Propuestas para superar el fracaso de la cumbre de Copenhague

Entre los pasados días 7 y 18 de diciembre se ha celebrado en Copenhague la Conferencia de las Partes número 15 (COP 15) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). Esta Convención inició su andadura en 1992, pero ha sido la COP 15, la conocida como Cumbre de Copenhague la reunión que ha generado más expectación. Y ciertamente, había motivos sobrados para generar esta expectación: los datos que tenemos de cómo evoluciona el cambio climático, y la evidencia de que los records de temperaturas y deshielo se superan año tras año, producen escalofríos a todos los que nos preocupa el porvenir de nuestros hijos e hijas, algo que no conmueve en exceso a los dirigentes del mundo.

Nunca antes se había producido un movimiento de base tan amplia ante una reunión de este tipo. Nunca fue tan elevado el consenso entre científicos y organizaciones acerca de la urgencia de retornar a concentraciones de CO2 por debajo de 350 partes por millón, de no elevar la temperatura de la tierra en más de 2º y de la necesidad de que los países industrializados reduzcan sus emisiones un 40% sobre lo que emitían en 1990 y que lo hagan antes de 2020. Así lo reivindicó también Ecologistas en Acción y así se recogió en la moción que sobre cambio climático aprobó el Pleno Municipal del Ayuntamiento de Córdoba el 3 de diciembre.

No haber llegado en Copenhague a un compromiso concreto y vinculante de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero es sencillamente para ponerse a llorar. Y para colmo los anfitriones encarcelan al compañero director ejecutivo de Greenpeace, Juan López de Uralde, junto a tres miembros más de esta organización amiga. Lamentablemente no hay tiempo para lágrima y pañuelo. Tenemos muy pocos años para cambiar el curso de los acontecimientos y no cabe la desesperanza ni el desaliento.

La mala noticia es que no hubo acuerdo reseñable en Copenhague… “la buena noticia” es que podemos y debemos seguir trabajando para alcanzar la reducción de emisiones reivindicada. Europa ha perdido una oportunidad para reafirmar el liderazgo que pretende. Tal como están las cosas, no tiene sentido plantear, como hemos planteado, que reduciremos las emisiones de CO2 un 20% y que llegaremos al 30% si más países se esfuerzan en la tarea. Tal como está el asunto, lo que procede es poner sobre la mesa una reducción unilateral del 40% e incentivar a los demás países a que hagan lo propio.

Europa puede hacer más, y nuestro país muchísimo más… todos y todas podemos hacer mucho más. Países industrializados, emergentes y sociedad civil. Tenemos que hacer absolutamente todo lo que esté en nuestras manos, haya o no haya acuerdo internacional. Y paralelamente tenemos que conseguir que sí haya acuerdo, pero no para actuar a partir de entonces, sino para que sumemos de forma obligatoria a los sectores más reacios a reducir su impacto ecológico.

En 2010 tendremos otra importante reunión, la COP 16, que se celebrará en México. Seguiremos reclamando lo que pertenece a las generaciones venideras: un acuerdo que garantice las condiciones de vida de nuestros hijos e hijas. Trabajaremos para que de México salga un acuerdo concreto, vinculante y ambicioso, pero exigimos que la ausencia de acuerdo no sirva de coartada para no hacer lo que debemos. Y tenemos tajo de sobra: aunque la mayor parte de Europa ha cumplido sus compromisos de Kyoto, en España todo apunta a que sólo podremos hacerlo comprando derechos de emisiones para estar en 2012 donde dijimos que íbamos a estar.

Se nos tiene que meter en la cabeza que tenemos mucho trabajo por hacer en muy poco tiempo, pero que aún estamos a tiempo. Tenemos que parar la deforestación cuanto antes y tenemos que hacer decrecer notablemente las emisiones de gases de efecto invernadero antes de 2020. Con acuerdo o sin él. Y si conseguimos esto, tendremos fuerza para acometer la siguiente etapa: descarbonizar la economía antes de 2050. Y si no conseguimos esos objetivos para 2020… entonces posiblemente ya no habrá prisa por conseguir nada, ya que estará echada la suerte de un mundo que cada vez se parecerá menos al que conocimos.

Con nuestros hábitos de consumo, con nuestro estilo de vida, con nuestras prioridades y nuestro compromiso, todos y todas podemos aportar algo frente a este reto planetario. No dejemos nuestro futuro en manos de nuestros gobernantes. Asumamos nuestra responsabilidad, aunque diferenciada, compartida. Hagamos lo que hay que hacer, con o sin Copenhague.




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