Recientemente  el Parlamento de Cantabria aprobaba una resolución reivindicando la modernización de unos ferrocarriles que permanecen esencialmente anclados en el siglo XIX. Por primera vez se abandonaba el mantra de la Alta Velocidad, lo cual permitía atisbar un mínimo de sensatez y abrir espacios a la reflexión y el debate. Pero una vez más los intereses partidarios y el horizonte electoral a menos de un año vista nos lleva de nuevo a la casilla de salida de la cual no nos hemos movido en 20 años.

Una posición que delata un completo desconocimiento del sistema ferroviario, de las necesidades más perentorias de nuestras infraestructuras a la vez que una total abstracción de nuestras singularidades como región, de los desastrosos resultados del AVE o de sus tremendas limitaciones e incompatibilidades. Los argumentos en su favor son tan sólidos como una torre de salvados.

Nuestro AVE es un absoluto fiasco según relato del Tribunal de Cuentas o el reciente informe “Geografía del Despilfarro” publicado por 9 universidades españolas incluida la de Cantabria o el más reciente informe del Tribunal de Cuentas europeo hace escasamente 15 días. Todos coinciden: tenemos la mayor red del Mundo (sólo por detrás de China) a la vez que la más infrautilizada, con números que llegan al ridículo en muchos casos. La ingente inversión realizada no se verá amortizada jamás y su explotación y mantenimiento es altamente deficitaria incluso en los mejores corredores.

Las conclusiones son demoledoras: tenemos un sistema extremadamente ineficiente construido en base a decisiones políticas sin el más mínimo rigor de análisis de costes o justificación técnica. El Presidente de ADIF en el año 2014 lo resumía perfectamente “el AVE no tiene ni pies ni cabeza”.

Pero Cantabria prefiere permanecer en el inmovilismo básicamente porque “otros lo tienen, es lo más rápido y lo más caro del escaparate y por tanto lo mejor”. Con esa simplificación desaprovechamos la ocasión de aprender de los errores, pues existen mejores alternativas, más eficientes, que permiten una modernización integral del sistema ferroviario, incluido el transporte de mercancías y de viajeros de cercanías que se verían marginadas con la Alta Velocidad por la incompatibilidad de sistemas. Resulta paradigmático que comarcas como Campoo se unan en torno a un proyecto que las sacrificaría irremisiblemente pues absolutamente ningún núcleo de población de la entidad de Reinosa y Aguilar de Campoo cuentan con paradas comerciales del AVE. Esta comarca quedaría reducida a un páramo ferroviario

Instalados en el inmovilismo, Cantabria perderá la oportunidad de la modernización integral de sus ferrocarriles y por otro lado la Alta Velocidad nunca llegará a Santander, tampoco a Reinosa. Desde el 2003 se han sucedido diversas alternativas por parte de gobiernos de distinto color (el papel todo lo soporta), aunque cada vez más desdibujadas las promesas; lo último ni siquiera fue un proyecto, tan sólo la promesa de redactar otro más