Barcelona, ciudad insostenible

Barcelona, ciudad insostenible. Josep Crosas, Ecologistes en Acció de Catalunya.
Artículo publicado en la revista El Ecologista nº 43, primavera 2005

En contra de la visión oficial de una ciudad que apuesta por la sostenibilidad y la ecología, la ‘Guía de la Barcelona insostenible’ de Ecologistes en Acció denuncia el proceso acelerado de destrucción del territorio y deterioro ambiental que conlleva el actual desarrollismo.

Es en el ámbito ampliado de Barcelona, que constituye el Área metropolitana y su zona de influencia, donde los impactos ambientales y territoriales tienen un carácter más grave, con un urbanismo durísimo y constantes agresiones a los espacios agrícolas y naturales por parte de la expansión inmobiliaria, la invasión de polígonos o zonas empresariales y el aumento desorbitado de las infraestructuras viarias. Este crecimiento urbanístico desbocado afecta progresivamente a un gran número de municipios y comarcas. Junto con las zonas logísticas y comerciales, predomina la ocupación de suelo por las viviendas unifamiliares y el uso indiscriminado del vehículo privado que este tipo de crecimiento comporta. La crítica situación causada por la movilidad en el área barcelonesa, cercana al colapso a pesar del gran número de autopistas existentes, se agrava con la amenaza de nuevas infraestructuras.

Si bien es toda la región metropolitana la que sufre las consecuencias de un crecimiento económico desenfrenado, en el centro o la capital la situación tiene características propias y singulares. Barcelona, una ciudad que ha crecido en exceso, agotando su suelo municipal, se reconstruye constantemente remodelando zonas enteras. Se aumenta la edificabilidad, se acomete la reforma integral del Poblenou, el Fòrum, la urbanización del frente marítimo del Besòs, los proyectos de nuevos rascacielos, la rehabilitación intensiva del centro histórico, los nuevos centros comerciales... Se consolida un modelo de ciudad turística, hotelera, a la vez que se impulsa la construcción de un exagerado número de edificios de oficinas.

En esta Barcelona terciaria o de servicios, que fomenta el turismo y las inversiones, se impone una dinámica que acentúa la especulación y provoca un encarecimiento vertiginoso del precio de la vivienda. El elevado coste de la vivienda es una de las causas del éxodo continuado de población de Barcelona hacia otros municipios vecinos, lo que comporta un aumento de los desplazamientos y una mayor invasión de territorio. La movilidad acelerada de personas y mercancías lleva al caos circulatorio y al constante empeoramiento del medio donde viven millones de personas.

Dicha situación se agrava al intentar potenciar el papel de la región de Barcelona (y de buena parte de Catalunya) como nodo logístico donde se prima el transporte y la distribución de mercancías a gran escala (“la principal puerta de entrada de mercancías del sur de Europa”, etc.), con un elevado coste en infraestructuras agresivas con el territorio y la caravana interminable de miles de camiones circulando. Las grandes obras públicas actuales son en gran parte resultado de dicha apuesta por la logística internacional y el énfasis en “las conexiones competitivas” y la movilidad: ampliación del puerto y el aeropuerto, nuevos accesos viarios y ferroviarios, o el mismo tren de alta velocidad.

El impacto que estas grandes infraestructuras están teniendo sobre el entorno es muy importante, con una especial incidencia en el Delta del Llobregat, donde se intensifica la destrucción del territorio agrícola circundante así como de numerosas zonas de interés natural. El desvío de la desembocadura del Llobregat para ampliar la zona de actividades logísticas, con la desaparición del cauce natural y la construcción de un amplio canal artificial –que ya ha provocado una rápida salinización del tramo final del río–, es una de sus consecuencias.

Está, además, la tercera pista y en general la construcción de un macroaeropuerto en el Prat, con graves problemas de contaminación acústica, urbanización del territorio y hormigonado de espacios de gran valor natural. Por su parte, la gigantesca ampliación del puerto, con una ocupación desmesurada de terreno marítimo, culmina la destrucción de kilómetros de litoral barcelonés (con la artificialización de la costa por los puertos deportivos, el Fòrum, el futuro zoo marino o los diversos diques y espigones).

Finalmente, la expansión actual y prevista de las conexiones viarias y ferroviarias con el gran nudo de comunicaciones que se organiza alrededor de Barcelona (con el AVE, las ampliaciones de las autopistas, las nuevas autovías, la amenaza del Túnel de Horta o el Cuarto Cinturón) y los nuevos proyectos de urbanización dejarán lo que queda de ríos, bosques y zonas agrícolas definitivamente desvalidos. La cuestión es que tanto territorio como entorno social son víctimas del actual culto a la competitividad y el desarrollo económico propios de la agresiva globalización neoliberal.

La guía de “Ecologistes en Acció”

Con el afán de denunciar estos hechos Ecologistes en Acció ha editado la Guía de la Barcelona insostenible. Un documento crítico, publicado con cierto carácter de urgencia, donde, aparte de los efectos que sobre el uso de la ciudad y el territorio tienen las grandes líneas de actuación del poder, se tratan temas ambientales específicos como: residuos, suministro y consumo de agua y energía, contaminación, movilidad, gestión del verde urbano o motorización del espacio público.

Se denuncian las políticas energéticas triunfalistas y poco sensibles a amenazas reales como el cambio climático o el calentamiento global. La falta de interés por las energías renovables, mientras se construyen nuevas centrales térmicas (de ciclo combinado, ¡eso sí!); el aumento constante de la oferta por parte de las grandes empresas que controlan el mercado de la energía, en lugar de fomentar el ahorro, la eficiencia y la austeridad. Esta situación, que contrasta con gestos simbólicos como la construcción de la gran pérgola solar del Fòrum, consolida la dependencia de las centrales nucleares, así como la amenaza de nuevas líneas y autopistas eléctricas.

La problemática de los residuos es igualmente crítica, con un preocupante incremento debido al elevado consumismo y a la imposición de los envases y envoltorios de un solo uso. También de la basura de origen industrial. Ante esta tendencia a la producción creciente de residuos los sistemas de recogida son poco efectivos y hacen inviable un buen reciclaje. Por lo que se refiere al tratamiento final, se constatan las dificultades de recuperación y una excesiva preeminencia de la incineración. Y se destaca su gestión por parte de empresas especializadas, representantes de intereses particulares.

Lo mismo sucede con lo que está deviniendo el gran mercado del agua potable, con su progresiva privatización y el control del comercio del agua embotellada por parte de multinacionales. Al despilfarro del agua por la urbanización dispersa y las segundas residencias, piscinas y clubes de golf, se suma la situación degradada de ríos y acuíferos a causa de la contaminación. Sobre todo destaca la falta de calidad de los ríos del área metropolitana, cada vez más alejados de su condición de sistemas naturales: el Besòs, una cloaca durante décadas, se regenera parcialmente, sólo en su último tramo, para convertirlo definitivamente en un río muy artificializado, y el Llobregat, sucesivamente estrangulado por las infraestructuras, es drásticamente alterado en su desembocadura. La situación es similar en afluentes y arroyos.

El tráfico motorizado, principal causa de la contaminación atmosférica y acústica (responsable junto con las instalaciones industriales, térmicas e incineradoras de las peores emisiones) es el enemigo número uno de Barcelona y su área metropolitana, con una concentración de vehículos totalmente insostenible. Más de un millón de coches invaden los días laborables las calles de Barcelona generando, aparte de ruidos y humos, un consumo enorme de combustibles fósiles y una ocupación abusiva del espacio urbano a costa peatones y ciclistas. A la colonización del espacio público por el tráfico y el transporte privado se añade el déficit de espacios verdes. La artificialización total del centro urbano no se ve suficientemente compensada por la presencia de elementos vegetales y áreas verdes.

Entre los objetivos de la Guía estaba, también, inventariar los problemas derivados del aumento de precio de la vivienda así como las consecuencias que la especulación y la lógica del mercado están teniendo sobre la población con menos recursos. Hechos que se suman a la precariedad laboral, el aumento del paro y las desigualdades o la situación específica de la inmigración...

Mientras que en el transcurso del Fòrum, una corriente de solidaridad interesada y deseos ecológicos pretendía encubrir esta realidad, algunos sectores críticos se organizaron para denunciarla. La lucha por la sostenibilidad pasa especialmente por contrarrestar el uso cada vez más frecuente de este concepto en el discurso de los sectores dominantes. Todo, de repente, resultaría sospechosamente sostenible de acuerdo con la propaganda y la publicidad de las grandes empresas y la Administración. Tergiversación del objetivo de sostenibilidad real, con la que se intenta disfrazar un modelo económico, productivo y territorial claramente depredador y muchas de las políticas antiecológicas que se vienen aplicando.




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