Agroindustria y deforestación

 

La expansión agrícola es el principal impulsor de la deforestación y degradación de los bosques y la consiguiente pérdida de biodiversidad, aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y pérdida de medios de vida de las poblaciones indígenas y campesinas.

La agroindustria —principalmente la soja, la ganadería y la palma aceitera— es la causante de más del 80 % de la deforestación tropical en el mundo.

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La agroindustria de la soja y el despojo de la biodiversidad

Aunque al hablar de deforestación siempre pensamos en la Amazonía brasileña, en la última década ha crecido la preocupación por el cambio de uso de la tierra en zonas como las sabanas y bosques de El Cerrado y el Gran Chaco. Estos espacios se encuentran menos protegidos por la legislación, pese a albergar una gran biodiversidad, ser importantes sumideros de carbono y proporcionar importantes servicios ecosistémicos. Por ejemplo, en El Cerrado y partes del Gran Chaco se localiza uno de los mayores acuíferos de la Tierra, además de ser el hogar de numerosas especies endémicas.

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El Informe del IPCC del 2019 señala que el cambio de uso de la tierra es responsable del 12 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero; dos tercios de las cuales proceden de la deforestación tropical, cuyo principal impulsor es la expansión agroindustrial de la soja.

En 2019 se registró un aumento del 2,8 % en la pérdida de bosques primarios respecto al año anterior. Un tercio de la pérdida total de bosques tropicales correspondió a Brasil, y la tendencia en otras fronteras agrícolas del mundo augura incrementos potenciales de deforestación en los próximos años. Especialmente alarmante es el aumento de superficie en el Chaco paraguayo y el Bosque Atlántico destinado a la soja, buena parte de la cual es transgénica y requiere grandes cantidades de fertilizantes químicos y biocidas, como el glifosato. Esto añade graves impactos en la salud y el bienestar de las comunidades locales y aledañas.  En 2019 más del 70 % de la exportación de la soja paraguaya tuvo un riesgo de deforestación asociado, concentrado en la zona del Bosque Atlántico.

Las estimaciones oficiales sobre la expansión de la soja en Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia son engañosas, ya que indican un impacto mucho menor del real. Esto se debe a que el patrón usado es despejar la vegetación nativa extrayendo, primero, la madera para luego, a través de las quemas, liberar el espacio para pastizales y colocar ganado. Después la tierra es vendida o alquilada a un precio más alto para la producción de soja. En consecuencia, el cultivo de soja provoca indirectamente un cambio en el uso de la tierra al “empujar” la ganadería hacia las zonas fronterizas. Otro efecto indirecto es la subida de los precios de la tierra, que empujan a la población local hacia espacios marginales, lo cual incentiva el desbroce de las tierras circundantes, generando un efecto cascada.

La sábana El Cerrado, de donde procede entre un 50 % y un 70 % de la soja producida en Brasil —solo un 10 % procede del Amazonas—, es un ecosistema mesetero de dos millones de km2 (cuatro veces la superficie del Estado español) en el que se han destruido, entre 2011 y 2015, 500.000 hectáreas. Además, al contrario de lo que sucede en la Amazonía, el avance del agronegocio en la sabana ocurre dentro del marco de la ley, y lo promueven grandes hacendados como Blairo Maggi, exgobernador del Estado de Mato Grosso, junto a multinacionales como Cargill, Bunge y ADMI.

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Foto: Cultivo de soja, el camino a la deforestación de la sabana El Cerrado, Brasil. Fotografía: Victor Moriyama Rainforest Foundation Norway (2020).

En Argentina se deforestaron 112.766 hectáreas en 2018, el 40 % en áreas donde la explotación industrial está prohibida o restringida por la ley, dentro de las cuatro provincias del núcleo sojero (Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa). Estas provincias representan el 80 % de la deforestación de Argentina en los últimos 30 años.

Los incendios forestales o queimadas son prácticas provocadas, especialmente durante el verano de la región sudamericana, para ganar más superficie para el cultivo o los pastizales. El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) contabilizó, a finales de 2020, un total de 222.798 incendios forestales en todo el país, más del 50 % de ellos localizados en la Amazonía.

El monocultivo sojero no solo desplaza a otras especies vegetales y animales, sino también a comunidades campesinas e indígenas y, con ello, sus formas de cultivar y de vivir. La pérdida de biodiversidad tiene su correlato en la pérdida de diversidad cultural. La expansión de la frontera sojera ha supuesto el desplazamiento y violación de derechos del pueblo Qom en el norte argentino, del pueblo Guaraní en Paraguay y de los Guaraní-Kaiowá al sur de Brasil, entre otros pueblos indígenas y campesinos.

El vínculo de la soja con Europa y España

La deforestación de los bosques tropicales es parte de una larga cadena de suministro que empieza en la frontera sudamericana y finaliza en los platos europeos. La UE es el segundo mercado de exportación más importante de soja después de China, sobre todo para la elaboración de piensos para el ganado. Sin embargo, la UE importa más soja de zonas deforestadas que China, puesto que sus importaciones suelen proceder de la Amazonía y El Cerrado.

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Fuente: TRASE

Según un informe del comité holandés de la IUCN y la organización The Sustainable Trade Initiative (IDH), en Italia, Portugal y España apenas hay demanda de soja con cero deforestación. En 2019 España importó 2,4 millones toneladas de soja brasileña, principalmente de la zona de Matto Grosso y Matopiba, ubicadas en El Cerrado. Estas zonas son hot spots asociados al riesgo de deforestación de la cadena de suministros de la soja. Las importaciones de biodiésel de 2018 procedentes de Argentina entraron en su mayor parte a través de tres Estados miembros: los Países Bajos (36 %), España (31 %) y Bélgica (29 %).

En los últimos años ha aumentado la preocupación en torno al consumo europeo de productos básicos agrícolas y su contribución a la deforestación y la crisis climática. Las campañas de las organizaciones sociales han documentado cómo las empresas multinacionales y los mercados internacionales son responsables. Esto, unido a la rápida pérdida de bosque y a las perspectivas de acercarse a los puntos de inflexión, ha creado una preocupación pública y política en torno a la responsabilidad del consumo y las inversiones, tanto europeas como españolas, de ciertas materias primas como la soja. Algunos países europeos han tratado de abordarlo mediante la introducción de compromisos voluntarios, como la Declaración de Ámsterdam y la Estrategia Nacional Francesa contra la Deforestación Importada. España se unió en enero de 2021 a la Declaración de Ámsterdam, pero por otra parte impulsa el Acuerdo Comercial UE-Mercosur.

Por consiguiente, es esencial garantizar que todas las políticas de la UE, incluidas las políticas agrícolas y energéticas, contribuyan a la restauración de los bosques en lugar de su destrucción y respeten los derechos humanos.

Bibliografía

  • Vicente, L.; Acevedo, C.; Vicente, C. (coord.) (2020). “Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur: monocultivos, resistencias y propuestas de los pueblos”, informe de Acción por la Biodiversidad. Enlace
  • Greenpeace (2019). “Hooked on Meat: How Europe’s soya addiction is feeding the climate emergency”, informe de Greenpeace. Enlace
  • Ozinga, S. (2020). “Getting the incentives right. Why partnership agreements should be at the heart of EU efforts to end deforestation”, informe de FERN. Enlace
  • Anahita, Y. et. al (2018). “La crisis evitable. La catástrofe medioambiental de la industria europea de la carne”, informe de Mighty Earth, Rainforest Foundation Norway y Fern.  Enlace

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