendas no sociales, en tanto no se garantice este suministro, sin causar destrozos ecológicos irreversibles.