Proteger los árboles de las talas no es fácil. Por ello, Ecologistas en Acción ha llevado a cabo una campaña para salvar los olmos de la ciudad de Albacete. Ha conseguido que no cayeran en las garras de los constructores e hicieran leña de ellos. La ciudadanía puede seguir disfrutando de estos hermosos ejemplares.

Fernando José Sánchez Rodríguez. Ecologistas en Acción de Albacete. Revista Ecologista nº 95.

Hace años que el grupo de Ecologistas en Acción de Albacete tiene un apego especial a los olmos autóctonos de nuestra ciudad. Era el 2006 cuando la empresa que realizaba las obras para la instalación de un colector eliminó varios olmos. Esto inició la movilización de nuestro grupo, con denuncias ante el Ayuntamiento y en los medios de comunicación.

Olmos en flor en La Feria, Albacete. Foto Fernando Sánchez.

Coincidió, además, que en esa misma zona de la ciudad comenzaban a urbanizarse unos terrenos donde existían también viejos olmos, que descubrimos iban a ser eliminados, por lo que nos lanzamos a una campaña que concluyó con la salvación de estos árboles.

Pasado el tiempo, y constatado que el Ayuntamiento no ha otorgado a estos árboles una protección especial, ni hace nada porque los ciudadanos conozcan su valor ambiental y cultural, nos decidimos a realizar varias actividades para que la ciudadanía conozca su valor ambiental e histórico, y ayude a preservarlos.

Comenzamos por realizar el estudio de los ejemplares que viven en la ciudad de Albacete: localizarlos, medir los de mayores dimensiones de cada grupo y buscar información histórica de en qué momento y circunstancias se plantaron.

Imagen del Canal de Mª Cristina y el Puente de la Maquinilla en Albacete. Foto editada por Bazar Collado.

En la recopilación de estos datos nos topamos con la sorprendente cifra de 170 olmos de más de 100 años. Con toda esa información realizamos un folleto 1, ya publicado. También realizamos dos paseos en bici abiertos al público para ir recorriendo las principales agrupaciones de estos árboles, realizando varias paradas en las que íbamos explicando sus características, actividad que volveremos a repetir esta primavera.

Movilización ciudadana

En 2006 la empresa Lubasa realizaba las obras para la instalación de un colector para dar salida a las aguas residuales de nuevos barrios. El recorrido proyectado pasaba por debajo de varios olmos, tres de ellos de gran porte y otros diez más jóvenes, que sin embargo no fueron protegidos por el Ayuntamiento, que autorizó la obra, y fueron eliminados por la constructora sin ningún miramiento.

Denunciados estos hechos por Ecologistas en Acción, el Ayuntamiento se dirigió a la empresa para que paralizara las obras, sin embargo en los días siguientes aún derribó varios árboles más. Se abrieron dos expedientes sancionadores que concluyeron con una multa elevada.

Paseo reivindicativo en 2006, Instituto de Educación Secundaria Los Olmos de Albacete. Foto Fernando Sánchez.

Coincidió además que en un solar adyacente se comenzaron a marcar unas obras urbanizadoras que mostraban también la eliminación de varios olmos. Una nueva denuncia pública de Ecologistas en Acción y la movilización ciudadana consiguió que renunciaran a ejecutar estas obras, que se retomaron, finalmente, en 2017, con el mantenimiento de los olmos.

Esa amenaza nos llevó a interesarnos también por el futuro de una veintena de viejos olmos, situados en un nuevo sector a urbanizar. Nuestro asombro fue mayúsculo cuando en el proyecto de la empresa urbanizadora leímos que no tenían valor estético y planificaba edificar viviendas donde estaban esos olmos y construir un nuevo parque donde nada había.

Gracias a la denuncia realizada por Ecologistas en Acción y, de nuevo, la movilización social, se consiguió que el Ayuntamiento obligara a modificar el proyecto. Entonces, cambiaron el trazado de algunas calles, lo que permitió que la mayoría de los olmos quedaran en ellas y, variando la ubicación de algunos edificios, se consiguió que los olmos quedasen en las zonas ajardinadas. Hoy es un bello lugar de paseo.

¿Por qué los olmos?

El olmo ha sido siempre un árbol muy unido a la humanidad. Presiden las plazas, están en las eras, en calles y en los bordes de caminos y carreteras. Su amplia y redondeada copa lo ha convertido, desde hace siglos, en árbol de compañía, de cobijo, lugar para impartir justicia, en definitiva, un gran compañero para el ser humano. Muchas de las poblaciones tenían un viejo olmo en su plaza principal, pero estos han ido desapareciendo por la remodelación de calles, la edificación o la grafiosis.

Sámaras del olmo. Foto Fernándo Sánchez.

El olmo común u olmo campestre (Ulmus minor) es un árbol que puede medir de cinco hasta más de 25 metros de altura. Tiene hojas simples, ovadas, asimétricas en la base y con el margen aserrado. Desde marzo, mucho antes de que aparezcan las hojas, sus peladas ramas se cubren de florecillas desnudas que se agrupan en vistosos glomérulos. Más tarde, las flores se convierten en frutos, llenándose el olmo de sámaras (frutos) verde pálido con las semillas en la zona apical. En mayo comienza la foliación y las semillas empiezan a enrojecer. Los frutos maduran con gran rapidez y emprenden el vuelo movidos por el viento.

Sin embargo, la grafiosis es una gran catástrofe ecológica, ya que ha diezmado los antes numerosos olmos de Europa. Esta enfermedad se describió en 1919, y se fue extendiendo por el comercio de la madera. En España se detecta en 1932.

La enfermedad es transmitida a través de unos insectos –los escolítidos minadores del cambium– que perforan la madera bajo la corteza para que se desarrollen sus larvas. Pero no es el insecto el que produce el grave daño, sino las esporas de un hongo –Ceratocystis ulmi– que el escarabajo lleva desde un árbol enfermo a otro sano.

En la primera fase, con la perforación de las galerías, el árbol no tiene ningún síntoma exterior, pero cuando el hongo actúa produce una trombosis de los vasos, lo que impide que la savia llegue a las ramas. En ese momento ya pueden apreciarse ramas secas en la parte más alta de las copas. En los meses o años siguientes, si el árbol no es capaz de soportar esta agresión, acabará muriendo.

Hay especies de olmos, o ciertos ejemplares, que tienen mayor resistencia frente al hongo, lo que ha permitido la supervivencia de algunos de ellos, como es el caso de los que pueblan Albacete.

En Castilla-La Mancha podemos encontrar tres especies de olmos: el olmo campestre (Ulmus minor) es el que crece en la llanura y a menudo se le puede ver en entornos transformados por el ser humano. Otro es el olmo de montaña (Ulmus glabra), que crece en bosques de media y alta montaña. La tercera especie es el olmo pumila (Ulmus pumila) y es el único no autóctono. El también llamado “olmo de Siberia” es utilizado intensivamente en jardinería y plantaciones lineales debido a su rusticidad y resistencia a la grafiosis.

Árboles autóctonos de Albacete

El trabajo realizado ha consistido en recorrer la ciudad para identificar, ubicar y fichar los Ulmus minor que se sitúan en el casco urbano de la ciudad de Albacete, con especial atención a los que tienen más de cien años. Después, se ha buscado en libros de historia el momento y motivo de su plantación y por último se han buscado fotografías antiguas donde aparecen estos árboles, lo que nos ha permitido realizar un retrato de cuál fue y cuál es la población de olmos autóctonos en nuestra ciudad.

Los ejemplares se han agrupado según el momento y lugar de su plantación, destacando las agrupaciones plantadas en la Estación del ferrocarril, en su llegada a Albacete, en 1855; los del llamado Paseo nuevo del ferrocarril, cinco años después; los del Parque de la Fiesta del Árbol, de 1905, y los del Canal de María Cristina, del Camino del Cementerio y del Paseo de la Feria, sin datación exacta. El olmo de mayor grosor tiene un perímetro de 4,28 metros.

  1. Más información: Los olmos autóctonos de la ciudad de Albacete, Fernando Sánchez, Vicente Benlloch y David Martínez https://www.ecologistasenaccion.org/article34564.html