Coches eléctricos

Los coches eléctricos son coches que se alimentan completamente mediante energía eléctrica que pueden almacenar según diferentes dispositivos, aunque parece que el empleo de baterías es el que más proyección tiene de todos. El funcionamiento es simple: baterías que se recargan en casa o en lugares específicos de carga y recarga.

La producción de energía eléctrica proviene de distintas fuentes, algunas de las cuales sí que emiten CO2 y sustancias contaminantes. Dependiendo de estas fuentes y de su peso dentro de la producción final de energía, las emisiones asociadas a su consumo serán mayores o menores. Las centrales térmicas o de ciclo combinado –que obtienen la energía mediante la quema de combustibles fósiles– emiten CO2 y sustancias contaminantes. En las energías renovables las emisiones directas son nulas (si bien las distintas instalaciones tienen un gasto energético para crearlas, claro está). Y las centrales nucleares o presas hidráulicas, aunque las emisiones directas también son nulas, llevan aparejados por el contrario otros impactos ambientales considerables, cómo son los residuos nucleares o el deterioro de valles y ríos, respectivamente.

Es decir, que la conducción del coche eléctrico sí que llevaría asociada emisiones de CO2 y sustancias contaminantes, aunque éstas no sean expulsadas por el tubo de escape, como sucede con el coche convencional. La diferencia es que estas emisiones se producen en el lugar de producción de energía. Esta circunstancia puede provocar, asimismo, que los coches eléctricos reduzcan la contaminación del aire en nuestras ciudades, pero que se incrementara en los lugares de producción.

Al final, para reducir el cambio climático no importa el lugar donde se emita el CO2, sino las cantidades totales emitidas. Lo que interesa saber es si las emisiones totales de CO2 de un parque automovilístico basado en el coche eléctrico serían menores que el actual. Pero que esto sea así depende de muchos factores a medio y largo plazo: de la evolución del mercado energético, de cómo se incremente el peso de las renovables, de si se incrementa o no el consumo final de energía eléctrica y de diferentes aspectos relacionados con la introducción y puesta en marcha del coche eléctrico. Algunos de los cuales están todavía sin definir.

Si por ejemplo, nos fijamos en la producción nacional de energía eléctrica durante el 2008 vemos que las centrales térmicas y de ciclo combinado abastecieron casi la mitad –el 48 %- del consumo energético total. Las renovables cubrieron el 14 % del total. Es decir: que el 100 % de la energía eléctrica que consumamos proceda exclusivamente de energías renovables, lo deseable para que las emisiones del coche eléctrico fueran realmente cero, es un escenario todavía muy lejano en el tiempo.

Como conclusión podemos afirmar que a no ser que toda la energía de la red eléctrica proceda totalmente de fuentes renovables, el consumo de esta energía tendrá importantes impactos ambientales, y mientras parte de esta energía proceda de centrales térmicas o de ciclo combinado, también llevará asociada unas fuertes emisiones de CO2. Estas emisiones dependen de muchos factores que deberán ir resolviéndose en el futuro, pero de hacerse mal podría incluso darse el caso de que las emisiones de los vehículos eléctricos fueran incluso mayores que las emisiones medias de los actuales coches convencionales.

Además de las cuestiones relacionadas con el consumo de energía eléctrica, existen otras dudas y problemas asociados a las baterías que necesitan estos coches. Si tenemos en cuenta que las baterías que necesitan son de un tamaño considerable, con una vida útil inferior a la del vehículo, no hay más que imaginarse los impactos ambientales derivados de la fabricación de millones de baterías –y la extracción de los materiales para su funcionamiento– y su posterior desecho.

Razones todas ellas, que invitan a ser cautelosos a la hora de definir el coche eléctrico como la solución a los problemas que genera actualmente el parque automovilístico convencional. Y que desde luego impiden que el coche eléctrico pueda ser considerado, a día de hoy, como ecológico o de emisiones cero.




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